La interna de Morena en Querétaro arrancó con una verdad que no necesita encuesta: las fotos también hablan. Y cuando se abre la toma, cuando no hay encuadre cerrado ni boletín que maquille la escena, se nota quién trae gente y quién sólo trae ganas de negociar.
Huimilpan fue la postal incómoda de la semana. Una carpa floja, sillas vacías, rostros dispersos y esa sensación de evento armado con alfileres. Más que asamblea, pareció ensayo. Más que músculo, mostró flaqueza. Ahí quedaron exhibidas varias tribus que durante meses presumieron territorio, estructura, “pueblo” y operación, pero a la hora buena no juntaron ni el ánimo.
La diferencia brinca cuando se contrasta con lo que viene mostrando Luis Humberto Fernández. En Pedro Escobedo, San Juan del Río, Amealco y Ezequiel Montes no sólo hubo foto: hubo asistencia, salón, campesinos, madres de familia, ejidatarios, asociaciones, productores y liderazgos comunitarios. Es decir, lo que en política pesa: gente real, no aplauso rentado ni militancia de escritorio.
Luis Humberto entendió algo elemental: la interna no se gana con pose, se gana caminando. Y hasta ahora ha mostrado territorio, cercanía, discurso social y presencia en municipios donde Morena necesita algo más que grilla de café.
Del otro lado está Ricardo Astudillo, que desde el Verde también trae ruta propia. No aparece perdido ni escondido. Está en medios, reuniones, encuentros políticos y espacios públicos. Astudillo está haciendo lo que varios no han podido: estar en Querétaro, dar la cara y ocupar conversación. Su narrativa es simple, pero efectiva: presencia frente a ausencia.
Por eso el problema no es sólo que algunos no llenen. El problema es que llevan meses vendiendo una fuerza que no se ve. Chema Tapia, Gilberto Herrera, Beatriz Robles y otras corrientes menores quedaron atrapados entre el discurso y la realidad. Mucha amenaza interna, mucho mensaje en redes, mucho operador opinando, pero poca calle cuando toca demostrar.
Y ahí se cayó el mito.
Porque la política real no se mide por encuestas pagadas, ni por diseños bonitos, ni por cuentas que repiten consignas como pericos. Se mide cuando convocas y llega gente. Se mide cuando caminas y te reconocen. Se mide cuando un evento no necesita truco fotográfico para parecer lleno.
La semana también dejó otra lectura: varios no están compitiendo para ganar, están compitiendo para vender caro su retiro. No buscan proyecto; buscan lugar en la mesa. No traen estructura; traen factura. No traen pueblo; traen prisa por negociar.
Huimilpan no fue un tropiezo menor. Fue una radiografía. Mostró el tamaño real de tribus que se creían indispensables y terminaron viéndose como borracho atropellado: tirados en plena calle política, esperando que alguien los levante.
Hoy, la interna parece tener dos carriles visibles: Luis Humberto Fernández por Morena y Ricardo Astudillo desde el Verde. Los demás tendrán que demostrar algo más que saliva.
Porque en Querétaro, al menos esta semana, unos llenaron salones.
Otros llenaron pretextos.
Colofón
Gilberto Herrera puede quedar fuera no por encuesta, sino por expediente.
La ficha es simple: pidió licencia el 23 de junio mediante el oficio GHR/LXIV/097/2026, se registró el 26 de junio como aspirante de Morena y el 2 de julio reapareció en la Cámara de Diputados usando recinto, imagen institucional y narrativa partidista para golpear a Mauricio Kuri por El Batán.
Acusó “cártel inmobiliario”, corrupción y drenaje en la presa sin dictamen final de Conagua, sin carpeta, sin peritaje, sin resolución y sin prueba pública directa.
Eso ya no es debate ambiental.
Es posible uso indebido de recursos públicos, promoción personalizada, intervención electoral y campaña desde instalaciones federales: 134 constitucional, LGIPE 445 y 449, Ley de Delitos Electorales y Responsabilidades Administrativas.
Y si además imputó delitos sin soporte, abrió otra puerta.
Gilberto no se bajó: se puso solo la ficha electoral y penal sobre la mesa.
La salida puede venir antes que la encuesta.
Traspié…
El pecado no fue viajar. El pecado fue mentir.
El pecado fue mandar a otros a desmentir, señalar y criminalizar, mientras en privado ofrecía disculpas porque apenas venía de regreso.
Llegó tarde. Llegó presionado. Llegó después de negar lo evidente.
Primero el viaje fifí. Luego el cuento. Al final, la confesión.
En política la ausencia pesa, pero la mentira hunde.
A chambear.
@GildoGarzaMx









