Francisco Javier Meré Alcocer, Ph. D.

Francisco Javier Meré Alcocer
Francisco Javier Meré Alcocer

Temporal

Albert Einstein Koch

 

Albert Einstein físico alemán de origen judío, nacionalizado suizo, austriaco y estadounidense considerado el científico más conocido y popular del siglo XX nació en el seno de una familia judía en Ulm, a cien kilómetros al este de Stuttgart, Imperio alemán, el 14 de marzo de 1879, siendo sus padres Hermann Einstein y Pauline Koch, heredando de su padre la generosidad y la amabilidad que le caracterizaron, y heredando de su madre que tocaba el piano el amor a la música, así como sus cualidades de perseverancia y paciencia. Un año después de su nacimiento sus padres se mudaron a Múnich, donde crecería durante 14 años, lugar donde su padre y su tío Jakob, quien influyó intelectualmente sobre Albert, fundaron en octubre de 1880 una empresa dedicada a la instalación de agua y gas. Posteriormente su familia abrió un taller de aparatos eléctricos (Elektrotechnische Fabrik J. Einstein & Cie.), que suministraba a centrales eléctricas en Múnich-Schwabing, Varese y Susa en Italia, la que fracasó endeudando a toda la familia. Esto causó un trauma a toda su familia y a Albert, vendiendo su familia para saldar las deudas el jardín de la casa.

Albert tuvo cierta dificultad para expresarse, por lo que aparentaba poseer algún retardo, empezando a hablar hasta los tres años. Albert era paciente y metódico, y no gustaba de exhibirse, evitaba la compañía de otros niños y únicamente admitía a su hermana menor Maya, que era más vivaracha y alegre que él, en sus soledades. Estudió la primaria en una escuela católica. En 1884 inició sus clases de violín por parte de su madre, instrumento que le apasionaba y que tocó toda su vida. En 1888 inició la secundaria en el instituto Luitpold (que en 1965 recibiría el nombre de Gymasium Albert Einstein). El colegio no lo motivaba, como estudiante tuvo notas buenas en lo general pero no tanto en idiomas, siendo excelentes en ciencias naturales, en matemáticas y en física, marcando su interés los libros de divulgación científica de Aaron Bernstein, periodo difícil para Albert por la rigidez y la disciplina militar de los institutos de secundaria de la época de Otto von Bismarck que sobrellevó gracias a las clases de violín y a la introducción al álgebra que le descubriría su tío Jacob, enfrentó polémicas con sus profesores llegando a un punto crítico en 1894, a la edad de 15 años, que sin tutor ni guía, emprendió el estudio del cálculo infinitesimal, enfrentándose con su profesor, el Dr. Joseph Degenhart, quien le dijo que «nunca conseguiría nada en la vida», respondiéndole Einstein que «no había cometido ningún delito», a quien el profesor le dijo: «tu sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase». La idea mal infundada, de que era un mal estudiante proviene de sus primeros biógrafos que confundieron el sistema de calificación escolar de Suiza (un 6 en Suiza es la mejor calificación) con el alemán (un 6 es la peor nota). En este “Erziehungsrat” aparece con nota 6 en todas las asignaturas: Álgebra, Física, Geometría, Geometría Analítica y Trigonometría.

Albert creció motivado entre las investigaciones que se realizaban en el taller familiar y los aparatos que allí había, incentivando su tío Jakob sus inquietudes científicas mediante libros de ciencia, relatando en su autobiografía que la lectura de los libros de divulgación científica le produjeron constantes cuestionamientos de las afirmaciones de la religión y un librepensamiento asociado a formas de rechazo hacia el Estado y la autoridad, escepticismo poco común en su época.

En 1894 los Einstein se mudaron de Múnich a Pavía, en Italia, cerca de Milán, permaneciendo Albert en Múnich para terminar sus cursos, quien antes de obtener su título de bachiller, en diciembre de 1894, abandonó el Gymnasium en Múnich y se fue a Milán. Albert contactó al médico hermano mayor de Max Talmud, estudiante de medicina que comía los viernes en la casa de sus padres, para que certificara que padecía de agotamiento y necesitaba descansar de la escuela, además convenció a un profesor para que certificara su excelencia en matemáticas. Posteriormente sus padres intentaron inscribirlo en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich pero, al no tener el título de bachiller, presentó una prueba de acceso que se suspendió por contar con una calificación deficiente en una asignatura de letras. Impresionado el director de la Escuela Politécnica por sus resultados en ciencias, le aconsejó terminar el bachillerato para ingresar al Politécnico, inscribiéndolo su familia en la escuela cantonal de Argovia, a unos 50 km al oeste de Zúrich, en Aarau, donde obtuvo el título de bachiller alemán en 1896, a la edad de 16 años. Ese mismo año renunció a su ciudadanía alemana, presuntamente para evitar el servicio militar, pasando a ser un apátrida. Inició los trámites para naturalizarse suizo. A fines de 1896, a la edad de 17 años el joven Einstein ingresó en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, Suiza, probablemente el centro más importante de la Europa central para estudiar ciencias fuera de Alemania, matriculándose en la Escuela de orientación matemática y científica, con la idea de estudiar física. En Zúrich, descubrió la obra de varios filósofos: Henri Poincaré, Baruch Spinoza, David Hume, Immanuel Kant, Karl Marx y Ernst Mach, y contactó con el movimiento socialista a través de Friedrich Adler y con cierto pensamiento inconformista y revolucionario en el que mucho tuvo que ver su amigo Michele Besso.

Durante una conferencia un profesor de la Universidad de Berlín preguntó a los alumnos: “¿Dios creó todo lo que existe?“ Respondiendo inmediatamente un alumno: Sí, Él lo creó. Preguntándole el profesor: ¿Dios realmente creó todo lo que existe? Si señor, respondió el joven. El profesor le dijo: “Si Dios creó todo lo que existe, ¡Entonces Dios hizo el mal, ya que el mal existe! Y si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡Entonces Dios es malo!” El joven se calló frente a la respuesta del maestro, que feliz, se regocijaba de probar una vez más, que la fe era un mito. Otro estudiante levantó la mano y preguntó al profesor si podría hacerle una pregunta. Lógico respondió el profesor. El joven preguntó: Profesor, ¿Existe el frío?, Pero: ¿Qué pregunta es esa? respondió el profesor añadiendo: “Lógico que existe” ¿O acaso nunca sentiste frío? El estudiante respondió: “En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, es en verdad la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que un cuerpo tenga o transmita energía”, “El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir lo que sentimos cuando no tenemos calor.”

Y, ¿existe la oscuridad? Preguntó el estudiante. El profesor respondió: “Existe”. El estudiante tomó la palabra diciéndole al profesor: “La oscuridad tampoco existe. La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, ¡la oscuridad, no! A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas. ¡La oscuridad, no! El estudiante se preguntó: ¿Cómo se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado con base en la cantidad de luz presente en ese espacio?, contestando que: “La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz.” Finalmente, el alumno preguntó al profesor: Señor, ¿El mal existe? Respondiéndole el profesor: Como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo. Esas cosas son del mal. El estudiante le dijo al profesor: “El mal no existe, Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien. De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz. El alumno fue aplaudido de pie, y el maestro asintiendo con la cabeza, permaneció en silencio. El Rector de la Universidad le preguntó al estudiante:: ¿Cuál es tu nombre? Contestando el estudiante: “Me llamo, Albert  Einstein.”

En octubre de 1896 Albert conoció a la serbia compañera de clase Mileva Maric, de talante feminista y radical, de la que se enamoró. Durante este período discutía sus ideas científicas con un grupo de amigos cercanos, incluyendo a Mileva, con la cual tuvo en secreto una hija en enero de 1902, llamada Lieserl, contrayendo matrimonio con Mileva el 6 de enero de 1903, en Berna.

En 1900 Albert y Mileva se graduaron en el Politécnico de Zürich y en 1901, a la edad de 22 años, consiguió la ciudadanía suiza. Albert obtuvo en 1900 el diploma de profesor de matemáticas y de física, pero no encontró trabajo en la Universidad, ejerciendo como tutor en Winterthur, Schaffhausen y Berna. Su compañero de clase Marcel Grossmann, un hombre que más adelante desempeñaría un papel fundamental en las matemáticas de la relatividad general, le ofreció empleo en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Suiza, en Berna, una oficina de patentes, donde trabajó de 1902 a 1909. Su personalidad le causó problemas con el director de la Oficina, quien le enseñó a «expresarse correctamente».

Siendo empleado de la Oficina de Patentes de Berna en 1905, Albert publicó su Teoría de la relatividad especial, incorporando en su teoría dentro de un marco teórico simple fundamentado en postulados físicos sencillos, conceptos y fenómenos estudiados con anterioridad por Henri Poincaré y por Hendrik Lorentz, deduciendo como consecuencia lógica de su teoría, la ecuación de la física más conocida a nivel popular: la equivalencia masa-energía, E=mc². Semanas después publicó otros trabajos que sentarían algunas de las bases de la física estadística y de la mecánica cuántica.

Einstein presentó en 1915 la Teoría de la relatividad general reformulando el concepto de gravedad, lo que tuvo como consecuencia el surgimiento del estudio científico del origen y la evolución del Universo, naciendo la cosmología. En 1919, cuando las observaciones británicas de un eclipse solar confirmaron sus predicciones acerca de la curvatura de la luz, fue idolatrado por la prensa. Einstein se convirtió en un icono popular de la ciencia mundialmente famoso, un privilegio al alcance de muy pocos científicos, quien murió en Princeton, Estados Unidos, el 18 de abril de 1955.

En estos tiempos en que México vive una crisis de credibilidad de los tres niveles de gobierno y de los tres poderes por los numerosos actos de corrupción que vemos cotidianamente, donde los políticos son autistas y hacen solo lo que les reditúa $$$, donde los derechos humanos se pisotean, como el derecho a la seguridad de las personas y de sus bienes o el derecho al trabajo, lo que ocasiona que muchos mexicanos emigren a los Estados Unidos para encontrar lo que su país no les proporciona, donde la prioridad del gobierno federal es proteger los derechos de los emigrados a USA en lugar de proteger los derechos humanos de quienes vivimos en el país, reflexionemos en lo que decía Einstein al referirse a la crisis económica, quien mencionó que no hay que ser pesimistas por la situación económica: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar <superado>”. “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.” “Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” Comentarios al correo electrónico   [email protected]

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