Jerónimo Gurrola Grave

ANTORCHA CAMPESINA

Desastre e intolerancia

El país está revuelto y no es para menos. En los últimos años, pero de manera especial desde el período de la definición de candidatos y el inicio de la campaña por la sucesión presidencial, México ha sufrido un deterioro impresionante. El ambiente se ha enrarecido y la relación entre los mismos mexicanos se ha hecho cada vez más tensa, situación explicable por la actitud y el discurso de quien tiene en sus manos el poder de nación.

Durante la campaña y con mayor razón después del primero de julio, basado en la cantidad de votos obtenida, Andrés Manuel López Obrador, gobierna para los suyos, ya que un día sí y otro también, se ha dedicado a promover el odio y el rencor entre la población, pues, lo mismo acusa, agrede y amenaza con términos vandálicos y a años luz de un jefe de Estado, en la mayoría de los casos sin mayor sustento que sospechas y subjetivismos; y lo peor, cuando menos hasta hoy, con pocos resultados concretos. Algunos ejemplos de su errónea actitud son los siguientes.

Sin haber asumido aún el gobierno, Amlo, con la justificación de una consulta manipulada canceló el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, con millonarias pérdidas que seguramente pagarán lo mexicanos.

Sin decir “agua va”, presentó una iniciativa para reducir comisiones bancarias, ocasionando la desestabilización de los mercados, depreciando el peso, aumentando la deuda externa y generando cuantiosas pérdidas a las afores.

Durante su campaña política prometió bajar el precio de las gasolinas, reduciendo el impuesto, aunque ya en el poder, los diputados de Morena, en sesión del congreso, negaron haberlo prometido y reducir el impuesto.

En sus conferencias mañaneras varias veces ha acusado a los ex presidentes de la República, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto Acusó de complicidad en el robo de combustible.

En los funerales de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y el senador Rafael Moreno Valle, llamó hipócritas, corruptos, mezquinos, y neofascistas a quienes solicitaban al gobierno federal, una investigación limpia y expedita de la caída del helicóptero.

Contrario a su promesa de que no habría censura contra los medios de comunicación, regularmente, arremete contra los medios de comunicación y periodistas que critican su gestión, llamándolos despectivamente; fifís, conservadores, amarillistas, calumniadores, “no honestos” y “no serios”, y hace tres días, nuevamente los llamó malintencionados, tendenciosos y reverendos hipócritas.

Ha acusado por todo el país a partidos y organizaciones sociales no afines, de haber recibido dinero y quedarse con “moches” de los programas sociales de los gobiernos, sin aportar las menores pruebas de sus dichos.

Ordenó el combate al robo de combustible sin un plan estratégico, cerrando los ductos para el abasto de gasolinas en toda la república para transportarla en de pipas, provocando con ello, como estamos viendo, una tremenda crisis que repercute ya en la economía de los mexicanos y sin castigar a las mafias que cometen este delito, porque según él, carece de pruebas para hacerlo.    

AMLO y su partido Morena, han creado toda una estructura cibernética para descalificar con palabras ofensivas y terminajos propios de su nivel cultural y educativo, a quienes critican las acciones fallidas de su gobierno.

Con todo respeto, ¿no habrá en su gabinete alguien que oriente al Señor Presidente, que le recomiende vacaciones o que acuda con algún medico de su confianza, a terapias de personalidad y estabilidad emocional? Porque ciertamente, AMLO obtuvo 30 millones de votos, y fue electo como el presidente de todos los mexicanos pero eso no le da derecho a actuar irresponsablemente, a acusar sin sustento, calumniar, ofender y llamar al linchamiento a los mexicanos que no piensan como él y sus partidarios. Promover el odio y el rencor no es propio de buenos mexicanos y menos de un jefe de estado.

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