Roberto Antonio Velázquez Nieto y Gabriela Cabrera Herbert
A las 5:30 en punto, el silbido que hace 122 años anunciaba la llegada del tren de México volvió a escucharse. Solo que esta vez anunciaba el danzón.
La cantera rosa y gris, almohadillada la misma que vio el arquitecto R. T. McDonald levantar en 1903- se iluminó de gala. El piso de duela, que soportó maletas de viaje y sillería de espera por muchos años, crujió de nuevo, pero esta vez bajo zapatos de charol y vestidos largos.
Fue el primer Baile de Gala de Danzón en la historia del recinto.
La bonhomía del danzonero se hizo presente. No hubo pista y publicó; hubo una sola familia. El Grupo de Danzón de Baile Querétaro abrió la noche con la elegancia de quien sabe que el danzón no se baila, se camina con distinción.
Siguieron los de la casa: la Compañía Danzoneros de Corazón de Querétaro, las parejas que ya son emblema del edén: Roberto y Blanquita, Ricardo y Andrea, Manuel y Mari Carmen, Mary Cervantes y Miguel Rojas, Concepción Vilchis Ochoa y Jesús Ramírez, Lupita Ortega y José Lima.
El momento cumbre llegó con el danzón colectivo “Piensa en mí” del flaco de oro Augustín Lara, el divino cursi. Más de cien parejas al mismo tiempo, girando bajo la vieja techumbre de hierro, por un instante, el 2026 y 1904 fueron el mismo año.
Amenizó, Sonido Cachahua, el Sonido de los Danzoneros, con esa cadencia que no necesita prisa.
A las diez de la noche, termino. Afuera, como cada noche desde hace 122 años un tren cruzó sin detenerse frente a la estación adentro el perfume se mezclaba con olor a madera vieja.
Al final, todos nos fuimos bailando como se iban antes los trenes: despacio, sin quererse ir.
No fue solo un baile. Fue un reencuentro con nuestra historia. Gracias a quienes lo hicieron posible por recordarnos que en Querétaro aún se baila con elegancia.







