Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

En Querétaro ¡Estamos sitiados!

Hoy en día amable lector, Querétaro está sitiado, ¡sí como lo lee! estamos ante uno de los tiempos en donde la ciudadanía se encuentra llena de factores, que le hacen difícil, o simplemente, ¡imposible! Andar en tiempos cotidianos por Querétaro.

Por un lado, la obra pública, que sabemos que en mucho beneficia, pero que de fondo todos los días causan sopor y estancamiento en los movimientos, y por el otro, los climas que vivimos, en específico las lluvias.

¡Querétaro está sitiado!

Y es que un padre de familia, una mamá, una abuelita y en general, todos los que nos movemos, no vemos avances en algunas obras – aunque si existieran- en la percepción de las cosas, de lo que vemos y sentimos, ¡es que no hay solución pronta! A lo que se ejecuta.

Dicen los expertos, que sensibilizar a los interesados en lo que nos pasa, es el paso de madurez de una relación, tanto en lo familiar afectivo, como en el simple trabajo.

Por citar ejemplos, un papá estresado, debe hacer de su conocimiento lo que se está viviendo, para que la familia, esposa e hijos, estén al pendiente de que existen algunos factores que se deben mejorar, a lo mejor papá se estresa por el trabajo, por la salud de su esposa o de los hijos mismos, y no hay forma de canalizarlo.

Cuando papá lo expresa a la familia de una forma tranquila y en paz, todos observan que esta sensibilidad, ayuda a conocer lo que siente el progenitor, así, tanto de una parte como de otra, las cosas, que ¡a pesar no se solucionan de un día para otro!, sí se logra estar en sintonía, y se la pasa uno, como dicen en el rancho ¡menos pior!

Si en el trabajo, las cosas están colapsando, sea por la culpa de una jefa mandona, que no ubica lo valioso de las personas, o de algún evento exterior, se genera un estrés, y si no hay un ejercicio de desarrollo humano, que sensibilice cómo se están percibiendo las cosas, los objetivos de la empresa se vendrán a bajo, tarde o temprano.

Como vemos, la percepción es importante.

Y no nos referimos solamente a la imagen de las cosas, sino a que un grupo de receptores, están al tanto de lo que pasa, de cosas que se están sintiendo, y en ocasiones – muchas veces- la autoridad no hace caso a lo que se siente, o a la percepción de la realidad, de quienes vivimos en esta ciudad, reitero, ¡sitiada!

La ciudadanía en primer lugar, estamos hartos en que a la misma vez, se ejecute obra pública por todos lados, cierto, los tiempos son prontos, “días largos y semanas cortas” decían por ahí, pero colapsar a los ciudadanos por la falta de estrategia y planeación, genera estrés ¡y mucho!

Imagine a una abuelita que va por sus nietos a la escuela, que por cierto le queda lejos de donde vive, toma su ruta 2 horas antes de que salgan de la escuela, si no, ¡no llega!

Y el camión hace peripecia y media por eludir el tráfico.

Llega la abuelita, y aparte debe caminar unas tres cuadras, porque en el centro, hay un solo carril desde universidad hasta Zaragoza.

Luego tratas de ingresar por Juárez, es una peregrinación de autos, das la vuelta y sales del centro, porque por vialidad, pocas calles entran al centro de Querétaro y otras, las más, salen.

Y en ese momento…

¿qué pasa con la ciudadanía? De verdad, son eminentemente educados la mayoría – ¡Claro somos más los buenos! – pero por dentro generamos estrés.

La hipótesis es sencilla, sin el afán de contradecir o generar ámpula, los hospitales, una vez terminadas las obras, se llenarán de personas con la ¡presión arterial alta!, ¡diabéticos por los corajes! ¡sintomatologías cardiacas por el estrés!… etc.

¡si no es que ya!

Existe algo que, como ciudadanos, hemos callado y tenemos tristemente la mayoría: secuelas por el estrés que se vive diariamente, y no solo en macro ciudades como CDMX o Guadalajara, sino ya también vemos un aumento de los síntomas en Querétaro.

Una empresa llamada Regus, que se dedica a medir varios aspectos, establece que en la CDMX 3 de cada 10 empleados invierte 90 minutos para el traslado a su lugar de trabajo.

El promedio es de 28 minutos, y como está Querétaro, el promedio ha subido a 35 minutos, considerando la obra y, cuando llueve, se alarga a ¡más de una hora!

¡Que pasa en la cabeza de un padre de familia cuando tarda 1 hora en el tráfico queretano? un gran estrés.

Según IBM, – ¡sí el de las compus!-, los trabajadores en las ciudades generan el 78% del tráfico, en caso de Querétaro, le sumamos el ingreso de los niños y niñas a las escuelas.

Solo en la ciudad de México, en ¡alto total! por las obras – que también todos los días las hay- 450 mil autos abonan a la contaminación… ¿imaginamos eso?

El 19% de los sueldos se va en invertir en el transporte en su mayoría, aunamos a eso los problemas del personal que por tráfico llega tarde, o no cumple con las metas diarias por el estrés, aparte de tener que salir tarde por lo no cumplido, y múltiples problemas laborales a los que se enfrenta un trabajador, por cuestiones de colapsar a una ciudad.

Pero no para ahí.

La ansiedad, es un problema que también va de la mano, cuando se colapsa una ciudad, que bien es tranquila y hermosa, con grandes destino turísticos y culturales ¡claro!, pero que los últimos meses, ha pegado duro el tráfico, en obras, que se están volviendo, estampas cotidianas.

Estudiosos en la ansiedad urbana, como Finch y Smith, en los añejos años 70´s, descubrieron que las muertes en accidentes carreteros se debían a un largo estrés acumulado, en especial, por las horas en los tráficos citadinos, y que, al salir en carretera, existe la “urgencia de llegar”, por ser un hábito cotidiano.

Un estudio de Wagenaar de 1983, establecía que el estrés en los conductores es como conducir bajo una droga o alcoholizado, reduciendo sus etapas de reflejo, atención y práctica, debido a la presión arterial alta.

Esto ha incrementado los accidentes en las vías urbanas, y haciendo ver a las autoridades, que debe existir una mejor movilidad y ligereza en los tráficos de las ciudades.

Para los choferes de unidades de transporte, nuestros queridos “camioneros” o “taxibuseros” el estrés acumulado, genera incremento en accidentes, e inapropiada medición de las dimensiones de sus unidades, aumentando de igual manera el tráfico, una vez realizado el incidente.

Nos dice Evans y Carrere en 1991, en un estudio de los porqués de los incrementos de accidentes en urbes menores de 600 mil habitantes.

Y continúan:

De estos trabajos se desprende, pues, que la exposición a determinadas condiciones del ambiente de tráfico parece estar relacionada con incrementos en la actividad del sistema nervioso simpático (cambios cardiovasculares, un aumento de la actividad electro dérmica, del tono músculo-esqueletal y del ritmo respiratorio), por citar algunos.

Pero no queda ahí.

Evans y Carrere también mencionan que el estrés no solo es cuando se maneja, sino también después de, porque las actividades posteriores, estarán bajo la somnolencia que establece esta condición, como estar drogado o alcoholizado.

Si observamos, la seriedad del caso no para en un simple: “las molestias son temporales pero los beneficios permanentes” ya no sirve, no es un axioma verdadero y prudente.

Desde aquí un saludo a todos quienes colapsamos en esta ciudad, así como a nuestras autoridades, para que nos hagan el favor de agilizar la obra, debido a que, por algunos días, deseamos tener paz…

¡y nuestras familias también!

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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