Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

La Transfiguración de Jesucristo

El próximo domingo 6 de agosto, tendremos presente la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, un tema, que, desde una modesta perspectiva, es buen momento de parar, y hacer la reflexión, buscando el fondo de este evangelio.

Primero es importante estudiar al profeta de la primera lectura, Daniel, y si lo vemos desde la perspectiva del significado de su nombre, comenzamos con los arrebatos lingüísticos, de una raíz tan compleja como la de este nombre.

En hebreo Daniel quiere decir, en su primera parte din, como juzgar, y el, de Dios, pero al utilizarse juntos, no queda claro si es una palabra de propiedad (nombre propio) o de un uso posesivo (mío).

En resumen, Daniel quiere decir Dios es mi juez.

Algunos teólogos no saben si Daniel fue realmente quien escribió el libro que lleva su nombre, o es un uso, de alguien que escribió, pero que no se llamaba así, pero se autonombro Daniel

¿Qué complejo no?

Para los judíos, Daniel no es considerado un profeta, para los católicos sí, para el islam, sí es un profeta.

Daniel escribe en su capítulo 7, un texto que anuncia la transfiguración del hijo de Dios, pero desde una parte, conocida como visión:

Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.

Un río de fuego corría y manaba delante de él. Miles de millares le servían, miriadas de miriadas estaban en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros.

Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia.

A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás. Daniel 7:9-10, 13-14

Existe un simbolismo complejo para esta primera lectura, el hombre barbado vestido de blanco no es un anciano, es la presencia de Jesucristo eterno rey, en la pureza coronado como rey, por sus vestiduras.

En algunas culturas a Jesucristo Eterno Rey se le llama Anciano de días, dos mil años algunos dicen.

Aquí es en donde debemos poner atención.

En la cultura hebrea este Anciano de Días, aún lo están esperando, claro que ahora esta persona tendría más de 5 mil años, por el contrario, para nosotros los católicos es la presencia de Cristo, atemporal, y que se establece como será la transfiguración.

Aunque en ese momento, no se sabía con certeza, el escenario de la transfiguración.

En el libro de las Revelaciones, en el capítulo 1 versículo 14, leemos: Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Se refieren a la misma persona, Jesucristo.

Que sigue blandiendo su atemporalidad y espacio, un Rey Eterno.

El salmo del próximo domingo es el 97, es un canto mesiánico (que anuncia la presencia de Cristo) pero a su vez es un canto de Sion ( que cantan las glorias de Dios), y un salmo de acción de gracias, si es que me atrevo a catalogarlo así.

Que en grosso modo, explica que Cristo no tiene presencia única en un tiempo histórico, que es eterno y traspasa la comprensión del tiempo.

¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas! Nube y Bruma densa en torno a él, Justicia y Derecho, la base de su trono.

Los montes como cera se derriten ante el Dueño de la tierra toda; los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria.

Porque tú eres Yahveh, el Altísimo sobre toda la tierra, muy por encima de los dioses todos. Salmo 97:1-2, 5-6, 9

La segunda lectura, del libro segundo de Pedro, que en realidad es una carta, aunque esta, según datos históricos si fue escrita por Pedro mismo, porque la primera fue apoyada por un copista o amanuense, aunque aún sigue el debate si la carta II de Pedro fue realizada por él mismo o por un evangelizador en el siglo dos.

Pedro narra una parte de la verdad que vieron sus ojos, en la misma Transfiguración, siendo testigo del hecho y quedó plasmado por la interacción con Dios Padre (al escucharlo) y de ver como Cristo se llenaba de la gloria de Dios mismo.

Un testigo fiel, que le permitiría ser la pieza fundamental, del cimiento de la Iglesia primitiva de aquellos años, y los actuales.

Para el Evangelio de Mateo, vemos la narración de la Transfiguración misma, por respeto a la palabra de Dios, solamente expongo una parte:

Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Mateo 17,2

La Transfiguración hoy en días esta nutrida de diferentes acontecimientos, que nos enriquecen la manera de dar una respetuosa explicación de este hecho, que, en realidad, cubre una necesidad: la de convertir a la Iglesia Católica, como luz del mundo, en un brillo cegador a pecado.

Paulo VI, el papa que siguió los trabajos de Juan XXIII quien comenzó el Concilio Vaticano II, muere un domingo de la celebración de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo.

Por ello, varios escritores católicos y propios Papas, han considerado una bendición que Paulo VI se regocijara del rostro iluminado de Cristo, al estar en presencia de Nuestro Señor, en esa festividad.

Y nos da entonces una guía, aún ya fallecido, de una catequesis inmediata:

¿Con cuánta tristeza observamos nosotros la oscuridad en la que nos sumimos cada día? Porque no hablamos de hacer una catequesis a mis amables lectores, sino de considerar, las cosas que nos ponen los lentes oscuros, ante el brillo de Jesús.

¿qué ilumina el sendero en el que caminamos? Tal vez el brillo del dinero, el brillo de la fastuosidad o la riqueza vana o mal adquirida, tal vez el brillo que más nos evita ver la luz de Cristo, sea el brillo de nuestro celular, nuestra Tablet o nuestra propia tv.

Si en Cristo no tiene cuenta del tiempo, porque ha sido nombrado por una larga historia que precede a la formación de las escrituras mismas, y es un reflejo de Dios Padre, ¿por qué no vemos su brillo?

Indiscutiblemente el brillo allí está, ese no ha dejado de mandar fulgores a nuestro corazón y vida, pero ¿que nos distrae de ver, que Jesús está vivo y lleno de amor y acompañamiento hacia nosotros?

He descubierto que existen personas que se ofenden cuando leen de Jesús, y es ahí mismo en donde, se tapan los ojos ante el brillo, y prefieren la sombra de la vana crítica, alejando su parte espiritual, siendo jueces reacios a los errores.

Cuando nos dejemos llevar por el brillo de Cristo, y descubrir que realmente tiene una verdad, a la que llamaremos vida, y salvación, podremos caminar en paz, sin nada que polarice su candor.

El Papa Paulo VI, cuando escribió unas meditaciones acerca de la muerte, plasmó:

“Ciertamente, me gustaría, al acabar, encontrarme en la luz… En cuanto a mí, querría tener finalmente una noción compendiosa y sabia del mundo y de la vida: pienso que esta noción debería expresarse en reconocimiento: todo era don, todo era gracia” Beato Paulo VI.

Por cierto, Paulo VI, defensor de la Vida, en ello dedicó su pontificado, en mucho.

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

Correo: [email protected]

Twitter: @LuisNSDG

www.luisnunezsalinas.com

 

 

 

 

Comentarios

Comentarios