Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA 

El destapado de Ruiz Cortines

Adolfo Ruiz Cortines, hombre de Veracruz y afamado mal hablado, aparte de ser un orgulloso fumador de cigarros -y una que otra vez de algunos puros del jarochito- se encontraba en franca comilona con su secretario de gobierno Ángel Carbajal Bernal, quien soñaba con ser presidenciable y con el regente del Distrito Federal el periodicable Ernesto Uruchurtu Peralta, acerca de ir departiendo quien sería el próximo candidato.

Ya de antemano el pleito con los ferrocarrileros le había dejado mal sabor de boca a Ruiz Cortines, en el periodo de Miguel Alemán – comentaba el presidente- se dieron cuenta estos trabajadores de que su fortaleza era la unión, y que el país requería de su mano de obra, así que trataron a toda costa terminar con el sindicato “charro” – que es como se denominaba a los líderes colocados por los presidentes de la república en los sindicatos-

-Dime Uruchurtu, qué te traes con eso de andar preguntado por todos lados ¿quién será el destapado?… si tienes tantas dudas, ¡pregúntame a mí…! – le reviró el presidente Ruiz Cortines.

Uruchurtu escupió el trago, seguramente de ron con agua gasificada y hielos.

-¡No Sr. presidente! en nada andamos cuestionando eso… – todavía tosiendo.

-¡No te hagas el pendejo! Si bien que sé que andan en la pura comilona, y solo les puedo decir, que quien es mi verdadero tapado, es alguien trabajador y altamente social…

¡Con eso les dijo todo!… aunque tardaron varios meses en comprender.

A Ruiz Cortines solo le preocupaba una cosa de López Mateos: ¡el rumor de que fuera protestante!

… investigó por todos lados – aunque francamente para José Agustín Olachea Avilés el encargado de esta investigación y presidente del PRI- no le quedó de otra que ir a casa del propio secretario del trabajo y preguntarle a su esposa, Evita.

-Buenas tardes señora Evita, ¿cómo está Usted?

-¡Bien Licenciado, ¿qué le trae por esta su humilde casa?…

Lo pasó y le ofreció un té, el Lic. Olachea se sentía apenado, por la incomodidad de semejante pregunta.

-Una duda, señora… disculpe usted… – sudando y limpiándose con su pañuelo la nuca-  mire Doña Evita – aún tintineando la cuchara pequeña en lujosa taza de filos de oro- … el presidente tiene una pequeña duda acerca de si su Sr. esposo asiste con frecuencia a los servicios de su iglesia.

-¿Adolfo?… ¡qué va!, a duras penas y me deja ir a mí, si por él fuera, ¡me sacaba!

Respiró

Los minutos se fueron rápido y el Lic. Olachea se paró de su cómodo sillón de acabados y tallados en fina madera de cedro, con cubiertas de plástico transparente, en donde ya había sudado bastante.

-Es todo, Doña Evita… ¡me retiro!

– ¡Ah que Lic Agustín!, cuando el presidente quiera saber algo de mi marido, ¡que venga él y me lo pregunte!… ¡para que lo manda a Usted! que a leguas se le ve lo lamebotas que es con el Lic Ruiz Cortines…

Olachea echó para atrás su rostro de admiración y solo refunfuño… asintió con la cabeza y se despidió.

Así se la refinó la próxima primera dama.

El secretario del Trabajo y previsión social de Ruiz Cortines, al abogado Adolfo López Mateos, hombre nacido en el estado de México, era una carta sólida y bien escondida del presidente, en mucho, nadie sospechaba de su lealtad y de la herencia de contar con el país, en una de las etapas de mayor disciplina y atención de lo que después sería la maquinaria oficialista.

El PRI daba obediencia natural y disciplinada, así como los sectores productivos y campesino – incluyendo a los ferrocarrileros y petroleros- de que se alinearían en una sola propuesta, es más, los partidos socialistas y comunistas vieron con agrado cuando se destapó a Adolfo López Mateos, como el siguiente candidato.

Ruiz Cortines en su último informe avisa que habría represión si volvían a levantarse en huelgas y movimientos los sectores populares, por un lado, el magisterio ya había hecho de las suyas en manifestaciones, por haber permitido el presidente el aumento a las tarifas de transporte público.

La paciencia de Ruiz Cortines estaba llegando a su límite, y era acusado de reprimir cualquier manifestación pública, aunque esta solo estuviera en simple diálogo con los agremiados al turno, así que metió a la cárcel a los líderes del magisterio, como lección de sostener lo dicho.

Un joven de 36 años que había contendido para gobernador de Chihuahua en 1956 y que no pertenecía al partido, en algo así como una candidatura independiente – aunque el PAN se lo adjudica como candidato suyo, realmente no fue- y que había perdido las elecciones.

Este joven había trabajado en comunidades y tenía claro un proyecto de estado, traía una caravana desde el propio Chihuahua hacia la capital de la república, para entregar al fiscal general, una serie de pruebas del fraude del que fue objeto, ante perder por el candidato del PRI Don Teófilo Borunda.

¡No procedió!

Así, dos años después, en 1958 este joven ya de 39 años, estudiante trunco de la carrera de medicina en el “gavacho” se convertiría en el candidato opositor del propio Adolfo López Mateos.

Nada más y nada menos que Luis Héctor Álvarez Álvarez, e iría – ahora sí- por el PAN.

Comenzaron las contiendas electorales, acusando el PRI en todo momento que la participación de Luis H. Álvarez era indebida debido a que ser contendiente del candidato oficial, era ilegal.

López Mateos el 7 de diciembre de 1957 en Chetumal Quintana Roo comenzó su campaña, que lo llevaría a recorrer más de 37 mil kilómetros de ruta, para lograr ganar la contienda, con el lema:

“Por un México Mejor!

Por otro lado, sin la más cierta ventaja de ser escuchado o vitoreado, el candidato del PAN, Luis H. Álvarez, era perseguido y escuchado, aplaudido y después capturado, o como dijo alguna vez por ahí:

¡De vez en cuando me ponchaban una llanta!, me quemaban el carro o de planto me sacaban de cualquier lugar donde durmiera… ¡normal!… decía Don Luis H. Álvarez en alguna reunión de amigos.

El grado de quitar de por medio cualquier competencia, hace que, en Jalpa Zacatecas, sea aprendido y metido a la cárcel el joven candidato opositor.

Así, el 6 de julio de 1958, con la participación por primera vez de la mujer en votaciones presidenciales, se realizan los sufragios, siendo Adolfo López Mateos quien públicamente vota por Isidro Favela, Dr honoris causa de la UNAM y gran diplomático.

Con 6,767,754 el candidato Adolfo López Mateos gana las elecciones presidenciales, con el 90.43% de votos, quedando en segundo lugar Luis H. Álvarez, con el 0.12%.

A partir de estos comicios el PAN decidió no volver a competir en elecciones, porque argumentaba: desenfrenada y pública actividad imposicionista.

En el Palacio de las Bellas Artes – otra vez y otro Adolfo- toma posesión del cargo el presidente número cincuenta y tres, quien le tocaría una década, considerada por muchos analistas como de las más estables y de desarrollo nacional, debido tal vez a factores internacionales, el dejar a un lado las relaciones con los estados unidos, sin aceptar intervencionismos, y dejar que los gringos se pelearan en su guerra fría, con la desaparecida URSS.

Ante los embates de que, en la Gran Comisión del Senado, el presidente senador Manuel Moreno Sánchez, acusaba de que México era ya socialista, el excelente orador presidente López Mateos le reviró:

“…la línea de política a la derecha o a la izquierda debe ser tomada desde el punto de vista de cuál es el centro. En realidad, ustedes conocen cuál es el origen de nuestra Constitución, que emanó de una Revolución típicamente popular y revolucionaria, que aspiraba a otorgar a los mexicanos garantías para tener mejores niveles de vida en todos los órdenes…

Aquí nace lo que se conocería como políticas de centro.

¿Y que decía Adolfo Ruiz Cortines?

-… ese Adolfo, ¡bueno para las viejas y los carros!, le encantan, pero de quien más se debería de preocupar, es de Alemán y de Cárdenas, ¡ah que diablos de latosos me resultaron estos dos!… y que del centro o de la derecha, ¡vaya usted a saber…! Adolfo es íntegro a la constitución y si le quieren poner nombre, se llama de centro izquierda…

¡así Don Ruiz Cortines!

¿Qué me cuentas a mí que se tu historia?

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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