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Garfias y el oficio periodístico

Desde la terraza

por Ariel González
13 octubre, 2026
en Editoriales
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Con gran pesar me entero de la muerte de Francisco Garfias (“Pancho” para sus amigos), un periodista en toda la extensión y profundidad de la palabra que siempre supo buscar, obtener y aquilatar la información, interpretarla con el mayor profesionalismo y valorar también su capacidad para transformar la realidad política.

Nos conocimos al despuntar este siglo en la revista Milenio Semanal, cuando yo fungía como editor asociado de esta publicación que dirigía a la sazón Jorge Fernández Menéndez. Ahí trabajaba yo al lado del inolvidable Sergio Venegas Ramírez, “El Armero”, editor en jefe de la revista en ese entonces y autor de la columna que luego daría nombre a este diario, “Plaza de Armas”.

Hacia 2002 las oficinas de esta desaparecida publicación se encontraban en la calle de Ignacio Mariscal, dentro de las instalaciones del diario del mismo nombre y en el céntrico cuadrante de la Ciudad de México en donde se ubicaban los periódico más importantes del país.

En Milenio Semanal, Sergio Venegas y yo compartíamos cotidianamente la amistad y trato profesional con Pancho Garfias, quien ya por entonces era un experimentado reportero de política. Siempre nos comentaba con gran entusiasmo las entrevistas que iba a realizar o los temas que iba a desarrollar para el semanario, y aun aquellos otros que abordaría para el diario.

Ya desde entonces Pancho era reconocido en el medio por su gran empeño en el registro puntual y la crónica del acontecer legislativo; conocía al dedillo los laberintos del poder por los que transitaban las diversas iniciativas que vendrían a cambiar al país para bien o para mal. Al mismo tiempo, conocía también, perfectamente, y casi siempre de forma personal, a los distintos actores de todo el espectro político mexicano.

Consecuentemente, fue testigo privilegiado de la transición democrática. Su periodismo no sólo dio fe de ella sino que supo también dar voz a sus principales protagonistas. Del mismo modo, en los últimos 8 años dio cuenta del desmantelamiento de las estructuras democráticas y la sistemática destrucción de los contrapesos del poder.

Un día me enteré que había renunciado a Milenio. Su salida dejó un gran vacío en la redacción de aquel medio. Sin embargo, sus lectores y amigos pudimos ver con mucho gusto cómo se incorporaba al nuevo Excélsior; en realidad, esta era más bien una reincorporación a este diario, toda vez que en los años ochenta  tuvo un brillante desempeño en sus páginas como corresponsal en París.

Evidentemente, su paso por la Ciudad Luz le dio una perspectiva muy amplia. Pancho no era un reportero más, tenía una gran cultura y una enorme curiosidad a la altura de su talento. Había asumido desde siempre que preguntar, saber y entender era la base verdadera de nuestro trabajo, y que sólo sobre esta se podía tener un juicio sólido, como el que el expresaba en su columna El Arsenal.

En una ocasión, cuando acababa de celebrar su aniversario de medio siglo me dijo, lleno de optimismo, como quien hace un hallazgo fundamental, “hay vida después de los cincuenta”. Y claro que la había. Sin embargo, todos después de esa edad necesitamos constatarlo; y yo también lo certifiqué con él mismo, unos años después. Le recordé sus palabras y sonrió.

En los últimos años no nos veíamos con mucha frecuencia, pero cada tanto nos encontrábamos en comidas y desayunos donde siempre mostraba una enorme preocupación por el rumbo que estaba tomando la nación. Vivió muy de cerca y lo entusiasmó la formación de Somos México, el nuevo partido de oposición al que el poder ha venido obstaculizando y regateándole hasta su mismo nombre.

Pancho era un periodista que entendía que la libertad de expresión sólo puede ser plena en un régimen democrático. Por eso veía con alarma cada uno de los golpes que el partido en el poder ha venido asestando a los medios y al ejercicio periodístico crítico.

Me lo encontré hace unas semanas en un restaurante. Quedamos de vernos, pero ahora sé que no será posible y que nos va a hacer mucha falta su libreta de apuntes, su comentario lúcido y todo el oficio periodístico que él representaba. Descanse en paz.

@ArielGonzlez

FB: Ariel González Jiménez

Etiquetas: Ariel GonzálezExcélsiorFrancisco Garfiaslibertad de expresiónperiodismo mexicano

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