Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

La muerte de Moctezuma

los pies de Moctezuma le llevaron a un noble que había sido contagiado de alguna rara condición, su cuerpo estaba lleno de pequeñas gotas de pus -como si fuera un acné remarcado- ¡pero por todo el cuerpo!

El hombre deliraba y narraba algunas figuras fantasmagóricas de un encuentro con alguien en similar condición, un pochteca que llevaba ya varios días dentro de esa misma forma.

¡pareciera que la comunidad entera se había contagiado de tan inexplicable mal! ¡unos se retorcían de dolor! Y otros – los más- solo agitaban su respiración y en un largo suspiro, fallecían.

Moctezuma era ávido de que la condición que observaba era una enfermedad, traída por los mensajeros de los señores de más allá de las aguas de mar, en nada le acondicionaba dicha situación a su deidad amada Tloque Nahuaque… ¡señor de sus días y noches!

Fue precavido de no contagiarse, pero a la vez observaba como la fragilidad humana estaba condicionada a un estado de salud, su imperio se contagiaba de varios problemas.

Ya había escuchado acerca de los males en los genitales de varias mujeres, que presentaban lamentables condiciones – mal olor e irritaciones- y que, de hecho, dejaban claro el abuso de los mensajeros, hacia las mujeres.

¡un mal verdadero que no se tenía contemplado!

A pesar de esta expectativa, el emperador Moctezuma logró hacerse del triunfo dentro de la ciudad monumental de Tenochtitlán, en donde diezmó a los españoles en mas de seiscientos muertos, y logró expulsar a los sobrevivientes, que mismos fueron lapidados por la ciudad entera…

¡de Cortés aún no se sabía su condición!

Es el mes de Tecuilhuitontli, en el año 2 pedernal, los aposentos de Moctezuma están fuertemente custodiados, el emperador había tenido una dura batalla dentro de la gran ciudad, los templos principales aún se levantan con los gritos de los hombres de cabello en el rostro, la mayoría de ellos son cruelmente sacrificados.

¡los aullidos son lamentos eternos de la noche espectral de la luz de la luna! cantaba el sacerdote, mientras buscaba en los adentros el palpitante músculo cardio.

La mente recordaba a Moctezuma el sonido ancestral de la música de caracolas y percusiones…

¡si todo iba bien! habría sido suficiente el fulminar de una estocada a los visitantes, dejando claro el poderío.

¡aún veía el emperador a los inequitativos visitantes caer a la laguna! cubiertos de sus armaduras en las cuales había colocado piezas de oro y plata – dentro de sus corazas- haciendo aún su peso mayor, no se necesitaba de técnica guerrera alguna, solamente empujarlos por la orilla del lago, valía para ver su rostro hundirse en la sorpresa de que su tesoro era su laude.

¡los ojos del sacrificado a Tláloc se llenaban de asombro hasta perderse en los transparentes cristales del vaivén! ¡cientos así fueron devorados por la ambición!

En ello estaba su pensar, cuando sintió la suave mano de su doncella acariciar su pecho… ¡pero esta vez no pasó en el perfil de su fuerza! ¡le tomo del cuello!

¡otra mano de mayor fuerza le tomó por los tobillos!… ¡cinco puñales traspasaron su carne!… ¡sintió el sacrificio y se ofrendó a su señor de todos los tiempos y universos:

¡Tloque Nahuaque!

¡recordó como el lago de aguas dulces levantaba brisas por la mañana!… ¡y al mirar hacia el sol que renacía estaba allí su amigo de todas sus infancias! de sus necesidades y bendiciones… ¡allí le esperaba con su mano extendida ¡el hermoso joven de color cáscara de árbol!…

-¡ven mi joven guerrero!…

A su vez Moctezuma no sentía ya los hilos rojos que, en comienzo, había sido punzado… ¡ahora todo era la calma de la brisa!… ¡un aire a eternidad se ceñía en el rosto del emperador…!

¡una soga le oprimió la garganta hasta que no hubo suspiro alguno!… ¡la doncella había logrado su cometido!

¡por seguir con su vida logró ofrendar al señor de cara fruncida!

Los hermanos tlaxcaltecas -que había enseñado a los señores de más allá del mar a realizar la guerra en estas tierras- ¡no pudieron con el señor Moctezuma!… ¡lo sanguinario de su estirpe dejaba claro que una invasión no sería sencilla!

¡lo atacaron y lastimaron su cuerpo con rabia!

Al terminar la fechoría corrieron, no sin antes revisar que los señores jaguares estuvieran liquidados… ¡al poner el espejo de obsidiana sobre sus narices atravesadas por espinas de maguey! observaban que no había suspiro.

¡todo bajaron por los desniveles del palacio de Moctezuma!… ¡disfrazados de guerreros jaguares! nadie reconocería a los hermanos tlaxcaltecas que habían llevado al propio señor Cortés a los aposentos para darle muerte al emperador.

¡después de aquella noche en donde los lagos se tiñeron de rojo!

… Y el dicho Muteczuma… dijo que le sacasen a las azoteas de la fortaleza, y que él hablaría a los capitanes de aquella gente, y les haría que cesase la guerra. E yo lo hice sacar, y en llegando a un pretil que salía fuera de la fortaleza, queriendo hablar a la gente que por allí combatía, le dieron una pedrada los suyos en la cabeza, tan grande, que de allí a tres días murió; e yo le fice sacar así muerto a dos indios de los que estaban presos, e a cuestas lo llevaron a la gente, y no sé lo que dél se hicieron…

¡así describió los hechos el capitán Hernán Cortés al Rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico!

Ahora Cortés ya no se sentía un embajador… ¡era un conquistador!… ¡pero aún no dominaba el territorio total!

Al saber la ciudad que Moctezuma había muerto – cosa que intimidó a varios nobles- se instauró a Cuitláhuac como nuevo Emperador – que realmente era su hermano-

Al saberse ya coronado, logró rehacer el ejército en total fortaleza y capturó a la retaguardia de Cortés – que aun heridos no lograban mantener el paso- y en la misma fecha de su ceremonia, sacrificó a un medio centenar más, el propio día trece miquiztli, junto con los tlaxcaltecas que habían ayudado a dar muerte al Emperador.

Cuando ya tenía un número considerable de ejército, logró hacerse del campo y territorio que había tocado Cortés, pacificó la zona, logró alimentar y esperar con fortaleza a sus hombres que se contaban por miles…

¡cuando le sorprendió la enfermedad de las costras por todo el cuerpo!

¡se plagó por completo de lo que los hombres de cabello en el rostro llamaban viruela!

¡esa condición cobró la vida de más de dos millones de personas en todo el imperio! incluyendo al Emperador Cuitláhuac… ¡en tan solo unos cuantos meses!

Sin que hubiera un solo conquistador en los territorios Tenochcas – porque huyeron y fueron aniquilados los que quedaron- a la muerte de Cuitláhuac, sube al poder el guerrero encargado de un sector del ejército que derrotó a los opresores ¡Cuauhtémoc!

Una vez que tomó su imperio – el joven tlacatécatl de Tlatelolco- se hizo a reconstruir la ciudad de los dos lagos.

Y en mandato de su soberanía, canceló los tributos a los pueblos que se unieran para reforzar los lazos entre los hermanos… ¡era claro que los europeos lograrían hacerse de fuerza y regresar!

¡hubo quien los escuchó! a la partida hacia la isla grande – la española- a las orillas del mar.

Una vez escuchando arduamente las narraciones de aquellos que seguían a los españoles, Cuauhtémoc debió de tomar una decisión difícil:

¡matar a los hijos de Moctezuma!

Esto debido a que los hijos ya negociaban algunas rendiciones de los imperios que aún tenían resguardo – un poder limitado, pero poder al fin- a los hombres de cabello en el rostro.

Este proceso le ganó el respeto del imperio, pero también, los pueblos que amaban a Moctezuma le rindieron rencor.

La reconstrucción de la ciudad era un trabajo arduo para el joven Emperador de rostro de águila -pero no nuevo- las constantes lluvias hacían que las lagunas – la de sal y agua dulce- subieran de nivel, haciendo que los vaivenes arrecieran y en ocasiones, levantaban olas.

Por lo tanto ¡la reconstrucción es cosa diseñada!

Se comenzaba por las bases de las chinampas – parcelas completas que eran puestas sobre carrizos tejidos fuertemente, haciendo capas de rocas y tierra, sobre monumentales troncos que llegaban hasta el fondo de las lagunas- así se daba cimiento a la gran plancha.

Después se colocaban los adobes para la construcción de muros principales y se levantaban grandes estructuras para soportar lo que serían los templos.

En la reconstrucción de la ciudad, Cuauhtémoc – al revisar personalmente las obras- descubrió que los archivos de la historia de su pueblo habían sido quemados por los españoles.

¡toda la historia natural y religiosa de su ciudad había sido destruída!

¡miles de muertos por la llamada viruela! ¡los muertos por las batallas en la ciudad se contaban por cientos! ¡no importaba si eran mujeres o niños!

¡pero lo más desconcertante era el hambre por el metal dorado de los hombres de rostro con cabello!

Su joven pipiltin – noble que le asesoraba- le comunicaba varias cuestiones que los espías habían encontrado:

-¡mi señor de las mil noches y los fértiles campos! ¡mi águila del cielo azul! ¡mi grano de semilla del maíz de nuestro pueblo!… ¡los señores de rostro blanco están buscando un tesoro que dicen perteneció a tu antecesor Moctezuma!… lo consideran monumental.

-¿cómo pueden mencionar eso?…

-¡creen que lo resguardamos para algún menester!… ¡mi señor de la brisa de la mañana!

-¡guardarlo!… ¡atesorarlo! ¿con qué intención haríamos eso?

El joven pipiltin se puso de rodillas y buscaba entre los escombros algo que rescatar de los escritos puestos en hoja de maguey, donde se narraba la historia del pueblo, la cura para ancestrales males de la zona, la ingeniería de construcción de la ciudad y de lo más valioso, las cuentas de cada uno de los emperadores, su linaje y la sangre de donde provenían…

¡todo se perdió!

El capitán Cortés se recuperaba de heridas verdaderamente letales – que ponían en riesgo su vida- una infección en la rodilla le quejaba profundamente, y un ojo que parecía lo perdería.

En su mente no cuadraban los hechos, ¡unos simples nativos sin técnicas bélicas habían vencido a un ejército de fuerzas descomunales! puestas a prueba en infinidad de ocasiones… ¡no solo ante los musulmanes! ¡sino ante los mismos pueblos europeos! ¡feudos completos caían a los pies de España!

¿Qué decir al Rey Carlos I? ¿cómo explicarle los hechos y narrarle tal desventura?…

-¡tendré que hacer acopio de mis dotes de narración!

Y se puso a escribir las cartas que lo podrían salvar la vida… ¡o condenársela!… ¡aún la orden de fugitivo no expiraba y un grupo lo buscaba salvajemente por la selva de estas tierras…!

¿la misión?… ¡aprenderle y llevarlo ante el gobernador de La Española!

Continuará.

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