Francisco Javier Meré Alcocer, PH. D

Francisco Javier Meré Alcocer

TEMPORAL

El Grito de Dolores

Los mexicanos reconocemos el mes de septiembre como el mes de la patria, mes en que el nacionalismo se deja sentir y se recuerda el Grito de Dolores y la Independencia Nacional. Este mes inició con la instalación del Congreso de la Unión, con las nuevas Cámaras de Senadores y de diputados, instaladas ambas con mayoría pertenecientes al partido del presidente electo. Los nuevos diputados y senadores del partido Morena mostraron al pueblo como atienden las recomendaciones de “no mentir”, “no engañar” y “no robae” durante la primera sesión del Senado, donde votaron por la mañana en contra de otorgarle licencia al senador Manuel Velazco para que se ausentara del Senado para concluir su gestión como gobernador de Chiapas, y por la tarde, aprobaron con su mayoría de votos la licencia solicitada por Manuel Velazco para ausentarse del Senado y ser nombrado Gobernador Sustituto de Chiapas. Esto que parecía una rectificación de sus votos, fue el resultado de recibir del partido Verde cinco diputados federales para que el grupo parlamentario de Morena tuviera mayoría en la Cámara de Diputados federal, mostrando como aplican sus principios y cómo van a gobernar, quienes quedaron a deber que bajarían los ingresos de los diputados.

El Grito dado por el padre Don Miguel Hidalgo y Costilla en el pueblo de Dolores la madrugada del 16 de septiembre de 1810, que celebramos la noche del 15 de septiembre, nos recuerda la independencia nacional. Hidalgo gritó en Dolores sus sentimientos y afectos a esta tierra mexicana, como resultado de los hechos sucedidos en Europa que afectaron a la Nueva España y a los pueblos de América, proclamando la abolición de la esclavitud, mencionando “muera el mal gobierno”, “muera José Bonaparte”, “Viva Fernando VII rey de España”, sin mencionar como se nos ha dicho que proclamó la independencia; Hidalgo no mencionó la palabra “independencia”. La primera persona que mencionó la independencia de México fue el padre Don José María Morelos y Pavón quien convocó al Congreso de Chilpancingo y ante este cuerpo legislativo el 14 de septiembre de 1813 presentó su documento “Los Sentimientos de la Nación” señalando en el primer punto del documento, la independencia de la América mexicana de España y de “toda otra nación”; manifestando en los siguientes puntos su lealtad a la religión católica, declarándola religión única “sin tolerancia de otra”; ratificando el principio de la soberanía popular.

En su documento Morelos plantea el establecimiento de un régimen de gobierno dividido en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial; propone los primeros esbozos legislativos en materia de justicia social, moderando “la opulencia y la indigencia” de tal forma que se “aumente el jornal del pobre”; anula privilegios; proscribe la esclavitud; se protege el derecho a la propiedad; la inviolabilidad del domicilio, se prohíbe la tortura; y se quitan la “infinidad de tributos” como la alcabala, el estanco y el tributo, para regular y simplificar el impuesto del cinco por ciento “de semillas y demás efectos u otra carga”, documento que contiene los puntos totales característicos de la ideología liberal que dominaba entre la clase burguesa revolucionaria que conducía la lucha por la independencia nacional, muy diferente a la ideología que muestran quienes formaran parte del próximo gobierno federal a partir del 01 de diciembre de 2018

El hecho histórico que llevó a la élite criolla de la Nueva España a comenzar el movimiento emancipador de la madre patria en el siglo XIX, inició por la ocupación francesa de España en mayo de 1808, lo que ocasionó que Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente a la Corona Española, entregándosela a Napoleón Bonaparte quien coronó a su hermano José Bonaparte, como José I Rey de España, quedando España como una especie de protectorado francés.

A doscientos ocho años del Grito de Dolores y a ciento noventa y siete años de la independencia tenemos un país que si Hidalgo y Morelos vivieran se arrepentirían de haber participado en la independencia nacional, al conocer que México padece una crisis económica, política, cívica, ética y moral sin precedentes, lo que los obligaría a preguntarse cuáles fueron los beneficios reales de la independencia nacional, quienes conocerían de la existencia de más de cuarenta y ocho millones de mexicanos en pobreza y de la existencia de más de veinte millones de mexicanos que han tenido que salir del país para encontrar en otro país trabajo y mejores niveles de bienestar. Sabrían que el país lo conduce una partidocracia, que desde su implantación solo produce en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes, servidores públicos altamente remunerados de recursos económicos provenientes del presupuesto público, que pertenecen a todas las corrientes de pensamiento y a todos los partidos políticos, quienes en su mayoría solo buscan su beneficio personal y de su partido sin importarles el bienestar de la ciudadanía, amén de construir obras por capricho y corrupción.

A finales del siglo XVIII dos movimientos cimbraron la estructura social establecida en las sociedades americanas y europeas: La Independencia de Los Estados Unidos de Norteamérica y la Revolución Francesa, movimientos sustentados en las ideas de la Ilustración que proclamó la igualdad de los hombres ante la ley con amplias libertades a los ciudadanos, nacida con el iluminismo francés, ideas que influenciaron a los habitantes de las colonias españolas, entre estos a Miguel Hidalgo y Costilla.

El Grito de Dolores tiene como antecedentes las ideas de la Ilustración. Recordemos que a partir de 1788, España y sus colonias fueron gobernadas por Carlos IV de la Casa de los Borbón, rey emparentado con el rey de Francia Luis XVI, quien viviera la revolución francesa y fuera ejecutado en la guillotina el 21 de enero de 1793.

Al inicio de la Revolución Francesa en 1789, Carlos IV se mantuvo neutral siguiendo el consejo de su Primer Ministro el Conde de Floridablanca, quien fuera sustituido en 1792 por el Conde de Aranda, cambiando la política española al ser el nuevo ministro partidario de las ideas de la Ilustración, en especial de Voltaire, lo cual no fue bien visto por la sociedad española, sustituyéndolo Carlos IV por el joven Manuel Godoy de quien la opinión pública mencionaba como amante de la reina María Luisa de Parma. En 1795 Godoy suscribió con Francia la Paz de Basilea, hecho que le valió para recibir del rey el título de «Príncipe de la Paz», cuatro años después, en 1799, Napoleón Bonaparte ascendió al poder en Francia, suscribiendo Godoy un nuevo tratado en San Ildefonso por lo cual la Armada española quedaba a disposición de Napoleón.

En 1802, Francia y España declararon la guerra al Reino Unido y en consecuencia a su principal aliado europeo, Portugal. En base al tratado entre Francia y España, en 1805 la escuadra de guerra española se unió con la francesa para pelear juntas en octubre en la Batalla de Trafalgar, resultando vencidas por el almirante británico Horatio Nelson, quien pereció durante la batalla. La derrota de la armada española incrementó el descontento del pueblo, tanto de las colonias como de la metrópoli, pues muchos de los fondos para crear y mantener la marina se habían obtenido de cobrar impuestos más altos y de expropiar propiedades de deudores a la Corona, especialmente en la Nueva España.

Como consecuencia de la derrota de la armada franco-española el Emperador francés Napoleón Bonaparte, que dominaba prácticamente toda Europa, impuso al Reino Unido una sanción económica y comercial, conocida como el Bloqueo Continental, impidiendo a todas las naciones europeas comerciar con los ingleses.

A fines de 1807, el reino de Portugal, otrora aliado francés, inició relaciones comerciales con Inglaterra, hecho que tuvo como consecuencia que Napoleón decidiera invadir los territorios lusitanos para evitar que el ejemplo portugués cundiera por otros países, para lo cual decidió atravesar España para llegar a Portugal por tierra permitiendo el primer ministro Godoy el paso de las tropas francesas en octubre de 1807, las que eran comandadas por el general francés Junot, quien entró a Galicia y más tarde a Valencia, causando un gran malestar al pueblo español.

Carlos IV y su familia fueron alertados de una posible invasión de Napoleón a tierras españolas, movilizándose con todo su caudal a Andalucía para salir del país en caso de un ataque. Mientras Carlos IV se alistaba en Cádiz, los franceses ocuparon Aragón y parte de Cataluña, desconfiando Godoy de las intenciones de Napoleón se reunió a principios de marzo de 1808 con el rey en el Palacio Real de Aranjuez, cercano a Madrid. El pueblo español harto de Godoy se levantó en armas para derrocarlo entre el 17 y 18 de marzo, incidente conocido como el “Motín de Aranjuez”, siendo capturado por campesinos del lugar que estuvieron a punto de asesinarlo, salvándole la vida la oportuna intervención de la Guardia Civil.

La invasión en 1807 de las tropas de Napoleón al país lusitano provocó que la Casa de Braganza huyera a Brasil y que la familia real española se dividiera. Fernando de Borbón, príncipe de Asturias, instigado por Manuel Godoy realizó un complot contra sus padres logrando que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de 1808, Carlos IV presionado por la multitud abdicó en favor de su hijo, el Príncipe de Asturias, sentando así un precedente en la Historia de España, al ser destronado por primera vez un rey por su hijo, ordenando Napoleón al general Murat conducir al nuevo monarca a Madrid, lugar a donde llegó el 25 de marzo.

El emperador francés ordenó llevar a Bayona a Carlos IV y su hijo Fernando para entrevistarse con ellos, reuniéndose con los reyes y con Godoy el 30 de abril. Dos días más tarde, el pueblo de Madrid conoció la noticia y se levantó en armas contra los franceses, hecho conocido como la Rebelión del Dos de Mayo. La abdicación de Carlos IV no fue del agrado de Napoleón, quien el 5 de mayo de 1808, en Bayona, forzó a Fernando VII a regresarle la corona a su padre Carlos IV, para después forzar a Carlos IV a entregarle la corona española, quien se la transfirió a Napoleón, nombrando éste último a su hermano José Bonaparte como nuevo Rey de España, ostentando desde entonces y hasta 1814 el título de José I de España, apodado por el pueblo español como «Pepe Botella».

El 9 de junio llegó a Veracruz la fragata Aventura, con la Gaceta de Madrid que informaba del Motín de Aranjuez, de las Abdicaciones de Bayona y del levantamiento del pueblo de Madrid el Dos de Mayo. José de Iturrigaray, militar español que había participado en la Armada de España, nacido en 1742 en Cádiz, Andalucía, conocía a Godoy y por su influencia fue removido de su cargo en Granada para ser comisionado como virrey de Nueva España en diciembre de 1802, arribando al puerto de Veracruz los primeros días de 1803, sustituyendo al virrey Félix Berenguer de Marquina, que tuvo fama de duro e inflexible con los rebeldes, recibió las noticias el domingo 17 de junio, enterándose días más tarde toda la sociedad de la Ciudad de México.

La llegada de José I como Rey de España aparentemente no generó cambios entre España y sus dominios americanos; sin embargo, en cada colonia nació la discusión sobre quién era el verdadero soberano de las tierras americanas, cuya soberanía radicaba en el titular de la Corona española, existiendo una falta de claridad sobre la posición que debían guardar ante la ocupación francesa de España. Algunos reconocían al gobierno francés de ocupación, otros a Fernando VII y no reconocían a José Bonaparte, y otros más influenciados por las ideas de la Ilustración y la Independencia de Los Estados Unidos, creían en que deberían separarse de España. Estas ideas eran proclamadas por miembros de las clases altas y medias, es decir, por españoles peninsulares, criollos y alguno que otro mestizo que había llegado a ocupar algún cargo en la estructura de poder colonial, ya que para la mayor parte de la población americana lo ocurrido en España no tenía significación en su vida cotidiana.

La llegada de José Bonaparte ocasionó en varias ciudades americanas la formación de Juntas Provisionales de gobierno, con el propósito de conservar la soberanía en sustitución del legítimo rey de España, y hasta que Fernando VII fuera reinstalado en el trono, cuyo origen era la estructura municipal, una de las instituciones de gobierno más arraigadas en el mundo hispánico, instalándose en 1808 la Junta de Quito y en 1810 las Juntas de Caracas y de Valledupar o Lima. La mayoría de las Juntas fueron dominadas por criollos ilustrados, dado que muchos españoles peninsulares se oponían a la formación de gobiernos soberanos.

Al conocerse el Motín de Aranjuez, las Abdicaciones de Bayona y el levantamiento del pueblo de Madrid del Dos de Mayo la élite novohispana se dividió en dos grupos. El grupo representado por la Real Audiencia de México que manifestaba que el poder en la Nueva España seguía radicando en Fernando VII, aunque momentáneamente se encontrara ausente, por lo que la estructura social de la Nueva España debería seguir inmutable y seguir como vasallos de la Corona española, y el grupo del Ayuntamiento de México, que manifestaba que la situación era más compleja. El Ayuntamiento era encabezado por un grupo de criollos beneficiados por las reformas implantadas por los reyes de la casa de Borbón en el siglo XVIII, que encontraron en la crisis política una oportunidad para implantar reformas políticas en el Virreinato.

El Ayuntamiento de México aceptó el derecho de Fernando VII a la corona y no le negó obediencia. Francisco Primo de Verdad y Ramos, uno de los personajes del Ayuntamiento de México, solicitó el 5 de agosto de 1808 al virrey José de Iturrigaray la instalación de una Junta provisional que gobernara en nombre de Fernando VII; el virrey simpatizante con estas ideas la aprobó, El Ayuntamiento de México consideraba que la soberanía le fue otorgada al rey por la nación de modo irrevocable, pero el rey no podía disponer de los reinos a su arbitrio, apelando a un contrato social en favor del establecimiento de un gobierno soberano en la Nueva España, sin promover su separación de la corona española, lo que no era entendido por la élite novohispana, quienes consideraban que el establecimiento de la Junta de México era una amenaza contra el sistema colonial que los beneficiaba lo que les quitaría los beneficios y posiciones adquiridas durante los tres siglos de dominio hispano, élite que dominaba el sistema económico colonial y el control de la Real Audiencia de México.

El Grito de Dolores del 16 de septiembre de 1810, celebrado por las autoridades la noche del 15 de septiembre, por acuerdo del Presidente Porfirio Díaz para celebrar su aniversario de nacimiento, debe tener aclamaciones similares a las de Miguel Hidalgo, quien gritó “Viva la Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno, abajo los gachupines” “muera José Bonaparte”, “Viva Fernando VII rey de España” mostrando cómo debemos aclamar por lo que se deberían gritar cosas similares como: “Mueran los políticos corruptos”, “Mueran regidores, diputados y senadores corruptos”, “Mueran los partidos corruptos”, “Muera el salario mínimo miserable y el alza de impuestos”, “Mueran políticos incapaces, tranzas y chapulines”, “Mueran secuestradores y sus familias”, “Mueran las prestaciones económicas de políticos y funcionarios públicos”, “Mueran los derechos humanos de los delincuentes”, “Vivan los servicios médicos gratuitos para todos”, “Vivan los candidatos independientes”, “Vivan la revocación de mandato y el referéndum” (continuará). Comentarios al correo electrónico: [email protected]

 

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