José Fonseca

CAFÉ POLÍTICO

Las ONG no son legisladores electos

Aunque la ley de seguridad interior ya fue aprobada por las dos Cámaras del Congreso de la Unión, los oponentes no se dan por vencidos, ahora le piden al Presidente de la República que no la promulgue, que la devuelva con observaciones, en pocas palabras que la vete.
Señal que los opositores a la ley no aceptan perder. Y algunos recurren a argumentos retorcidos.
Alegan que los diputados y senadores que la aprobaron no tienen ninguna representación, y afirman que si la tienen los representantes de las organizaciones de la sociedad civil.
Con todo respeto, lo dudo,, porque los senadores y diputados están en el Congreso por el voto de millones de mexicanos que acudimos a las urnas.
Quizá, como dicen, los dirigentes de las organizaciones saben más que los legisladores, pero en las democracias la representatividad se gana en las urnas.
Los diputados y senadores tuvieron que ganarse el voto.
Y, que yo sepa, nadie acudió a las urnas para votar por los dirigentes de las organizaciones civiles, ni nacionales ni extranjeros.
Pacto con el diablo
Dicen que estamos en etapa de precampañas, pues será, pero la catarata de spots nos hace sentir que ya estamos en la campaña.
Un amplio sector de la opinión progresista está confundido y desconcertado por la alianza de Morena con el Partido Encuentro Social, un partido con tintes religiosos inocultables.
A muchos que se consideran de izquierda les parece incongruencia que aquel a quien ven como el candidato de la izquierda, López Obrador, sume a su alianza al PES.
El dirigente de Encuentro Social dijo que no harían alianzas. Y están en Alianza con Morena. Prueba que en las luchas por el poder todos son iguales.
A la gente de izquierda, desconcertada y porque López Obrador los lleve a la elección con un partido que ellos consideran de ultraderecha, bien podría el tabasqueño recordarles que fue Lenin quien dijo que, si para triunfar debía sentarse a cenar con el diablo, pues se sentaría a cenar con el diablo.
Prueba de que, en asuntos de política, Lenin no era aferrado, era realista.

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