Entre luces, música y una multitud que superó las 20 mil personas, la ciudad de Querétaro celebró el pasado sábado 25 de abril los 300 años del inicio de la construcción del Acueducto, su símbolo más representativo. A lo largo de la Calzada de los Arcos, familias enteras se dieron cita para conmemorar tres siglos de historia en un ambiente festivo que combinó tradición, cultura y orgullo queretano.
Desde las 18:00 horas, la vialidad comenzó a llenarse de asistentes que recorrieron los cinco escenarios instalados para la ocasión, donde se presentaron propuestas de folklor, trova, música latina, DJs y talento local; del programa destacaron actos como el Ballet folclórico del Municipio de Querétaro, Gabriela Bernal, JUANDJJ, Paulina Izquierdo, Materia Dispuesta y Gran Orquesta 5 Estrellas.
Al corte de las 19:45 horas, el flujo de personas se mantenía constante entre quienes bailaban frente a los escenarios y quienes optaban por disfrutar del ambiente acompañados de antojitos, bebidas frescas y productos de emprendimientos locales. La oferta incluyó desde productos artesanales hasta chocolates y antojitos mexicanos, mientras las cafeterías de la zona permanecieron abiertas para ampliar las opciones.

El presidente municipal de Querétaro, Felipe Fernando Macías Olvera, recorrió los distintos foros temáticos —Folklor y Tradiciones, DJ’s, Querétaro Tierra de Compositores y Cantantes, Del Rock al Danzón y el escenario principal— y destacó el carácter simbólico de la celebración:
“Vivimos el día de hoy una noche espectacular, una noche que seguramente vamos a recordar por muchísimos años. Trescientos años de historia, trescientos años de una enorme tradición, de un enorme legado que son nuestros arcos. El máximo símbolo de la ciudad de Querétaro, sin duda, va ser una noche inolvidable para miles de personas”, expresó.
La jornada se coronó en punto de las 22:00 horas con un espectáculo de luces, sonido y drones que dibujó figuras emblemáticas del estado sobre el cielo, como un gallo azul, en honor a Los Gallos Blancos de Querétaro, y texto en alusión al tricentenario de Los Arcos.

Más allá de la celebración, el aniversario remite a la historia de una obra monumental iniciada en 1726, considerada en su momento la infraestructura hidráulica más importante de la Nueva España. El Acueducto de Querétaro, con una extensión aproximada de mil 280 metros y conformado por 74 arcos de medio punto que alcanzan hasta los 28.5 metros de altura, fue construido con cantera rosa y diseñado para llevar agua potable desde San Pedro de la Cañada hasta el centro de la ciudad, donde se distribuía a través de fuentes públicas y las cuales aún pueden apreciarse en una caminata.
De acuerdo con información documental, la edificación fue impulsada por Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila, quien financió y promovió el proyecto ante la urgente necesidad de abastecimiento de agua en una ciudad en crecimiento. En aquella época, las condiciones del suministro eran precarias: el agua proveniente del río llegaba contaminada por los talleres de producción textil asentados a las orillas, lo que provocaba enfermedades entre la población. Entonces, más allá de un gesto simbólico, el Acueducto representó una solución vital que permitió mejorar la calidad de vida y consolidar el desarrollo urbano de Querétaro.

Foto: Fernando Trejo
A lo largo del tiempo, la historia del Acueducto también se ha visto envuelta en una narrativa romántica que forma parte del imaginario popular. La leyenda cuenta que el marqués habría emprendido la obra por amor a Sor Marcela, una monja capuchina de la que se enamoró y quien, al mantenerse fiel a sus votos religiosos, le habría pedido como prueba de su afecto llevar agua limpia a la ciudad. Sin embargo, esta versión carece de sustento histórico y se considera más bien una tradición oral que, aunque perdura, no corresponde a los motivos reales de la construcción.
En este sentido, especialistas coinciden en que el origen del acueducto responde principalmente a una necesidad social y sanitaria, enmarcada en el contexto del crecimiento de la ciudad durante el siglo XVIII. La obra no sólo resolvió un problema inmediato, sino que también marcó un parteaguas en la infraestructura y progreso de la región.
Tres siglos después, Los Arcos no solo se mantienen como un testimonio de arquitectura y visión, sino también como una pieza central de la identidad queretana. Desde 1996, forman parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad reconocido por la UNESCO, lo cual coloca a esta obra como una de las más representativas del país y un atractivo turístico internacional.
La celebración de este tricentenario, además de evocar a su pasado, reafirmó su vigencia en la vida cotidiana de la ciudad. Entre los versos de la canción conmemorativa de Los Arcos: “Querétaro vive, Querétaro crece, Querétaro ama y siempre florece”, distintos géneros musicales, historia y convivencia, la ciudad volvió a mirar hacia su Acueducto como un símbolo vivo de una metrópoli que, como sus Arcos, se sostiene con el paso del tiempo.







