Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

El temor de Echeverría

¡Verdaderamente encabronado se le veía al Secretario de Educación Pública! el oxaqueño Víctor Bravo Ahuja, una de las figuras de la educación más destacadas de la época de Luis Echeverría Álvarez, presidente de México.

Una vez que se enterara del movimiento estudiantil en Nuevo León, y la llegada de reportes a su oficina – y a la de presidencia- acerca del asesinato certero de un diputado local, que era el único que apoyaba a los estudiantes, en su camino de echar para abajo, una reforma a la Universidad de Nuevo León, que buscaba que el gobernador pusiera a modo un rector y el cuerpo directivo.

¡diseñada por el gobernador mismo! el priista Eduardo Ángel Elizondo Lozano, hombre delgado de poco pelo, canoso, pero eso sí, bien peinado, de profundos lentes que denotaban su miopía exagerada.

De inmediato, Víctor Bravo -hijo de maestros normalistas rurales- fue citado por Echeverría a Palacio Nacional, en una reunión que se solicitó no estuviera nadie del cuerpo presidencial, ni siquiera las escoltas.

El verdadero temor de Echeverría, era que se volviera a suscitar un movimiento estudiantil  en la ciudad de México, como muestras de apoyo a los estudiantes neoloneses, de los cuerpos universitarios de la capital de la república.

-¡Dime mi Vic! ¿cómo anda este problema de jóvenes delincuentes, allá por Monterrey?

-¡mal presidente! urgente que nos movilicemos, los estudiantes llevan varios años de incertidumbre, la universidad de Nuevo León está en condiciones de no lograr la cobertura de los egresados de las prepas, y muchos alumnos se están quedando afuera… ¡las prepas no dan cabida! y sus condiciones son deplorables.

-¿cómo llegamos a esto?…

Al escuchar la pregunta, el secretario de educación sudaba copiosamente, y su frente se mostraba una pequeña arruga, en donde se le notaba la tensión de su presión arterial alta…

Echeverría era famoso en su gabinete, de que, si le dabas una respuesta que involucrara un problema de presidencia sin solucionar o que le sorprendiera, la regañina era inmensa: ¡mentadas de madre! ¡manotazos en el escritorio! ¡gritos y uno que otro golpe en la espalda!… trataba a su gabinete ¡como a chiquillos insolentes!

-creo… llegamos… sr presidente, por cuestiones de que no se ha bajado el recurso a la universidad, por parte del gobierno local… y el gobernador les quitó el apoyo… – medio apañado

-¿así que es un problema de entre ellos? …¿eh? …¿es de ellos?… – comenzó a alzar la voz.

-¡sí! eso parece…

-¿y los muertos?

-¡solo va uno sr presidente!

El coronel Manuel Díaz Escobar, militar de rango, altanero y bueno para armar la camorra a golpes -una vez que le fuera incitado al mínimo- era el subdirector de servicios generales del departamento del Distrito Federal, y había recibido la orden por parte del mismo presidente Echeverría, de encontrar un grupo élite de comando -que serían preparados por mandos norteamericanos- para evitar a toda costa, otro movimiento estudiantil, como el del 68.

La orden era clara: buscar a militares que supieran artes marciales, choque cuerpo a cuerpo, asfixia en llaves – estilo lucha – y sometimiento con arma, fuera blanca o de fuego, aguerridos y buenos para obedecer.

Para un perfil como el de Díaz Escobar, era sencillo cumplir la orden, ¡estaba rodeado de ellos!, no solo en su oficina, sino en sus parrandas.

Este grupo de cuarenta militares, fueron llevados a Francia, Japón e Inglaterra, todos ellos ex integrantes de fusileros paracaidistas.

¡La elite de las élites!

Un jovencito de apenas unos 19 años, delgado, vestido con pantalón de mezclilla y una playera con un dibujo del chocolate Milo, unos tenis de los tres hermanos -ya viejos de color azul- un morral tejido de lana del estado de Hidalgo, con grecas blancas y azules -con un peculiar corte de cabello- que lo hacía ver como si trajera un casco de cabellos, esperaba ansioso la llegada del camión, en la terminal del sur – recién inaugurada un año antes-

Era Francisco Pruneda Romero, un estudiante de la UNAM, que se vería con el líder de estudiantes de la U de Nuevo León, que ya andaban tratando de recibir apoyos económicos de los estudiantes de los pumas universitarios, o de los burros blancos del IPN.

Es mayo de 1971.

-¿qué paso wey…?

-¿qué onda joy?

-¡aquí estamos! como quedamos… ¿tienes hambre?… vamos aquí cerca con mi tía, que vende taquitos, ¡están buenos y baratos!

-¡vengo rápido!… pero sí vamos, sirve que te voy contando.

Caminaron hacia las construcciones del metro Tasqueña, caminaron con dirección a cuatro caminos, mientras platicaban de los asuntos estudiantiles.

Un joven moreno, con todo el aspecto de sardo, les seguía de cerca… en ocasiones vieron como que les tomaba una foto con una caja… pero no sospecharon.

Zócalo de la ciudad de México, Palacio Federal, 9 de junio de 1971, 4:24 hrs.

Dentro de la sala de mandos, una apretada oficina de unos cinco por cinco metros, con piso negro relucientes, cuatro sillas sencillas de madera y una mesa grande al centro, que mostraba los mapas de diferentes construcciones cercanas al metro, a las bombas de agua y a infraestructura potable del Distrito Federal, se dejaba ver la presencia del procurador.

Julio Sánchez Vargas -águila 1-, era acompañado por el ahora general Manuel Díaz Escobar -R5-, el jefe de movimientos tácticos de este nuevo grupo altamente preparado Víctor Manuel Flores Reyes -galleta5- y Mario Moya Plascencia.

El motivo de la reunión era establecer la estrategia de ataque al grupo de estudiantes, debido a que ya se conglomeraban por unos cuantos cientos, y evitar a toda costa, que se replegaran a la ciudad universitaria, porque ahí podrían tomar fuerza.

Jóvenes estudiantes de la UNAM y del IPN, que apoyaban a los estudiantes de la U de Nuevo León, que luchaban por sacar al gobernador de la silla, debido a que había metido las manos en la elección de rector, y había quitado el apoyo a los estudiantes, haciéndoles pagar cuotas, de acuerdo con su situación económica.

Para la mañana del 10 de junio de 1971, había unos 400 efectivos fuertemente armados en la calle de los maestros, granaderos del DDF y tanquetas…que hacían que el grupo de la manifestación de estudiantes que se dirigían al zócalo, se tuviera que ir obligadamente por Ocampo, que al caminar, se dieron cuenta que en San Cosme estaba cerrada la calle de igual manera. De tal forma que quedaron en una emboscada.

-¡Aquí radio 1 de ojo de halcón 3! – voz de mando del mando francotirador hacia central de inteligencia militar ubicada en Tacuba, más de 60 francotiradores armados con M1, calibre .30, con mira telescópica infrarroja, de manufactura gringa.

-¡adelante radio 1!

-¡tengo a los felinos y a los burros en la mira de más de 57 posiciones de cada uno de los ojos de halcón!, reportando listos a ignición – disparar-

-¡disparen!-

Dentro del contingente de jóvenes universitarios, el primero en caer fue Edmundo, uno de los líderes que iban hasta adelante… a la misma vez, ¡cincuenta y seis estudiantes cayeron muertos con disparo en la cabeza…!

¡el caos se presentó!… ¡confusión y choque con los propios compañeros… ¡zumbaban los oídos de todos!… ¡sirenas de ataque como si los fueran a bombardear…!… rayas de fuego pasaban por sus cabezas y se detenían en el cuerpo de sus amigos.

Dentro de las recargas de los fusileros, más de 40 ágiles militares vestidos de negro, bajaron de los camiones con una precisión milimétrica, se fueron encima de los estudiantes que, en su desesperación, trataban de brincar los muros de la normal… ¡lo mismo les pegaban y acuchillaban a mujeres que a varones! ¡como en una danza macabra! al tomar del cuello a los jóvenes les perforaban los pulmones con un afilado puñal… dándose la vuelta, sacaban sus revólveres y apuntaba a todo quien vieran jovencito y con ojos de espanto…

¡no había piedad!

… el corredero de jóvenes se dirigía a tratar de cubrirse entre ellos mismos, debido a que estaban dentro de cuatro flancos diferentes….

-¡Aquí mando a ojos de halcón!…

-¡adelante!

-¡situación!

-¡los estudiantes nos atacan! están armados… – ¡cruel mentira!

-¡continúen… informen al diseminar a la multitud…

¡Los chicos corrían al ver que una de las bardas de la normal había caído…! así que levantaron a sus compañeros muertos y corrían, una de las manos, otro de las piernas y los más, ¡uno por cada extremidad!

¡pesaban mucho!… ¡las mujeres de la impresión vomitaban constantemente!

Aún así salieron y lograron llevar más de ciento veinte cadáveres de sus amigos, ¡a las casas de los propios compañeros!, al grito de:

¡no los dejen porque no los encontraremos!… todos se movilizaban lo más rápido que sus fuerzas les permitían…

Miles de jóvenes corrieron por todas las calles, alejándose del infierno… ríos de hilos de color rojo se miraban por todas las calles.

¡los templos estaban abiertos!… había servicios, muchos de ellos entraron a las parroquias llorando y desesperados… ¡los curas se quedaron boquiabiertos al ver la masacre!… era jueves de Corpus.

Cuando llegaron las ambulancias, los ojos de impresión de los jóvenes paramédicos, daban cuenta de la tragedia.

¡crisis nerviosas! ¡perforados! ¡desmayos! ¡heridos de balas!… los militares de inmediato se dispersaron, subieron a los camiones a los 36 halcones de élite y se fueron… ¡faltaban cuatro!

Dentro de los estudiantes que lograron capturar a cuatro halcones –se enteraron de que así se llamaba el grupo enviado por Echeverría- dos fueron destazados a golpes y los otros dos, les fueron grabadas sus declaraciones, ¡sin saber hoy día su paradero!…

10 de junio de 1971, 9:45 de la noche, Palacio Nacional.

-… ¡Vayan a todos los hospitales, morgues y cualquier sanatorio de la ciudad y tráiganse a todos los fallecidos! ¡como van!… ¡no quiero ningún cuerpo velándose hoy en esta madrugada…!

-… ¡señor presidente… sale en 5…4…3…2…

-… Mexicanos… ante los hechos ocurridos hoy, en contra de estudiantes que se manifestaban libremente… sabedores de la protección a la libertad de expresión… deseo decirles a los deudos: …una investigación a fondo y que se castigaría a los responsables… ¡con todo el peso de la ley!

… en un pequeño lote del panteón de la colonia Huichapan, en la más humilde de las partes, se encuentran Andrés y francisco López, dos hermanos que ocurre ese día, era su primer día de trabajo en la zapatería de su tía… cruzaron la marcha de estudiantes…

¿Qué me cuentas a mí que se tu historia?

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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