En menos de cuatro años, Las Panas, un colectivo de mujeres panaderas, convirtieron un local en obra negra en un proyecto para combatir la violencia de género. Este refugio, arropado por personas en condición de vulnerabilidad social, será demolido para construir un edificio habitacional en el centro de Ciudad de México, actualmente amenazado por la gentrificación.
El olor a pan recién horneado y las consignas feministas escritas en los murales de esta panadería social son un oasis en medio de la superpoblada alcaldía Cuauhtémoc, donde las inmobiliarias y las grandes cadenas comerciales provocan sin descanso el desplazamiento y el cierre de los negocios del barrio.
Rosalía Trujano, directora del proyecto, relata a EFE cómo, en los últimos cuatro años, la gentrificación ha ido devorando la zona hasta dejarla sin agua, sin economía local y convertida en un enclave de megaproyectos millonarios impulsados con motivo del Mundial de fútbol, como la Calzada Flotante de Tlalpan.
Resistencia comunitaria frente a la gentrificación
«Nosotras somos un ejemplo de montones», afirma Trujano, al señalar que el fenómeno de los desalojos en el centro de la ciudad se ha intensificado, sin señales de detenerse tras los grandes proyectos urbanos.
Para la fundadora, cada desplazamiento provocado por la gentrificación implica un duelo. El suyo comenzó cuando les notificaron que tendrían que desalojar el inmueble para construir nuevas zonas habitacionales en la zona.
«Es empezar desde abajo», reconoce, al explicar que deberán buscar alternativas más lejanas debido a los altos costos de renta y la falta de apoyo institucional.

Proyectos sociales y acompañamiento a mujeres
Las Panas no es solo una panadería, sino una asociación civil que acompaña a mujeres y disidencias que viven violencia mediante talleres de panadería como espacio terapéutico y herramienta de emprendimiento económico.
El objetivo es que las mujeres salgan fortalecidas con herramientas económicas que les permitan integrarse a otros espacios laborales o emprender sus propios proyectos de panadería.
Es el caso de Alma Palomec, quien durante la pandemia encontró en Las Panas un espacio de reencuentro personal y una alternativa laboral libre de precarización.
La incertidumbre y la resistencia colectiva
Pese a la noticia del desalojo, Palomec continúa trabajando la masa con cuidado, consciente de que forma parte de un proyecto colectivo donde la resistencia se construye en comunidad.
Trujano reconoce que el espacio dejará un vacío en el barrio, pero asegura que el proyecto no busca ser indispensable, sino abrir caminos para nuevas formas de organización comunitaria.
Mientras tanto, preparan una despedida con la gente del barrio para el Día de Muertos, como símbolo de resignificación y continuidad en otros espacios de la ciudad.









