Imanol Martínez Ángeles


IMANOL, PROFETA EN SU TIERRA

En colaboración especial para PLAZA DE ARMAS, el laureado escritor queretano, Imanol Martínez Ángeles, Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera Castañeda 2016, y de Cuento Ignacio Padilla, nos comparte cómo se gestó su lobeo Neighborhood, presentado el jueves en el Centro Queretano de las Artes.

Sobre Neighborhood

Imanol Martínez

Matthew Weiner llegó a decir que la voz de John Cheever “sonaba” como la que él tiene en su cabeza… o, al menos, como desearía que sonara. En su teleserie, Mad Men, vemos a su protagonista, Don Draper, ir y venir de la ciudad a su casa en Ossining, el pueblo donde vivía el autor que retrató la vida de los habitantes de los suburbios estadounidenses. Toda obra está poblada por referencias, evidentes o veladas: guiños al lector o al espectador. Se trata de fragmentos que evidencian la tradición a la que se desea pertenecer.

Sin haber pisado nunca un suburbio americano, y teniendo a éstos más como un sitio de nuestra imaginación –como el skyline de NY o las callejuelas de París– deseaba escribir un texto que los tuviera por escenarios. Quería escribir un texto que dialogara con los cuentos de Cheever –de ahí que Molly lea, acaso sin entenderlo, la historia del hombre que vuelve a casa nadando a través de las piscinas del condado– lo mismo que con The Suburbs, acaso el mejor álbum de Arcade Fire. Escribirlo al tiempo en que retratara las preocupaciones de mis amigos y mías por crecer dejando atrás nuestra primera juventud. Una obra poblada por ciudades como valles de luces. Una obra sobre el duelo, la amistad y también sobre la forma en que convivimos con el pasado: explicarnos que no seríamos quienes somos de no ser por todo lo bueno y malo que hemos vivido.

Y aunque uno nunca sabe qué pasará con lo que escribe, si llegará a ser leído o no, si hallara su sitio en la escena o irá a parar a los archivos incompletos, cuando llega a alguien más abre espacio para dialogar, y es entonces que las palabras dejan de pertenecernos. Celebro que ahora, en la misma semana, las calles de Levittown hayan encontrado su sitio en la escena y en la página impresa.

En el fondo, se trataba de escribir una obra sobre la forma de huir. Como escribió Juan Tallón: “Históricamente, la huida representa, sobre todo, un sueño de juventud. (…) Aunque no te cierras en banda. Cualquier huida te sirve. Así, sucesivamente, hasta que un día, por la noche, lo que te apetece es salir de casa, subirte al coche y dar vueltas a la ciudad, sin sentido. Huida en círculos”. Por eso, Theo, Molly y Alan vuelven cada tanto a una ciudad que, como la nuestra, cada día deja de pertenecerles, en donde una vista es arrebatada por un nuevo edificio frente a ellos. Una colina que se llena de concreto es a veces una forma de entender cómo funciona la memoria: los sitios también se borran, cambian, como el pasado, cada que volvemos a ellos. Una obra como quien busca a su amigo en cada carro que pasa.

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