Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Tiempo del Adviento

En estos días recientes, cercanos a la culminación de un año litúrgico, y en reflexión de tantos beneficios que nos ha dejado este ciclo que termina, comenzaremos el tiempo del Adviento, del 3 de diciembre al 24, que son 4 semanas antes de la Natividad, y que, en las lecturas de este tiempo, se muestran tal vez una de las profecías más antiguas de la llegada del Mesías, la del profeta Isaías.

Un gran reino se erige geográficamente, si nos ubicamos en el extremo derecho del Mar Mediterráneo, un reino gobernado por David, Salomón y Saúl, que unificaron sólidamente, después de la edad del hierro, si es que, de historia logramos su ubicación.

Este reino el de Judá, 800 años antes de Cristo aproximadamente, nace un profeta, Isaías, hijo del profeta Amós, considerado dentro de los doce profetas de Israel.

Observamos que una familia de profetas, por su antropología y acercamiento con Dios, son importantes en la historia de lo que conocemos como Antiguo Testamento, fundamento de lo que hoy es la nuestra Fe Católica.

Si me permite, imaginemos el norte del continente africano, en especial Egipto, seguimos por la derecha, continuando la orilla del mar Mediterráneo, hasta cerrar una “c” invertida hasta llegar a Tarso, debajo de lo que hoy es Turquía, y si seguimos hacia la derecha, cortando el territorio, llegamos hasta lo que hoy es la mitad de Irán, ese era el Imperio Asirio.

Ese es el territorio en donde Isaías lleva a cabo su ministerio profético, que duraría poco más de 50 años.

En Aquél entonces, las alianzas entre reinos era el pan de cada día, algo así como el lograr sostener un vasto territorio, para lograr imponer, de la manera que fuera, los ideales políticos y de sumisión a la región.

En aquellos años, una guerra de proporciones apocalípticas (si es que se puede usar este término debido a que en nada había sido escrito el apocalipsis por el evangelista Juan), se llevaba a cabo entre los ejércitos sirios y los egipcios.

El Rey Ezequías de Jerusalén, buscaba una alianza con Egipto para lograr quitar al Imperio Asirio de estas tierras, situación a la que Isaías estaba en desacuerdo, y comenzó un sitio a la ciudad amurallada, para que cayera y fuera por fin de los egipcios.

En esta ciudad se seguían diferentes ritos paganos de fuerza interesante, debido a que seguían estas costumbres cientos de personas, uno de ellos Moloch Saal, que es representado por varias civilizaciones antiguas, como un cuerpo de persona con cabeza de un carnero, con largos cuernos.

Fue el Cronos de los griegos y el Saturno de los romanos.

Estos ritos paganos, que fundamentalmente buscaban la adivinación del futuro, o el lograr tener pronta fortuna con el mínimo de trabajo, tenían como principal tributo, el sacrificio de niños, en especial a esta deidad.

Isaías estaba inmerso en este tiempo, en donde el auge mayor, era esta deidad, dentro de la propia ciudad de Jerusalén y ciudades cercanas, fuera de manera abierta o de formas bajo ritos escondidos, por la severidad del tema.

Los reyes tiranos como Exequias y Manasses, (que aún era un príncipe) acusa a Isaías de blasfemar, porque el profeta escribió: “Vi al Señor sentado en un trono”, porque acusaba que Jerusalén era la Sodoma y Gomorra de sus tiempos.

Esto le causó la muerte y es martirizado siendo aserrado.

Isaías fue un poeta, con un estilo literario puro y lleno de matices y una composición brillante, por el estilo de Isaías, se observan algunas diferencias entre sus escritos, dándole la autoría total de sus versículos los numerales 1 al 12, 15 al 24 y 33 al 35, sin saberse aún que los restantes, fueran escritos directamente por él.

En los números del 6 al 12, profetiza la llegada del Mesías, sin olvidar que fue uno de los asesores más importantes de algunos reyes de aquellos años.

La perspectiva compleja de un plan de servicio público de Isaías estaba bien fundamentada en una culminación del pecado, desde la perspectiva teológica, Isaías aplicaba su conocimiento y alta cultura, en lograr hacer comprender que Dios hiciera justicia, tomando como medio el ataque bélico, que, en aquellos años, era común.

Su perspectiva política, al dar a conocer que los sirios, efrainitas, asirios y los pueblos vecinos de la región, eran un instrumento de Dios para terminar con el pecado, y lograr salvarles.

Habido en la política y explicación de los sucesos de una región compleja como lo era en aquellos años Jerusalén, trataba de aconsejar al rey en que no tomará decisiones sin pensar, debido a que caería en una trampa.

¡no se le hizo caso!

Profetizó la caída de Judá, como Damasco, y los ricos y poderosos no le hicieron caso. La brujería y la adivinación, en fervor a la deidad de Moloch, estaban por todas partes.

La corrupción de altos funcionarios, el lujo ostentoso entre pudientes, los jueves parciales y la avaricia, reinaban por toda Judá.

Las advertencias y reprimendas de Isaías, son suaves, no es un profeta agresivo o devastador, solamente enviaba el mensaje de Dios, de manera poética y hermosamente mostrada, tuvo profecías, exhortaciones y amonestaciones, entre las profecías descuellan las consignadas en los cap. 7-12.

Fueron pronunciadas en tiempo de Acaz y tienen por tema la Encarnación del Hijo de Dios, por lo cual son también llamadas “El Libro de Emmanuel”.

Es en este tiempo convulsionado, de reyes corruptos y de una sociedad sumida en la brujería y la adivinación, que el profeta Isaías, escribe no solo las primeras lecturas que observaremos en el tiempo de Adviento, sino una obra literaria de magnitudes interesantes.

Estamos ante la cuestión de observar que la sociedad, a pesar de los años que han pasado, más de 2 800, vemos que la enfermedad del poder y la brujería o la adivinación y el presagio, como medios inmersos en la propia cultura y antropología que vivimos, son parte de nuestra realidad.

Le mueve a la sociedad los mismos males que le aquejaron hace cientos de años, y la conducta de nosotros como sociedad, solo evoluciona con la tecnología, y nos acerca en la distancia, pero en el fondo, seguimos con los mismos aspectos.

El rico sigue siendo rico, y no dejará de serlo solo porque alguien le indique que hay brechas enormes de desigualdad.

El poder seguirá embelesando a los cautivos de aquellos que anhelan con tenerlo.

La sociedad de Isaías, a casi 3 mil años de haber escrito sus profecías, acusan la desigualdad, la corrupción, el que se deja de ver a Dios como parte de nuestro camino.

Y es que, en la profundidad de los textos del profeta, pareciera que estuviera atinado en lo que respecta a las personas, a las guerras, sabiéndose profundo conocedor del ser.

Inclusive pareciera tan actual sus poemas, que se pudiera respirar aún la tinta de sus pergaminos, secándose a la luz del sol.

Así vemos a Isaías como un enviado de Dios al que ha visto cara a cara.

“El profeta no cesa de hablar de él en cada línea de su obra. Y, sin embargo, en sus descripciones se distingue por mostrar cómo Yahvé es el Santo y, por lo tanto, el impenetrable, el separado, Aquel que no se deja conocer. O, más bien, se le conoce por sus obras que, ante todo, es la justicia. Para restablecerla, Yahvé interviene continuamente en la marcha del mundo.” Nos menciona en su especial de Adviento, el portal digital ACI Prensa.

Un profeta que habla de paz, de Dios Rey, un Juez que traerá la justicia, los desiertos serán como rosas, y el término de reinos por sus malos comportamientos, en caso de no enmendar o escuchar las advertencias.

Isaías un hombre culto, un consejero y asesor de reyes, un politólogo de su tiempo, que solo veía que Dios es nuestro camino y cercanía, y también nuestra fuerza.

El profeta nos narra las palabras bondadosas de Dios, mi siervo eres tú, te escogí; no me acordaré de tus pecados, que nos hace ver, a más de 2800 años – reitero- una perspectiva del tipo de sociedad que seguimos siendo.

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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