José Luis González Garibay

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REFLEXIONES

Inteligencia Emocional. Primera Parte

Entre Los nuevos elementos que se han incorporado al trabajo en formación y perfeccionamiento del Ser Humano, es precisamente el de la Inteligencia Emocional, y que se ocupa entre otras cosas de observar La conducta de los Seres Humanos en cuanto a la expresión de sus sentimientos, y a los que atribuye gran posibilidad de éxito en sus relaciones y actividades, así que amables lectores con su anuencia y la de nuestros editores comenzamos

El concepto de  Inteligencia Emocional  ha llegado a prácticamente todos los rincones de nuestro planeta, en forma de tiras cómicas, programas educativos, juguetes que dicen contribuir a su desarrollo o anuncios clasificados de personas que afirman buscarla en sus parejas. Incluso la UNESCO puso en marcha una iniciativa mundial en 2002, y remitió a los ministros de educación de 140 países una declaración con los 10 principios básicos imprescindibles para poner en marcha programas de aprendizaje social y emocional.

El mundo empresarial no ha sido ajeno a esta tendencia y ha encontrado en la inteligencia emocional una herramienta inestimable para comprender la productividad laboral de las personas, el éxito de las empresas, los requerimientos del liderazgo y hasta la prevención de los desastres corporativos. No en vano, la Harvard Business Review ha llegado a calificar a la inteligencia emocional como un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial. Revelando de forma esclarecedora el valor subestimado de la misma, la directora de investigación de un head hunter ha puesto de relieve que los CEO son contratados por su capacidad intelectual y su experiencia comercial y despedida por su falta de inteligencia emocional.

Sorprendido ante el efecto devastador de los arrebatos emocionales y consciente, al mismo tiempo, de que los tests de coeficiente intelectual no arrojaban excesiva luz sobre el desempeño de una persona en sus actividades académicas, profesionales o personales, Daniel Goleman ha intentado desentrañar qué factores determinan las marcadas diferencias que existen, por ejemplo, entre un trabajador “estrella” y cualquier otro ubicado en un punto medio, o entre un psicópata asocial y un líder carismático.

Su tesis defiende que, con mucha frecuencia, la diferencia radica en ese conjunto de habilidades que ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si para ello se utilizan los métodos adecuados.

La emoción y la inteligencia ya no son como lo fueron antes: Incompatibles, según los últimos estudios, para ser listo y triunfar no hay que reprimir los sentimientos, sino canalizarlos adecuadamente, y obviamente hay que saber cómo aprender y practicar.

La respuesta no está en la cabeza, sino en el Corazón, los sicólogos Peter Salovey, de la Universidad de Yale, y John Mayer de la Universidad de New Hampshier, han sorprendido a medio mundo con su particular respuesta a esta pregunta; El Éxito no está en la Cabeza, sino en el Corazón. Cualidades como la capacidad de entender los sentimientos propios, la habilidad para comprender los del vecino y el control de las emociones para conseguir un Fin.

Ambos sicólogos, con la ayuda del escritor científico Daniel Goleman, han inventado un nuevo concepto con el que pretenden abarcar dichas capacidades, hasta ahora discriminadas en los planes de estudio y en las técnicas de evaluación profesional: La Inteligencia Emocional, una nueva medida de nuestro intelecto que poco tiene que ver con los Test de Cociente Intelectual al Uso.

El conocido Filosofo José Antonio Marina lleva años investigando el complicado mundo de las emociones humanas y no se extraña del éxito que ha alcanzado esta novedosa propuesta, “ El Concepto de Inteligencia Emocional-comenta- no hace más que afirmar una vieja idea manejada por muchos : Lo que llamamos afectividad; es decir , nuestros sentimientos y emociones influyen muchísimo en el desarrollo y la eficacia del intelecto”.

Siempre que busquemos la definición de cualquier cosa nos será imposible encontrar la “Definitiva” hay autores que coinciden en alguna parte y otros que varía en mucho, pero aun corriendo esos riesgos intentémoslo:

¿Qué es inteligencia emocional? El concepto de inteligencia emocional se refiere a las capacidades y habilidades psicológicas que implican el sentimiento, entendimiento, control y modificación de las emociones propias y ajenas. Una persona emocionalmente inteligente es aquella capaz de gestionar satisfactoriamente las emociones para lograr resultados positivos en sus relaciones con los demás.

Existen dos formas elementales de inteligencia emocional: la inteligencia interpersonal implica entender y comprender las emociones de los otros y tener la habilidad de reaccionar según el estado anímico del otro,  mientras que la inteligencia interpersonal se refiere a la comprensión de las propias emociones, de tenerlas en cuenta al momento de tomar decisiones y ser capaz de regular las emociones según la situación.

Surgimiento de la ‘Inteligencia Emocional’; A pesar de que varios psicólogos ya habían señalado la insuficiencia de los elementos cognitivos y racionales como únicos indicadores de inteligencia, el concepto surge en 1983 con el psicólogo Howard Gardner, quien considera a los test de coeficiente intelectual como insuficientes para lograr una apreciación de la inteligencia.

La difusión del concepto entre la población, a partir de la divulgación científica llevada a cabo por diversos académicos (entre los que cabe destacar al psicólogo Daniel Goleman, autor del libro más vendido sobre el tema), fomentó la aparición de seminarios, talleres y cursos vinculados al aprendizaje de la inteligencia emocional, que se generalizaron rápidamente en la sociedad, especialmente en el ámbito empresarial, proveyendo técnicas y herramientas para reforzar las habilidades intra e interpersonales.

La divulgación del concepto también impulsó la aparición de numerosos test, con el objetivo de medir, calcular y comparar las habilidades emocionales de las personas, pero al no ser las características afectivas y sentimentales de fácil medición, muchos de estos test no cuentan con aval científico

La difusión del concepto entre la población, a partir de la divulgación científica llevada a cabo por diversos académicos (entre los que cabe destacar al psicólogo Daniel Goleman, autor del libro más vendido sobre el tema), fomentó la aparición de seminarios, talleres y cursos vinculados al aprendizaje de la inteligencia emocional, que se generalizaron rápidamente en la sociedad, especialmente en el ámbito empresarial, proveyendo técnicas y herramientas para reforzar las habilidades intra e interpersonales.

La divulgación del concepto también impulsó la aparición de numerosos test, con el objetivo de medir, calcular y comparar las habilidades emocionales de las personas, pero al no ser las características afectivas y sentimentales de fácil medición, muchos de estos test no cuentan con aval científico.

Habilidades y Ventajas de personas emocionalmente inteligentes
Existen ciertas habilidades prácticas que se manifiestan con mayor intensidad en las personas emocionalmente inteligentes, tales como la empatía, la capacidad de motivación (tanto hacia uno mismo como hacia los demás), la autoconciencia, la capacidad de controlar la exteriorización de las emociones, el liderazgo, entre otras. Generalmente, estas habilidades son utilizadas como indicadores de la inteligencia emocional, cuando se quiere medir esta habilidad psicológica.

La inteligencia emocional desempeña un papel central en el éxito o el fracaso de todo tipo de relaciones humanas, desde las sentimentales y familiares hasta los vínculos laborales. También es un factor determinante en el funcionamiento de las organizaciones, ya que la empatía, autocontrol emocional y motivación de las personas puede condicionar el trabajo en equipo, haciéndolo más o menos eficiente y satisfactorio. Estas habilidades también son importantes en la capacidad de las personas de convencer, manipular e incluso dominar a los demás

Nos vemos en la que sigue : Continuaremos.

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