La presidenta volvió a berrear con el tema de la doble nacionalidad, como si la lealtad a México pudiera medirse contando pasaportes, pero no en credenciales de elector, ahí no aplica. Mala discusión y peor momento para plantearla, sobre todo vista desde Querétaro, un estado que entendió hace décadas algo que en Palacio Nacional todavía cuesta trabajo digerir: el mundo no termina en la frontera, ni en las investigaciones de EUA.
Querétaro está prácticamente dolarizado. Su industria, sus exportaciones, proveedores, inversiones y buena parte de sus cadenas productivas viven conectadas con Estados Unidos y el mercado internacional. Aquí hay empresas que llegaron por estabilidad, infraestructura y certeza para hacer negocios, no para volverse conejillos de indias de la ocurrencia sexenal.
Rumbo a 2027 hay que defender lo que ya está construido.
Mientras tanto, Morena decidió comenzar a hacerse pedazos antes de tiempo.
Santiago Nieto ganó la primera de la pre batalla. Ya tiene la silla, el membrete, la fotografía y la exposición que necesitaba para convertirse en aspirante-suspirante a la gubernatura. Lo que pasa es que ganar una coordinación no alcanza para ganar un partido.
Mucho menos para controlar sus tribus. Más todos los enemigos que tiene…
Luis Humberto Fernández entendió las reglas y se portó como caballero: reconoció el resultado y levantó la mano. El problema está varios escalones abajo. Alex Pérez y los de su entorno, empezando por Larracochea, confundieron el triunfo interno con una coronación. La soberbia y los desplantes hacia otros grupos pueden salirles bastante caros.
En política primero se cuentan aliados.
Después se reparten desprecios.
—Clase gratis, Santiago. De esas que tus asesores no te van a dar.
Ricardo Astudillo también entendió la nueva correlación. Sacó sus canicas y no tiene por qué regalárselas a Santiago. El Verde puede valer más caminando solo que entrando de gratis a una supuesta unidad donde Morena se queda con el pastel y reparte migajas.
Astudillo tiene estructura y votos, y sabe negociar. ¿Para qué entregarlos antes de tiempo?
Pero el verdadero problema de Santiago se llama gilbertismo.
Gilberto Herrera perdió la carrera por la coordinación. No perdió a su pequeño ejército. Ahí está la diferencia.
La propaganda hoy puede estar del lado de Santiago. Buena parte del campo, la estructura territorial y los operadores siguen respondiendo a otra referencia. Por eso la famosa unidad de Morena se ve como fotografía sostenida con alfileres.
Su presidenta Gisela Sánchez terminó de decirlo sin incendiar la casa: aceptarán las reglas de Santiago, sí, pero el proyecto de Gilberto sigue vivo y esperarán las negociaciones.
O sea que aquí nadie entregó las llaves.
El gilbertismo ahora va por consejeros, estructura, candidaturas y posiciones. Quieren mantener el control interno, reelegir a los suyos, meter cuadros nuevos y conservar con qué condicionar cualquier negociación.
Hasta Corregidora aparece como salida para Gilberto si decide cambiar gubernatura por territorio.
Y si en esa repartición pretenden convertir a AVSE en diputado local, háganme el fravón cabor.
Los silencios también cuentan. Hubo quien tuvo tiempo de felicitar de inmediato triunfos de Morena en otros estados y batalló para celebrar el de Santiago en casa. Ruptura todavía no es. Incomodidad, toda.
En Morena no hay unidad, hay regateo. Punto.
Santiago ganó la silla. Gilberto conserva una parte del ala radical y Astudillo guarda sus canicas.
Gisela espera la negociación, Luis Humberto ya cumplió y los demás andan haciendo cuentas.
Pero cuidado: el que sí llegó con liderazgos de verdad, estructura propia y gente que no necesita que le digan cómo operar, fue Luis Humberto. Y bien acomodada, esa fuerza puede pesar más que las de Gilberto, Astudillo y Bety por separado. No ha enseñado todas sus cartas.
Aguas.
Y enfrente, el PAN come palomitas.
Ese es también su error.
Martín Arango puede decir que Santiago le resulta indiferente. Felifer Macías puede asegurar que manden a quien manden van a ganar. Luis Nava puede hablar de experiencia, unidad y trabajo.
Muy bonito.
Pero las elecciones no se ganan esperando que el adversario se suicide.
Desde hace tres años hace falta un mariscal de campo que opere políticamente Querétaro. No Gansitos ni Bubulubus. Alguien que vea cinco jugadas adelante, que articule, cierre acuerdos, entienda el territorio y planche narrativas.
Administradores de encuestas ya sobran.
Felifer o Luis Nava. Uno tiene juventud y posicionamiento, el otro experiencia y operación. Ya deberían estar resolviendo esa ecuación.
Y, por favor, no abandonen la capital creyendo que cualquiera la conserva por inercia. Mucho menos entregarla al ñoño “Changustín”, o la candidatura de la gubernatura a Chepe, pensando que el voto panista viene escriturado.
Tamaulipas también creyó alguna vez que ciertas cosas eran imposibles.
Hasta que resopló el viento.
Y cuando hay demasiada pólvora acumulada, basta una chispa.
Después, como dice mi amigo y compañero “El Marmiko”, Marcos Miranda: no digan que no se los dije.
A chambear, que no ocupamos babas ni rogar a nadie.







