JACQUES ROGOZINSKI / LA NARRATIVA POLÍTICA DE LA DESIGUALDAD (2)

MITOS Y MENTADAS

La columna anterior terminó con varias preguntas. La primera de ellas era quien tenía razón en cuanto a las causas del crecimiento en la desigualdad económica: si son las reducciones en las tasas del impuesto sobre la renta y los abusos de las empresas, la inmigración y el libre comercio. De hecho todos estos factores contribuyen. ¿Cual de estos influye más?  El tema no es solo teórico sino también político. Los políticos liberales asegurarán que son las dos primeras y los conservadores las dos últimas. Ambos respaldarán sus aseveraciones con datos y estudios y manipularán las estadísticas en la forma que más les convenga para defender sus postulados.

Más allá de las narrativas políticas, la realidad es que la desigualdad tiene distintos orígenes, que además, cambian en el tiempo y dependen de un contexto y cultura específico. Tres siglos atrás la fuente de la desigualdad económica era la tierra. La revolución industrial cambió la fuente de generación de la riqueza, desplazando a los terratenientes. Hoy la desigualdad económica, además de las políticas gubernamentales, se genera por la globalización, el acceso a la información, al conocimiento y a la tecnología. Es por eso que países tan distintos en cuanto a políticas fiscales, inmigración, propiedad privada y organización política entre muchas otras, como Estados Unidos, China, Israel y Suecia, están viendo un crecimiento en la desigualdad. No se sostiene la hipótesis de Piketty que en China la desigualdad económica está creciendo por herencias o por políticas fiscales, ni por el abuso de las grandes empresas.

Hay otros elementos importantes que también influyen. Por ejemplo la asimetría en el poderío económico y militar de ciertos países que les permite imponer condiciones de seguridad o tarifas arancelarias a países más pequeños, limitando su crecimiento. Hay países que generan desigualdades frente a otros debido a políticas fiscales. Por ejemplo los paraísos fiscales que drenan fondos de los países y promueven la evasión fiscal. Lo mismo pasa en la desigualdad entre las empresas. Las grandes como Wal-Mart condicionan la política de precios de las empresas más pequeñas, aumentando las utilidades para sus accionistas. Influyen también desigualdades estructurales entre personas, debido a que en ciertas industrias se tienen mejores condiciones laborales y salariales que otras. Por ejemplo, quienes trabajan en tecnología vs los que trabajan en agricultura. Al interior de los países también hay desigualdad por acceso o tenencia de recursos naturales, humanos o financieros, aún estando bajo las mismas reglas del juego. A escala país los niveles de desarrollo de Chiapas y Oaxaca son muy distintos a los de Nuevo León o Aguascalientes.

Hay controversia también en la forma en que se mide la desigualdad, por ejemplo para determinar la lista de los billonarios de Forbes se mide en base a proyecciones y valoraciones (que cambian diariamente)  pero no en dinero con el que cuenten. Por otro lado, la condición de “pobres” o de “ingresos” cambia dependiendo de la ciudad en la que se esté. En algunas ciudades, los menos ricos están en mejores condiciones que los menos ricos en otros Estados o ciudades. Si se movieran de lugar, aún dentro del mismo país, pasan de estar en el porcentaje más bajo a un estrato mucho más alto o viceversa. Todas estas aristas influyen en la percepción y medición de la desigualdad económica y todas son importantes. La desigualdad no se reducirá, como aseguran algunos expertos, solo con políticas fiscales más agresivas. De hecho podría suceder todo lo contrario.

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