Roberto Antonio Velázquez Nieto y Gabriela Cabrera Herbert
Para entender el paro de hoy en el IMSS. Hay que regresar a 1964. No a 2024, no a la pandemia. A 1964.
Ese año los médicos residentes e internos del país dijeron basta. Trabajaban sin contrato, sin prestaciones, sin derecho a enfermarse. El IMSS les pagaba 400 pesos al mes en calidad de “becarios”, con jornadas de hasta 48 horas continuas. Si protestabas te ibas a la calle.
Se organizaron en la Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos (AMMRI) y su primera demanda fue clara y sigue vigente”: Revisión legal y cambios en los términos e incisos del contrato Beca… en el sentido de lograr un contrato anual renovable de trabajo con estipulaciones de antigüedad”. No pedían privilegios pedían dejar de ser becarios y ser reconocidos como trabajadores.
La respuesta del Estado fue ejemplar. El presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien tres años después reprimiría el 68, amenazó con procesarlos por “homicidio por omisión, asociación delictuosa, abandono de empleo”y advirtió que procedería en “forma prudente pero vigorosa en contra de los responsables.” Ordenó el despido masivo de más de 200 médicos, mandó granaderos a tomar hospitales y les retiró la cédula profesional como castigo.
El mismo año que el Estado aplastaba el movimiento médico, aplastaba también a la sierra. El 23 de septiembre de 1965, el Grupo Popular Guerrillero asaltó el cuartel de Madera, Chihuahua, exigiendo tierra y justicia para los campesinos. La respuesta fue la misma: ocho guerrilleros muertos, exhibidos en la plaza y sepultados en fosa común con la orden del gobernador: “Querían tierra, darles tierra hasta que se harten”.
Médicos en la ciudad, guerrilleros en la Sierra, estudiantes después. Eran luchas distintas con un mismo patrón: un Estado que no negociaba, reprimía. Por eso Madera no es un hecho aislado, es el antecedente de la guerra sucia y el 68.
El movimiento médico fue derrotado militarmente en 1965, pero ganó moralmente. Por primera vez se reconoció que el médico residente es un trabajador. Y sembró la semilla de conciencia que estallaría en 1968.
Por qué importa esto hoy. Porque el IMSS nunca resolvió el fondo. Cambió el nombre de la beca a “apoyo”, del eventual a “contrato precario”, pero la lógica es la misma sostener el sistema de salud más grande de América Latina con la sobreexplotación de su personal más joven.
Hoy un médico que hace guardias que la OIT calificaría de trabajo forzado. Un general gana 14 mil pesos al mes con contrato de tres meses. Si exige, no lo renuevan. Si denuncia falta de insumos, lo tachan de conflictivo.
Por el paro de hoy no es un abandono. Es una memoria.
Cuando un médico para, le recuerda al Estado que la salud no se sostiene con aplausos ni con discursos de héroes. Se sostiene con contratos, con descansos, con medicamentos en el anaquel.
En 1964, mediante la campaña de desprestigio de la prensa oficial, los médicos salieron con una pancarta que hoy vuelve a tener sentido: “La prensa miente, el paro es justo, únete al pueblo”.
La bata blanca se cansa. Y cuando se cansa, nos toca a todos sostenerla. Usted qué opina, amable lector.





