Roberto Antonio Velázquez Nieto y Gabriela Cabrera Herbert
Como lo señala el sociólogo Patrick Mignon considera el fútbol como uno de los reflejos más fieles de la evolución, positiva o negativa, de las sociedades contemporáneas. Es lo que demuestra en su libro Passion du Footbol (La Pasión del Fútbol), como best seller en Francia. Para Mignon, el estadio es el lugar ideal para “observar al pueblo en toda su diversidad”.
Señala: “el partido de fútbol dice cosas esenciales sobre las sociedades en la que se da, y rebasa el marco de simple juego. El fútbol permite dibujar el mapa social de un país, como México. La naturaleza de las relaciones humanas, la búsqueda de identidad de unos y otros”. El fútbol es una gran oportunidad para no perder el contacto con el pueblo. El fútbol son manifestaciones culturales de masas.
La selección mexicana es el origen de un nacionalismo de uso exclusivo para el relajo.
El fervor patriótico es tan genuino que el miércoles 17 de junio, en Guadalajara, en el partido de las selecciones, México-Corea, sede no necesariamente temporal de la nacionalidad, la mayoría optó por disciplinarse ante los símbolos y en forma masiva se atavió de verde, blanco y rojo.
De modo complementario, se esparce el maquillaje cívico, muchas y muchos ostentan mejillas trigarantes lo dividieron el rostro en tres porciones la industria nacional del nacionalismo también admite la concientización de los cosméticos.
Una gesta patriótica se inicia en la elección de tintes y tonalidades, y se perfecciona en la obtención de aditamentos. La bandera de México, en sus innumeras, manifestaciones, no es exactamente un aditamento, pero si lo son las camisetas algo chovinistas de consignas un tanto desafiantes.
Fundidos en una sola voluntad , los fanáticos y por ello mismo, los patriotas apoyan a la selección mexicana con intensidades naturales , ademanes nerviosos, preocupaciones vertidas en monólogos de distinta intensidad, chiflidos, olas, porras. Cada espectador se sabe un experto y dictamina, prodiga y niega reconocimientos, se queja del nivel del juego y lo considera maravilloso, levanta en señal de triunfo el pulgar y le mienta la madre al infinito. En los segundos muertos adoctrina partidistamemte a su vecino, a su compadre, su familia. “Vamos a ganar, vamos ganando, ya la hicimos” todo es plural la Selección Nacional es México, y nosotros somos la Selección Nacional y México -por cortesía de México vuelve a ser nuestro.
Como es ese nuevo entusiasmo nacionalista futbolero. Por el uso incesante de la primera persona del plural, por el asalto de las tecnologías, la inteligencia artificial, al grito primigenio y por el carácter necesariamente apolítico.
Por razones internacionales, tecnológicas, comerciales, culturales, sociales, el fútbol ha sido la respuesta unificadora, y las victorias de la selección nacional, las aprovecha la necesidad compulsiva de victorear a México, sin riesgos psicológicos. Aquí perdiste modernidad. Aquí fallaste, espíritu clasista. Aquí no entras, conciencia de culpa cívica. En materia de fútbol las clases se borran y no da vergüenza, al contrario, ser abiertamente nacionalista. Cuando gana la selección mexicana, este nacionalismo alcanza el clímax en torno del Ángel de la Independencia, la Minerva, en Guadalajara, el jardín Zenea en Querétaro. Se manifiesta a través del triunfo, la fiesta hasta la madrugada. Los saltos al vacío de la inconsciencia chovinista , de los sarapes y bigotes para las estatuas de Paseo de la Reforma. Allí se estableció la “Nación del Reventón”, cuya única regla es libre juego para el gozo y el desmadre.






