Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Conociendo más de nuestra Fe

Como ya hemos platicado anteriormente estimado amigo Lector, se ha soportado, en este espacio, que académicamente el ateísmo ha sido causa de modas, movimientos literarios y marketing, tan solo como un colectivo moderno.

Ahora nos queda comenzar a conocer más nuestra Fe, para que en medida que aceptemos la invitación a profundizar los temas de nuestra tradición y magisterio de la Iglesia, logremos tener una vida plena y de paz, con el camino de ser mejor sociedad, reconstruida desde la familia misma.

Y ya hemos platicado de que la familia es la célula de la sociedad, también nos hemos dado a la tarea de sostener que la naturaleza está por encima de cualquier ideología, por mucho que deseemos ser egipcios de la dinastía de Amenhotep III, no lo seremos naturalmente solo por desearlo.

También hemos acompañado a Usted, estimado lector, en el camino de profundizar acerca de la historia del pueblo hebreo, sustento de nuestra fe católica mexicana, y ver que los profetas tuvieron una incidencia en la toma de decisiones de varios reinos y pueblos.

En ocasiones hemos narrado la historia de la iglesia católica mexicana, con sus signos y su sincretismo, la unión de dos culturas milenarias se funde en la conquista – insisto en México no hubo colonia, fue guerra y vencidos- también procuramos acercar el pensamiento del siglo diecinueve, tanto en lo anticlerical, como en las relaciones Iglesia-Estado, con fundamento académico, que tanta tela da para cortar.

Y la pregunta ante estas cuestiones, que hemos expuesto lo más cercano a la academia, para que no quede en un simple comentario, sino que exista fundamento de la misma, es:

¿De qué sirve saber tantas cosas si seguimos como país igual? ¿Qué se puede hacer hoy día para mejorar nuestra sociedad?

Yo deseo acercarle esta ocasión, con el favor de su siempre lectura y cercanía, que la sociedad no la mueven grandes guerras, como en la conquista.

Ni grandes personajes históricos, como en el convulsionado siglo diecinueve, con invasiones de los gringos, de los franceses, la independencia y el porfiriato, así como las leyes de reforma y los constantes pleitos Iglesia Estado.

O la participación de las personas como en la Revolución Mexicana, o la guerra cristera que tanto martirio nos dejó; ni tampoco las grandes decisiones presidenciales como la expropiación del petróleo, allá con el Tata Cárdenas, llevando su granja de los Pinos a Chapultepec y haciendo que las personas donaran sus joyas y piedras preciosas, para acabalar y darles la “lana” a los expropiados.

¡No!

México ya no se mueve así.

Ahora los ciudadanos, los de a pie, los de a diario, el chofer, el carpintero, el profesionista, el comerciante, el académico, el director de empresa, el tendero, el campesino, el oficinista, el “jefe” etc. ¡en fin! toda la ciudadanía está al pendiente de los grandes cambios que tendrá nuestro País.

Y no nos referimos a aquellos aspirantes o “suspirantes” a puestos de elección popular, ¡no para nada! esos se cuecen aparte.

Sino a Usted, a nosotros, a su familia, a sus hijos y hermanos, a sus primos y padres de familia, en fin, a todos quienes sostenemos este país, y no tenemos nada que ver con el servicio público, no al menos, como servidor público votado o vencido, para tener un puesto de elección popular.

Los grandes cambios surgirán de la ciudadanía, y seremos la sociedad que Platón observó, en su ideal de “como ser” allá 300 años antes de Cristo, él creía que cada persona con sus habilidades podía construir a la sociedad, si realizara lo que le tocaba hacer, sin distraerse, enfocado a los suyo.

Él decía que los gobernantes deberían ser racionales y tener una virtud, la de la Sabiduría, la clase de los guerreros deberían tener la fuerza y el coraje para defender los ideales, y la clase de los artesanos, la templanza, para saberse útiles a las necesidades y a la producción del trabajo diario.

Si nos ponemos exigentes, Platón por supuesto que no estaba equivocado, desde su perspectiva el ideal de sociedad era posible, pero nunca contó con la corrupción cómo un fenómeno social.

Pasaron algunos años, y Epicuro de Samos, un fuerte anti Platón, si le podemos llamar así, habló de los átomos, como construcción de las personas, más que el alma, él habló de las cosas ciertas y las falsas, haciendo un diálogo interesante, pero de lo que rescatamos esta vez, es aquello que dijo sobre la ética:

La felicidad es el objetivo de todo ser humano, para Epicuro, ser feliz hace a la persona ética.

Regresando a nuestro tiempo, los ciudadanos para lograr ejercer una participación adecuada de la mejora de la sociedad – porque nos queda claro que la clase política aún duele de desear hacerlo- debemos estar bajo una perspectiva, si nos ponemos un poco platónicos, cercanos al coraje, la fuerza y la sabiduría, como virtudes para ser mejores ciudadanos.

La sociedad al emerger de los ciudadanos de a pie, como Usted o como un servidor – reitero, no hablo de los candidatos ciudadanos- seremos los que lograremos mejorar el tejido social.

Por muchos programas de apoyo a los que menos tienen y menos pueden, aunque de primera instancia se solucione por “encimita” la situación, el fondo sigue siendo un dato duro:

La desigualdad entre los que más tienen y más pueden, cada vez la brecha se abre más, si comparamos contra quienes menos acceden a las oportunidades.

¡Tal vez hasta donde nosotros como ciudadanos lo sigamos permitiendo! cuestión de enfoques.

El voto que buscarán los próximos aspirantes al puesto de elección popular, tendrá un nuevo matiz, una nueva era, en donde la ciudadanía hará valer su voz -extra de las concertaciones y los acuerdos políticos- en donde no “obligará”, sino observará los resultados y evaluará los puntos realmente necesarios de todos los días.

El político evolucionará conforme vea la exigencia de la ciudadanía, de todas las voces y todos los protagonistas, porque la sociedad ya no es cerrada ni escalonada, características que les permitió a algunos políticos tomarnos de escalera, para llegar más alto, hasta donde más nadie pueda llegar.

Y si los aspirantes ciudadanos desean al puesto para hacer lo mismo, porque saben cómo hacerlo, se encontrarán con un escarmiento severo, la nulidad de la sociedad ante un aspirante que solo desea llegar, y no servir.

La sociedad pues, ya no es la misma, ni lo será, habrá una constante evolución de las personas, un camino de madurez y acercamiento, para lograr tejer a nuestra sociedad, con nuevos hilos y estambres, que ya provienen ni siquiera de las universidades o centros educativos, sino de una reforma fuerte y sólida, que se está gestando por todo el país:

La reconstrucción de la familia.

Y no son las instituciones famosas que “apoyan “a la familia, es la sociedad misma, en un cansancio, que se ha dado cuenta que debe y tiene que reconstituir a la familia, como primera escuela, primer espacio de amor y caridad, primer centro de civilidad y urbanidad, y para aquellos creyentes, primer Iglesia.

Porque la familia es biológicamente natural, se rige por la vida y construye su futuro en la esperanza, en las virtudes que ejercitamos en todos y cada uno de nuestros hijos, no acepta las ideologías locas y desenfrenadas de las ocurrencias, y finca su futuro en una profunda tradición ancestral, heredada de cada uno de los abuelos y parientes.

La familia no será más atacada por la ocurrencia, ni será blanco del regalo flaco de quienes desean el poder por el poder mismo, la familia se está reconstruyendo, y no es porque estuviera resquebrajada, sino porque ya lleva varias décadas siendo atacada, abollada y lastimada, aun así, ¡ha mantenido su gallardía!

¡saber todo lo que sabemos y no darnos el tiempo de estar con la familia de nada sirve! porque el tiempo de construcción se ha dado, y el campo es fértil para la mejora constante.

Construya a su familia amigo Lector, rediseñe el camino, si así lo desea, nunca es tarde para mejorar las relaciones entre quienes la conformamos.

Hable con sus hijos, primeramente acerca del proyecto que como familia Usted tiene preparado para ellos, si no tiene un proyecto, imagine como sus hijos podrían ser mejores personas y mayores ciudadanos.

En la medida que le sea posible, no deje que abandonen los estudios, hoy has miles de posibilidades de tener acceso a la educación escolar, es cosa de buscar y orientarse.

Si Usted no vive con su pareja, lleve la fiesta en paz, no deje rencores plagados por la familia, no sirven en la construcción de ciudadanos, y sus hijos, le agradecerán este gesto.

Y un aviso a mis amigos ciudadanos que desean ser libremente servidores públicos:

Sean nobles en su tarea de desear hacer algo por la sociedad, en especial, si son buenos padres de familia, serán buenos servidores públicos; y si son felices con poco, lo serán con mucho; si cuidan a sus familias, cuidarán a la sociedad.

Si algo les falta de lo anterior, ni lo intenten, solo serán uno más de los que ya existen.

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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