Jorge Ramos

BLINDAJE FINANCIERO

Calificación de S&P, voto de confianza; fortalece posición política de Meade.

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, está que brinca de gusto porque Standard & Poor´s mejoró la perspectiva de la deuda soberana de México de negativa a estable, y no es para menos.

La decisión de S&P significa que cree en el proceso de consolidación fiscal de las finanzas públicas comprometido por la SHCP, el cual consiste  en reducir el déficit y la deuda amplia del sector público como proporción del PIB.

En otra colaboración le expliqué que la SHCP ha venido disminuyendo los Requerimientos Financieros del Sector Público, definidos como la adquisición de deuda nueva, y con ello el déficit en el balance público.

Adicionalmente, desde hace un par de años ha venido realizando recortes al gasto público y utilizado parte de los remanentes de operación del Banco de México para amortizar vencimientos de deuda.

Con estas acciones, disminución de colocaciones de deuda, recortes al gasto y prepago de pasivos, pretende reducir el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros, deuda amplia del sector público, de 50.2 a 48% del PIB.

Se trata de una proyección de la SHCP que S&P considera viable, obviamente, de ahí que haya mejorado la perspectiva de su calificación a la deuda soberana de México de negativa a estable.

Más trascendente aun es que la decisión de S&P hace suponer que las otras dos grandes calificadoras de riesgos, Fitch Ratings y Moody’s, seguramente también mejorarán sus respectivas calificaciones a la deuda soberana de México.

De ser el caso, una mejor calificación abona para que, en lo financiero, México tenga acceso en condiciones más favorables a los mercados de deuda, nacionales e internacionales.

Y en lo político, para que el responsable de las finanzas públicas del país fortalezca su posición como aspirante a la candidatura a la Presidencia de la República, aunque, evidentemente, su postulación no depende sólo de eso.

En la arena política hay otros jugadores interesados en mandar a Meade al Banco de México, en sustitución de Agustín Carstens, quien está a escasos de meses de dejar el puesto.

Pero independientemente de ello, de regreso al proceso de consolidación fiscal y a la calificación de S&P, tenemos que recordar que el primero está por verse y que la segunda es temporal, está sujeta a cambios, obvio, en cualquier sentido.

Si la SHCP logra reducir de 50.2 a 48 por ciento el Saldo Histórico de los requerimientos Financieros del Sector Público es posible que tengamos otra mejora de la calificación crediticia de S&P, Moody´s y Fitch en 2018.

Pero el asunto es que si bien las mejores calificaciones ayudan a que México acceda al mercado de deuda nacional e internacional en relativamente mejores condiciones que otros países, en lo sucesivo se trata de no endeudar más al país.

El que las calificadoras nos mejoren la calificación no significa que las finanzas estén bien del todo. Recordemos que están presionadas por los gastos obligatorios (servicio de la deuda, transferencias federales a estados y pensiones).

Todo ello en un contexto en el que se anticipa para 2018 magros ingresos petroleros, desaceleración de los tributarios y ausencia de remanente de Banxico.

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