Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

México después del sismo

Hoy en día amable Lector, al hacer un análisis de todo lo que se avecina, con esto del sismo del 19 de septiembre pasado, nos lleva a la reflexión hacia la actitud correcta, en que somos ya ¡otro país!

En el pasado sismo, surgió una necesidad a la que llamaremos “automática” por ejemplo, una familia que de tenerlo todo, el departamento en el segundo piso pagado ya no había hipoteca, tenían dos carros a disposición de la familia -también se perdieron- niños en el famoso Rébsamen, uno falleció y la niña sigue grave.

Tenían si me lo permite platicar, ¡gran parte de su vida resuelta!

¡cierto! Una que otra queja del tráfico, de las condiciones de su vida, con un mínimo ahorro, ¡pero relativamente el futuro se veía prometedor!

¡ahora ya no!

En su triste realidad, la vida les puso un reto que, para el común de las personas, sería difícil de solventar.

El sismo los dejó en la calle, ¡literal!

Pero no crea que se la pasan bien, sensibilicemos su situación, ¿qué pasaría si Usted amable Lector se quedara en la ruina de la noche a la mañana? ¿Qué no tuviera ningún amigo que le auxiliara? ¿Qué haya tenido la pena de perder a un familiar?

Pareciera una visión en nada agradable.

¡estas personas existen!

Son los que llamamos damnificados del sismo.

Y no necesariamente son pocos, ¡son miles!

A quienes la sociedad les envió ropa, víveres, alimentos, agua, medicinas…etc.

¡son una realidad!

¡hermanos todos! Todos viviendo el país que tenemos, – nos guste o no- pero ellos aún más sensibles a la realidad que vivimos todos los días.

Sabe, ¡también a ellos les subió la gasolina! también se enojan con sus políticos, de vez en cuando se toman una cervecita… ¡normal!

Y lo más seguro, por su salud mental y familiar, es que se trasladarán a la provincia, tal vez a León, Celaya, Querétaro, Pachuca, Toluca… etc.

Buscando claro lo que todos deseamos, paz y un lugar seguro para crecer como familia.

Yo le invito a que los recibamos con los brazos abiertos, es más, ¡que se termine el término chilango! ¡que se borre de los diccionarios!

Y que arraiguemos un nuevo concepto, que tantas veces usamos en diferentes competencias, y que, de ahora en adelante, solo exista un gentilicio:

¡mexicano!

Que espero no nos cueste trabajo arraigarlo.

Porque si ya somos un país diferente, en el cual se terminaron las diferencias (las económicas no los ricos siguen atorando mucha lana) en donde los famosos “milenials” se la rifaron junto con todas las personas que ayudaron, pobres, ricos, medianos, banda, emos, góticos, cholos… etc.

Todos se unieron y, reitero, ¡salvaron a miles de heridos que ni conocían!

¡héroes anónimos!

Se merecen ser recibidos de pie, en cada una de las ciudades a donde mayor y mejor les plazca venir.

Al lugar que quieran, en el momento que fuera.

No conozco ningún autor histórico, antropólogo o sociólogo que haya pronosticado este sismo del 19 de septiembre, y que lograra hacer que México fuera uno solo, que nos uniéramos todos.

¡no hay quien!

Por ello, le invito a que, al paso del tiempo, y conforme se vaya dando esta movilidad de mexicanos a otras ciudades, tengamos siempre presente al ver una placa de automóvil, que son héroes, ¡no víctimas!

Héroes que están tratado de vislumbrar un lugar de paz y armonía para seguir sus vidas.

Como le hacen, valga la comparación, millones de migrantes que van hacia el norte, buscando una vida mejor, un lugar digno, porque sus ciudades de origen, no les dan las condiciones de mejora.

Y eso es tener misericordia con nuestros semejantes.

¡una perspectiva humanista y llena de comprensión hacia quien es desamparado!

Fuera por la razón que quisieran.

Provincia ha marcado la fecha del 19 de septiembre del 85, como una aquell que desplazó a varios capitalinos, y su llegada a ciudades del centro del país, conminó a un gran desarrollo económico, sí en lo micro, pero también en proporciones mayores.

Algunas urbes, se convirtieron en más cosmopolitas, llegaron nuevos vecinos, mayor desplazamiento de personas y por lo tanto, mayores necesidades de los municipios que les dieron cabida.

Crecieron los parques industriales, inclusive, hubo empresas que salieron de la metrópoli de la ciudad de México, y trasladaron sus reales en provincia.

Ayudando a la descentralización económica.

Hubo nuevas fuentes de trabajo, hubo mejores puestos en algunas ciudades y mejor pagados.

Hubo pues, una nueva manera de vivir y convivir.

¡Mis mejores amigos son desplazados de esos movimientos telúricos! no hubiera tenido el gozo de contar con ellos, si este sismo no hubiera cambiado la perspectiva del 85.

Hoy al 2017, sé que mis hijos tendrán nuevos amiguitos en sus escuelas, ¡si no es que ya!, vendrán más y mayores familias, fuentes de trabajo, desplazamiento de empresas, que las debemos de recibir con la alegría del peregrino que ve un camino arduo -dispuesto y obligado a la misma vez- al cambio.

¡que en ocasiones causa tanto estrés!

Recibamos a estas personas, no con un claxonazo de recordatorio familiar, que ya ve que ni nos gusta, sino con una seria comprensión de lo que vivieron y cercanos a lo que perdieron.

¡en todo momento!

Y a quienes ya serán nuestros vecinos, que han decidido fincar sus lares por estas tierras, les invito a que nos conozcan, a que se sumerjan en la vida tranquila y provincial de ciudades históricas, que tienen sus leyendas, sus fiestas, sus tradiciones y que son baluarte universal, en muchos casos de ellas.

Lleguen y compartan lo que saben, y acepten lo que no, dónense a su nuevo terruño y respeten sus costumbres, que al fin y al cabo, en poco tiempo serán también las suyas.

Lo que vivimos hoy como país, después del sismo del 19 de septiembre de este año, es como si hubiera habido guerra en México, es el mismo sentir de la pérdida, edificios destrozados, casas desaparecidas, templos rotos… un caos.

El desapego es difícil, y el luto es de una tragedia, no de una ocurrencia.

Nuestros amigos mexicanos que llegarán a estas ciudades al centro de la república, o de más allá, tienen un sentir como acabaran de desembarcar de una segunda guerra mundial, ¡así lo percibe nuestro cerebro!

Me preguntaba un amigo “estandopero” que cuando sería prudente hacer bromas del temblor pasado, ¡creo que nunca!, porque entonces sería como burlarnos de una tragedia profunda y que estará a flor de piel, por decenas de años, de nuestros peregrinos mexicanos.

¡Bienvenidos a provincia quienes así lo deseen! y sépanse bien recibidos.

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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