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Los límites que estamos sobrepasando

Energía y Medio Ambiente

por Alejandro Angulo
6 octubre, 2026
en Editoriales
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Por una parte, hay que mencionar que, en el año 2024, el mundo experimentó su primer periodo en el que la temperatura media global sobrepasó los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales y el Acuerdo de París.

Y por otra parte, las reservas mundiales de agua dulce sufren un deterioro muy importante y de acuerdo al secretario de la Organización Meteorológica Mundial, señala de que aquellas que suelen servir de ‘colchón’ para que los efectos de las sequías no sean tan graves se están acabando, lo cual es una terrible noticia.

Así es que tenemos dos problemas graves, el incremento de la temperatura provocada por el cambio climático y el agotamiento de las reservas de agua dulce.

En cuanto al primero, un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Limiting Overshoot (Limitando el sobrepaso), afronta esta realidad de manera directa. Y dentro de sus conclusiones llaman al mundo a afrontar, la realidad de que el calentamiento global sobrepasará de manera inevitable el límite de 1,5 °C.

Incluso ahora, en el presente, ya lo sabemos y también ya lo estamos experimentando, como las olas de calor, sequías, incendios, fenómenos meteorológicos extremos y otros riesgos para las personas y los ecosistemas, lo cual resultan cada vez más severos y se dan con más frecuencia. A medida que se continúe en el sobrepaso de 1,5 °C, los impactos climáticos se van a intensificar de forma no lineal y se acumularán con el tiempo.

Por lo tanto, la prioridad inmediata sigue siendo reducir las emisiones de GEI de manera eficiente, rápida y sostenida mediante la mitigación, más que la adaptación, aunque no se debe dejar ésta de lado, pues también contribuye a la disminución y la resiliencia.

El Informe señala también, que alcanzar unas emisiones netas cero podría ser suficiente para detener el calentamiento global, pero volver a estabilizar el clima por debajo de 1,5 °C requiere que alcancemos emisiones netas negativas.

Por lo que respecta al decremento de agua dulce, se dice, según OMM que “ Los ríos del mundo vivieron en 2025 uno de los años más secos de los últimos 35 años: el 36% de las cuencas registró caudales por debajo de lo normal”.

El Informe añade que “Esto no es un solo mal año, sino una señal persistente que se extiende ya durante una década”.

El problema de las reservas mundiales de agua dulce no se limita únicamente a los ríos. Pues las aguas subterráneas, los lagos, la nieve, la humedad de los suelos y los glaciares funcionan como una reserva hídrica que ayuda a mantener el suministro durante sequías y temporadas secas.
Y dichas reservas “… han funcionado como si fueran la cuenta de ahorros del planeta, un colchón que absorbe los años malos para que una sola sequía o una sola temporada seca no se conviertan directamente en una crisis de agua”.

Pero esa cuenta lleva cerca de una década reduciéndose sin tregua: desde mediados de la década pasada, el planeta almacena cada vez menos agua dulce. Y “Sencillamente la estamos agotando”.
Las reservas mundiales de agua dulce subterráneas también muestran señales muy preocupantes. En 2025, casi dos tercios de los pozos que están siendo monitoreados se encontraban fuera de sus niveles históricos habituales. Pero lo peor es que el balance se inclina más hacia el déficit que hacia la recuperación.

El informe no atribuye todos los cambios relacionados con las reservas mundiales de agua dulce observados únicamente al cambio climático. Ya que la presión humana sobre los recursos hídricos (aumento de la población) y la variabilidad natural también influyen. Pero la OMM advierte que los gobiernos ya no pueden planificar suponiendo que las condiciones del pasado seguirán siendo la norma.
“En 2025 y durante los últimos siete años, la forma en que el agua se distribuye en el planeta no es la que vimos durante las tres décadas anteriores”, Pues “El agua a menudo no está donde la necesitamos ni cuando la necesitamos”.

Entonces, tenemos dos graves problemas relacionados con las emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales tenemos que acotar, reducir, capturar y revertir. Y lo que estamos haciendo no es suficiente para revertir las emisiones.

Sin duda el tiempo se nos está acabando y hay que acelerar las medidas. Y desde nuestras casas, trabajo o escuela, hay que ahorrar agua y mantener los equipos eléctricos, lo más que podamos apagados, al igual que reducir el uso del automóvil.

El aumento del nivel del mar, el deshielo de la criosfera, las extinciones de ciertas especies, los cambios en los ecosistemas, el desplazamiento humano o migración climática, las transformaciones en los sistemas alimentarios y de agua, así como las acciones y reacciones de los gobiernos, parecen ahora mismo imposibles de predecir con certeza. Ante lo cual, estamos en una gran incertidumbre.
En el pasado reciente, no hemos hecho caso de todas las advertencias científicas y de los organismos internacionales, pero hoy es tiempo de retomarlas y actuar, o de lo contrario sólo esperar el colapso total, que aún no sabemos con exactitud qué es lo que vendrá, o nos espera.

En resumidas cuentas, es previsible que la trayectoria de sobrepaso también plantea profundas cuestiones de gobernanza y de justicia, pues. ¿Quién decide qué se protegera, qué se reconstruye o qué se deja atrás?

El mensaje central del informe Limiting Overshoot es que resulta necesario reducir la magnitud de estas incertidumbres manteniendo el punto máximo de sobrecalentamiento lo más bajo posible, acortando la duración del sobrepaso y actuando ahora para preservar la mayor flexibilidad posible para el futuro.
“Cada fracción de grado que se evite reduce los riesgos. Cada año en que se acorta la duración del sobrepaso por encima de la meta, reduce la exposición. Cada inversión en resiliencia preserva opciones para el futuro”, eso es lo que propone y afirma el informe.

Etiquetas: agua dulcecalentamiento globalcambio climáticoOMMPNUMA

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