Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Campañas políticas

Amable Lector ¿le parece que continuemos con las campañas políticas en México?

Siendo el primer secretario de educación en México, José Vasconcelos Calderón, quien también fuera rector de la Universidad Nacional de México (aún sin su autonomía, eso sería hasta 1929) se le ocurrió una idea -dentro de varias geniales- que transformaría la manera de ver la vida deportiva de nuestro país:

¡Construir el Estadio Nacional de México!, allá por 1923, siendo presidente Obregón.

En un predio que se había donado a la misma secretaria por parte del gobierno, en la colonia Roma, en la Cd de México.

El verdadero objetivo, dicen los especialistas, era el de considerar tener un coloso deportivo, que permitiera al gobierno competir por algunas justas internacionales, y veríamos ese sueño alcanzado, con la emisión de los primeros Juegos Centroamericanos en este recinto.

Por cierto, ninguna justa se le otorgó a México, por ello, idearon los Juegos Centroamericanos con este “pretexto”.

La idea era que se compitiera entre los países de Guatemala, Cuba y México, en varios deportes, atletismo, beisbol, básquet bol…etc.

Y así fue.

Un estadio hermoso con algunos tintes del Art Nouveau, y en una “u” que recordaba a los majestuosos estadios griegos, con una fachada pintada por el mismo Diego Rivera, y unas escaleras externas, que emulaban un sentido de fuerza y voluntad patriótica, estadio diseñado por el arquitecto José Villagrán García, quien también haría el Hospital Nacional de Tuberculosis en Huipulco en 1929 y el Hospital Nacional de Cardiología en 1939.

Ese lugar se aprovechó por parte de los presidentes para llevar a cabo su toma de protesta como mandatarios de México, al puro estilo de convocatoria de masas, aglutinando a 60 mil espectadores, aunque luego fue reducido el recinto y quedó de 30 mil en butacas.

Pascual Ortiz Rubio fue ganador de las votaciones para presidente en 1930 y toma posesión en el Estadio Nacional de México, en donde hace su juramento ante la constitución, porras y vítores por la CROM.

Como era la costumbre y siguiendo el protocolo, una vez siendo presidente se dirigiría a su despacho en Palacio Nacional, cuando el joven potosino Daniel Flores González, radical vasconcelista, disparó al rostro del presidente, cuando este se decide, si irse en su carro o con su esposa Josefina.

La idea en principio era que se fuera en un auto convertible, para saludar a las personas, pero decidió irse en un Lincoln protegido, lo cual sería causa de salvarle la vida.

El propio Emilio Portes Gil formaba parte del nuevo gabinete del recién presidente Ortiz Rubio.

El disparo destrozó parte del mentón del recién presidente, haciéndole una fractura conminuta -varios pedazos-, corte en gran parte de la lengua con un edema importante, y caída de varias piezas dentales, e hizo que el presidente estuviera convaleciente por más de dos meses.

Debido a esta fractura y al no existir en México especialistas en trauma facial o de cirugía estética, el presidente salivaba demasiado una vez recuperado, por lo que los políticos le apodaban “nopalito”.

Daniel Flores Gonzáles fue sentenciado a 19 años, 9 meses y 18 días, de prisión por el atentado, el 11 de mayo de 1931, siendo uno de los casos más sonados en los menesteres del Juicio de Amparo en México, debido a que se alegaba que el intento de asesinato fue “porque en ese momento él sintió una gran indignación por ver al presidente y desenfundó su arma y le disparó…”

“… no hubo planeación o algún otro motivo” alegaba el amparo, promovido por el acusado, en vía de su defensor el Lic. Benjamín Pesado, en el Juicio de Amparo 2530/31 secc. 1ª.

Obviamente la Unión no ampara y no protege a Daniel Flores González, ratificando la sentencia del 11 de mayo de 1931, después sería encontrado muerto en su celda, argumenta el forense de entonces, por fiebre carbonosa.

¿Qué cosas no?

Para no hacerle el cuento largo, Pascual Ortiz Rubio se cansó de traer detrás de él a Plutarco Elías Calles y le renunció, en septiembre de 1932, no sin antes haberse reunido con el presidente de los Estados Unidos Hoover y el industrial magnate Henry Ford.

Nopalito ya estaba cansado de que Calles le hubiera tumbado a Basilio Vadillo, hombre de todas las confianzas de Ortiz Rubio, quien tenía la encomienda de adueñarse del PNR, para empezar a disminuir la fuerza de Calles, ante la presencia de los “rojos”, aquellos leales a Plutarco.

Calles se entera de la intención y comienza una guerra mediática – en la prensa- tratando de hacer quedar mal al Ing. Pascual Ortiz Rubio, burlándose de su malestar facial y pagando a caricaturistas para que fueran hirientes en sus propuestas visuales periodísticas.

Vadillo es sustituido por Portes Gil y Calles retoma el poder del PNR.

Una vez que Portes Gil se siente con el poder suficiente para mandar la política del partido en el país, decide hacer fraude y maquillar los resultados electorales en algunos estados, tratando de “tumbar” a Calles en un intento de algo así como un golpe de estado partidista.

Calles se entera y lo saca de la presidencia del partido, coloca al originario de Jiquilpan Michoacán, el General Lázaro Cárdenas del Río.

Cuando Calles le acepta la renuncia al Ing. Pascual Ortiz Rubio como presidente de México – ¿extraño no cree? – coloca al General Abelardo Rodríguez Luján, quien entraría como presidente interino de 1932 a 1934.

Ya el General para ese entonces, había sido gobernador de Baja California, y era un prestigiado político.

Siendo presidente, instauro reformas al código federal penal, instruyó las normas para el territorio de las cortes, procedimientos en leyes penales, colocando a los ministerios públicos como parte fundamental del proceso, cuidó en mucho el proceso de naturalización de extranjeros y estableció los procesos de comercio exterior de empresas transnacionales, incluyendo las petroleras.

Para este entonces, el PNR gozaba de un predominio aplastante, irremplazable y extraordinariamente poderoso, en el sentido político y social, bajo el dominio del propio Calles.

En estas circunstancias, se convoca a elecciones por parte del presidente, el General Abelardo Rodríguez, en 1934.

Los candidatos del PNR: el general Lázaro Cárdenas y el general Manuel Pérez Treviño, y una vez que Calles observa la fuerza y empatía de sus leales subordinados, deja a Cárdenas como el candidato y Pérez Treviño, como su coordinador de campaña.

Así pues, el general Lázaro Cárdenas hizo lo que Calles no esperaba, si Pascual Ortiz Rubio había visitado 200 poblaciones, Cárdenas actuó campaña en más de 500, siendo los pueblos indígenas, un menester importante, y sacudió a toda su comitiva, porque no había descanso alguno.

De sol a sol, mostraba el plan sexenal que le había construido el propio PNR en 1933.

Se detenía a pedir las necesidades de la población, observó la pobreza que se vivía por todo el país post guerra, se salía de los protocolos de ir solo al lugar “bonito” de la población, que de antemano sabía, se había arreglado exclusivamente para la visita.

Competía Cárdenas contra el general Antonio Villareal, escobarista arraigado postulado por la Confederación Nacional de Partidos Independientes, el Partido Socialista de las Izquierdas al general Alberto Tejeda – muy amigo de Cárdenas- y por el Partido Comunista Mexicano al líder ferrocarrilero Hernán Laborde – que, aunque había sido difuminado este partido, postuló a su candidato-

Caso especial debería hacerle la historia al líder ferrocarrilero, Laborde, debido a su productividad como escritor, con más de 20 libros marxistas, acerca de la crítica al sistema de Calles.

Con su lema: México para los mexicanos -algo así referente a la doctrina Monroe, pero aplicada al país y dejando ver una marcada tendencia hacia el nacionalismo- le acompañaban frases como:

“Hijo del pueblo” “Revolucionario Sincero” “Defensor del proletariado” “Probo ciudadano”

Por primera vez las revistas urbanas aceptan la campaña política en sus páginas -algo que no se venía haciendo- y en cada de los cientos de poblaciones que visitó se dejaron carteles y propaganda política – pagada con los descuentos de Calles a las clases burócratas- el general Cárdenas se perfila hacia las votaciones.

Con 2 225 000 votos y logrando el 98% del total del padrón de votantes, gana la presidencia.

El General Abelardo Rodríguez le entrega a Cárdenas el país con una variable considerada: en 1931 había 48 540 talleres y fábricas, 148 industrias grandes, se generaron 249 mil nuevos empleos, de los cuales hubo 50 mil más en el petróleo y 100 mil más en minería.

El caos mundial apanicó a toda la industria, y México pierde en 1934, más de 300 mil empleos, las importaciones de cobre reventaron a gran parte del sistema de minerías, y se decretó territorios libres para el gobierno de México, cualquier terreno que tuviera posibilidad de extraer los principales 24 minerales.

La banda petrolera era la única salida para recuperar al país de una tragedia internacional, debiendo planear, el qué hacer con las petroleras que extraían el “oro negro” de nuestras reservas.

México así vivía.

El 30 de noviembre de 1934, el General Lázaro Cárdenas del Río, toma posesión como presidente de México, en el Estadio Nacional de México – sería el último que lo haría en esa sede- siendo tal vez, el más carismático de los presidentes del país…

¡Las horas contadas para Calles!

¡Que me cuentas a mí que se tu historia!

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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