Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

México en 1853

La situación se pone cada vez más complicada, es México 1853, en el Istmo de Tehuantepec, los indios huaves, zapotecos y zoques son desplazados de sus comunidades, ejércitos de norteamericanos custodian un proyecto que tal vez, dejaría a México en condiciones deplorables:

La construcción de un canal en esta quebradura del país, en donde se lograba trasladar en embarcaciones, desde el océano pacífico, hacia el atlántico, una verdadera proeza de la ingeniería.

Es pues para México, el activo geográfico de mayor importancia para la economía mundial, considerando que existen grandes intereses para los apetitosos “gringos” que buscan a toda costa, bajar la frontera hasta ese lugar.

¡Así de arriesgado el plan!

En ese año, tuvimos a Mariano Arista como presidente de México hasta el 5 de enero de 1853; Juan Bautista Cevallos del 5 de enero al 8 de febrero; Manuel María Lombardini, del 8 de febrero al 20 de abril y el héroe de todas las batallas, el hijo pródigo de México, el generalísimo Antonio López De Santa Ana… quien firmó el tratado de la Mesilla, junto a Franklin Pierce, presidente de Estados Unidos.

Este tratado de la Mesilla, no solo ocupaba el caso de la zona geográfica, sino que en su artículo 8º, le permitía a los norteamericanos la vía libre por el Istmo, colocar bases militares en el lugar y dejar permiso para el libre tránsito de los norteamericanos por esta vía, y así se quedó estipulado.

Cedió, nuestro cachorro de la liberación – Santana- 76.845 km² de lo que hoy es Arizona y Nuevo México, la principal idea de esta venta, fue la construcción de un ferrocarril que permitiera una comunicación desde el norte…

… ¡hasta el mismísimo Istmo de Tehuantepec!

¡no se logró! debido a la zona montañosa y la alta inversión en la que se tendría que desembolsar y otros aspectos geográficos y económicos, así como ya un diezmado ejército gringo.

Pero nuestros amigos del norte -aunque ya era territorio mexicano todo aquello que quedara al sur del Río Bravo- compraron tierras y bienes a nombres de particulares y empresas norteamericanas, sospechosamente, junto al Istmo, que representaría tener un poder por sobre este “lindo” lugar mexicano.

¡pocos sabían de la existencia de grandes yacimientos de petróleo!… pocos de verdad… pero no así nuestro General Lázaro Cárdenas del Río.

Nuestro “tata” Cárdenas, quien ya había sido gobernador de Michoacán, de 1928 a 1930, es postulado por el PNR, para las votaciones presidenciales, y toma protesta el 30 de noviembre de 1934, como presidente de México.

Con una situación caótica, en lo que se refiere a las huelgas, los obreros, campesinos e infinidad de movimientos laboristas por todo el país, incluyendo a los trabajadores petroleros mismos.

Aún recordaba el buen General Lázaro Cárdenas aquellas instrucciones de su entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, en 1925, ante el conflicto de la nueva ley del Petróleo en México, promulgada el 26 de diciembre, primera en su tipo en el país, y que bajo las amenazas de los norteamericanos de haber pagado a políticos para que no votaran por ella, le dijo:

“… mira cabrón, si los pinches gringos se ponen violentos y nos invaden de nuevo, tienes la orden de hacer prender y destruir todos sus pinches pozos petroleros…”

El propio Lázaro Cárdenas en entrevistas posteriores a su mandato, siempre consideró que esta etapa de la historia de México nos hubiera costado convertirnos en parte de la bandera “gringa”, siendo que no fue así, y se calmaron los ánimos.

La mencionada ley prohibía a las sociedades de extranjeros la adquisición de bienes raíces, limitaba la magnitud de las concesiones y declaraba de utilidad pública la industria del petróleo, según la misma ley, en resumidas cuentas.

A los norteamericanos no les gustó nadita esta ley, y de inmediato comenzaron con problemas, explotando en jornadas brutales a los trabajadores de sus refinerías, el resultado.

En la mente de Cárdenas, estas cuestiones del Istmo de Tehuantepec y la claridad de otra invasión norteamericana por la ley petrolera, serían factores que tomar en cuenta,

Así, después de una larga campaña presidencial, llega a Palacio Nacional.

Los presidentes de la República que desde 1917 ostentaron el cargo, dedicaron una parte de su tiempo en expropiar propiedades de norteamericanos -soportados por la Constitución de 1917- cercanas a la frontera, principalmente, pero también, cercanas al Istmo, ya que se estaba desencadenando una oleada de compradores extranjeros.

Para Cárdenas, una vez que conocía el tema, debía ser cuidadoso en las decisiones que tomaría, por un lado, procurar aglutinar al total de los trabajadores de todas las especialidades de México, sin que sus patrones extranjeros, lograran ver lo que se estaba planeando.

Por otro lado, debía hacer que las transnacionales obedecieran al estado, como único garante de operación, y todas a aquellas que resultaran, con relación a las labores productivas del país, incluyendo las comunicaciones.

Los patrones de las empresas no sospechaban de las intenciones de Cárdenas, mientras el presidente reunía a los trabajadores petroleros, en su Sindicato, en 1936 estructuraba la confederación de trabajadores de México CTM, que incluiría a los grandes sindicatos industriales, de ferrocarriles, minería, energía eléctrica, petróleo, imprentas, ingenios, talleres, artesanos, maestros y trabajadores independientes.

La mayoría de los trabajadores de empresas extranjeras.

Cárdenas también decide eliminar el tratado de la Mesilla, y en especial el 8º. Capítulo referente a la presencia de los norteamericanos en el Istmo, y las posibilidades de tener propiedades y bases militares.

Así, en 1937, el 13 de abril se firmó en Washington, entre nuestro Embajador y el C. Secretario de Estado de los Estados Unidos, un convenio que deroga el artículo 8º del Tratado de Límites -Mesilla- suscrito por México en 1853.

El artículo suprimido concedía al gobierno norteamericano el libre tránsito de personas y cosas por el Istmo de Tehuantepec, y prevenía un arreglo para el paso de tropas y municiones de los Estados Unidos”.

Este fue el primer paso del golpe maestro de Cárdenas a las economías petroleras y los planes expansionistas de los “gringos”.

La huelga petrolera de 1936 – algunos autores hablan de ser azuzada por el propio Cárdenas- la abolición del 8º. Artículo del Tratado de la Mesilla, la expropiación de bienes raíces y expulsión de algunos norteamericanos del país -empresarios la mayoría de ellos-, la creación de la CTM y tener el control de los trabajadores por todo el país, le permite a Cárdenas el movimiento final.

El 1º de enero de 1938, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje de México daba a favor de los trabajadores petroleros, y los patrones extranjeros se inconformaron con la resolución, así que apelaron y se fueron a la Suprema Corte de la Nación, a lo que Cárdenas acusó a los patrones de desobedecer la autoridad nacional:

“Reintegrar al dominio completo de la nación todos los yacimientos concesionados que mantienen como simples reservas, retrasando el progreso del país…” decía Cárdenas a sus más allegados.

El 10 de marzo de 1938 Cárdenas, ante la sospecha de los empresarios extranjeros petroleros acerca de que les iban a ser expropiados sus bienes y pozos les dice: “Hasta este momento no existen condiciones algunas para llevar a cabo una expropiación…” Fueron duros días para la política exterior de México, el presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt amagaba con una intervención militar, lo mismo el primer ministro de Gran Bretaña, Arthur Neville Chamberlain.

El 18 de marzo de 1938 a las 10 de la noche por radio, en un mensaje a toda la nación, informó:

“En el acuerdo colectivo celebrado hoy a las 20 horas comuniqué al gabinete que se aplicará la ley de expropiación a los bienes de las compañías petroleras por su actitud rebelde, habiendo sido aprobada la decisión del Ejecutivo Federal.”

En San Luis Potosí un caudillo – de los últimos aún existentes- se oponía a la expropiación petrolera, Saturnino Cedillo.

Cárdenas lo tenía bien vigilado y sabía de su intención de aprovechar esta revuelta internacional, para colocarse apoyado por los norteamericanos y lograr dar un duro golpe al General Presidente.

Para estas fechas de la expropiación petrolera, Calles ya había sido expulsado de México, junto con el famoso Luis Napoleón Morones, Luis León y Melchor Ortega, quienes ya llevaban 2 años fuera del país, desde el 10 de abril de 1936.

Cárdenas logró lo que nadie había podido hacer, ni los gringos, ni la Iglesia Católica en México, ni los Papas:

¡Expulsar a Plutarco Elías Calles! acusado de contrabando de armas en Nogales Sonora, en 1915, delito que asentía como sentencia: fusilamiento o destierro.

¡Se optó por la última!

¿Qué me cuentas a mí que se tu historia?

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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