Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

¡Oaxaca!

¡Ay Oaxaca!

Tierra de hombres y mujeres, que se forjan todo el día y gran parte de la noche, que, desde hace décadas, se han encontrado con un sistema, que no les sabe gobernar, que nos les entiende, que no les deja ser.

Huaxyacac o lugar de la punta del guaje, que dieron a luz unos hijos provenientes de la piedra, herederos sin tradición ni peregrinación, salieron por el arte de la generación espontánea, y dominaron estas tierras de la antigua Mesoamérica.

Lugar de la guerra entre zapotecas, mixtecos y aztecas, donde se libraron miles de batallas para lograr mantener el poderoso Montealbán.

¡oye tierra de la nariz del guaje! No te han sabido comprender, no entienden tu cultura, a ustedes hijos de los guerreros del cosmos y de la luna.

Es tu guerrero mixteco, tu principal vestigio, ocho venado es tu lugar de nacimiento y la historia le honra, como el único testimonio de tu existencia.

Luego llegaron los del pelo color del sol, los Tonatiuh de cuerpo de caballo, y dieron contra tu cultura, la destrozaron y la plagaron de una idea, que no han podido comprender… pero tu sierra, inexplorable, quedó como el último bastión de tu sangre guerrera. 

¡nunca la conquistaron!

Y ahí nació el corazón de tu sangre, de tu estirpe, haciendo gala del encuentro de tus guerreros con tu cosmos, con tus astros.

Tu batallón de Saboya, al quererte liberar del yugo de los hijos del sol, y una vez ya liberados, Antonio de León, se mantuvo firme en contra de la tiranía, que representaba el primer imperio de Iturbide.

¡Ay Oaxaca! Nadie te comprende, no te miran con tu riqueza y tu fina estampa, con tu historia, tus tradiciones de colores y tus danzas de mujeres.

¡te miran como un disturbio!… como una imagen del visitante, como extranjeros juzgando a su propia madre.

En la cuna de tus brazos, diste vida a los guerreros históricos que cambiaron aquella tierra del Anáhuac, del valle del lago de Texcoco.

Tus hijos pródigos nacidos de la roca levantaron las manos para apaciguar a estas tierras que hervían con deseos de libertad y de terminar, con cualquier tipo de opresión, tus hijos alzaron las armas y conquistaron al enemigo, a los invasores.

La Oaxaca de sus ocho regiones, pero que tu Istmo es la pieza de mayor atracción, es la mujer hermosa, con su huipil de flores, que la desean varios varones y naciones, es tu línea delgada entre la paz y la guerra.

En tu Istmo desean poner elegantes buques, magnas obras de la hidráulica… ¡No saben que eres más que eso!… más que una bella línea, que une a los dos océanos, en un abrazo cálido.

Tus aguas de sal mojan los pies de los traídos por el viento, por las olas y por la tierra, se bañan en tus cálidos vaivenes, pero que saben, que cuando tu furia rompe, entonces eres peligrosa como el jaguar que habita tus montañas, que puedes tirar de un tajo, todo lo construido por tus hijos de piedra.

Tus regiones van desde la neblina, hasta las propias madres del frijol y del ejote, es el zapote tu fruto excelso, pero no es el único.

Tus murallas de zacate, que es el resultado de hacer que la neblina pase por tus hijos, y tengamos un fruto, de tus frías noches de la sierra.

Tu cerro grande poblado de guayabas, dan el aroma del amor a quien te visita, tu llano de culebras se vuelve altivo, cuando defienden el cielo y el infierno en tu corazón de tierra.

¡Ay lugar de los hijos de la roca!… aún no te comprenden… pero te gozan, te buscan… te desean.

Tu fruto distinguido, tu sangre mezcal, te hace diferente de todo lo demás, es tu sudor y tu sentir, es tu camino y tu atracción.

Quienes se bautizan con el elixir de tu licor, que ya ha tocado tu sabor, que yace en tus verdes magueyes, que se limpia para ser el aroma embriagador de tus costumbres… ¡ahora sí te venera!

Como un veneno que sana, tu licor llena la sangre de los valientes, de los que levantaron la voz para no ser oprimidos, olvidados, vistos desde la otra muralla,

Tu sabor a maguey llenó los gritos de los generales insurgentes, de sus soldados y de sus mujeres; de los opresores de los gachupines, de los americanos, de los franceses y de tus hijos hermanos, también herederos de la roca, pero que luchaban en diferentes bandos.

¡solo los distinguían el color de la ropa!

¡Ay Oaxaca madre del zapote!

Fruto dulce y oscuro como tus entrañas, que saben a historia y color, que todos los tocados y sabores de tu comida, se mezclan entre el sudor salado de tus mujeres, y el dulce aroma de sus labios.

Multi sabores, tutti tus frutos…

En tus tiempos cercanos y bajo el olvido del sistema, hijos de la piedra con sangre de mezcal, los miles de jóvenes que deseaban ser escuchados, vistos, atendidos.

Levantaron su voz y fueron callados por el plomo, por el golpe, por la piedra… y en un crisol de roca volcánica, como un molcajete, una vez más, tierra de la nariz del guaje, no se comprenden a tus hijos.

¡Ay Oaxaca! Tierra de hombres y mujeres, que se forjan todo el día y gran parte de la noche, que, desde hace décadas, se han encontrado con un sistema, que no les sabe gobernar, que nos les entiende, que no les deja ser.

Tus flores tejidas en tus casi seiscientas culturas diferentes de vivir, de desear, de caminar, se rigen por su propio corazón, más de cuatrocientas… que nutren tu rompecabezas autóctono de colores y sabores.

¿y quién lo borda? ¿quién te comprende?

Complicado tocado se teje con los hilos más finos, los más delicados, los más frágiles… para cubrir el cuerpo de la mujer que, si la patria es.

¡Su cuerpo lo viste con un huipil zapoteco!

Dicen los antiguos, los ancestros de las tierras de las ocho regiones, los que inventaron el tiempo, que una tehuana llevó altiva, la libertad de nuestra patria, porque el caballero que la pretendía no sabría reconocer belleza alguna más, que el tocado de una mujer zapoteca.

Por eso la cortejan, la llena de regalos, la fuerzan a ser poseída… pero aún tu tierra del itsmo no ha cedido… ni cederá.

¡casta mujer de tu región! Brava como un río.

Cuando una mujer oaxaqueña se baña, su perfume cubre a toda la región, dejando un mensaje de tradición, a los pies de la danzante, de la música de la milpa de tortilla zapoteca.

¡Ay Oaxaca hija de la piedra! Bautizada en tu cerro del fortín con el mezcal, que a borbotones emana de tus venas, de las heridas de tus héroes y mujeres, de tus embriagantes cultos, que hipnotizan a los visitantes…

… ¡hijos de la cima del cerro sagrado!… envío un mezcal para tu gloria, para que los dioses de otras tierras lo prueben y embriagándose, reconozcan tu esplendor…

¡a Oaxaca!

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