Virginia Hernández Vázquez
Levantarse después de caer. Intentarlo una y otra vez hasta conseguirlo. Reponerse cuando el marcador va en contra. Entender que nadie gana solo y que el esfuerzo individual vale poco si no existe trabajo en equipo. Eso es lo que debemos enseñarles a nuestras niñas, niños y jóvenes. Eso es lo que el futbol puede enseñar y, en consecuencia, lo que un Mundial debería representar.
Comienza la justa mundialista y millones de jóvenes están listos para vivirla con emoción: el intercambio de estampas, las quinielas, las playeras, los partidos y la pasión que se siente en cada esquina. Pero detrás de toda esa emoción existe algo mucho más profundo y valioso: las lecciones que deja el deporte. Desde la SEJUVE hemos decidido poner el foco ahí.
Por ello realizamos el Mundial Joven Aquí Contigo, Querétaro 2026, que representa mucho más que partidos y goles. Representa una oportunidad para alejar a nuestros jóvenes de la cultura de la inmediatez, de la gratificación instantánea y de la falsa idea de que todo puede obtenerse sin disciplina ni esfuerzo sostenido. En una época en la que las redes sociales premian lo rápido, lo superficial y lo inmediato, el deporte sigue enseñando algo esencial: las verdaderas victorias requieren constancia, sacrificio y perseverancia.
El futbol enseña resiliencia. Enseña a soportar la derrota sin rendirse, a respetar reglas, a confiar en otros, a reconocer liderazgos y a asumir responsabilidades. Enseña fortaleza emocional, justicia, disciplina y trabajo en equipo. Y esas habilidades blandas, tan poco valoradas en ocasiones, son precisamente las que forman personas capaces de construir comunidades más sanas y sociedades más fuertes.
Hoy hablamos constantemente de combatir la violencia, el abuso, el bullying, las adicciones y muchos otros males que afectan a nuestras infancias y juventudes. Y sí, debemos enfrentarlos con toda seriedad. Pero si al mismo tiempo no desarrollamos herramientas positivas que formen el carácter, la voluntad y el sentido de pertenencia de nuestros jóvenes, seguiremos únicamente reaccionando a las crisis, en lugar de construir un camino sólido hacia un mejor futuro.
Tenemos que fortalecer aquello que sí puede transformar vidas y en la SEJUVE lo estamos haciendo. El deporte es una de esas herramientas. Porque un joven que aprende disciplina en una cancha entiende el valor del esfuerzo; porque un niño que aprende a perder también aprende a levantarse; porque una niña que descubre la fuerza del trabajo en equipo entiende que nunca está sola.
Por eso hoy vale la pena poner los ojos y el corazón en el futbol. No solamente en los goles, en las figuras internacionales o en la emoción del Mundial, sino en los valores que este deporte puede sembrar en toda una generación. Ahí está la verdadera victoria que debemos buscar.





