Francisco Javier Meré Alcocer, PH. D.

Francisco Javier Meré Alcocer

TEMPORAL

132 Años de Peregrinar de Querétaro al Tepeyac

En estos tiempos en que se celebra el Campeonato Mundial de Futbol en Rusia, parte del pueblo del Querétaro Católico se prepara, como desde hace 132 años, a peregrinar al lugar donde la Santísima Virgen María se le apareció a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, la mañana del 9 de diciembre de 1531, quien al caminar al amanecer de ese día por el cerrillo llamado Tepeyácac, oyó cantar arriba del cerrillo, cantos semejantes al de varios pájaros preciosos, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del Coyoltototl y del Tzinizcan y de otros pájaros lindos que cantan, él se paró a ver y se dijo para sí: “¿Por ventura soy digno de lo que oigo? ¿Quizás sueño? ¿Me levanto de dormir? ¿Dónde estoy? ¿Acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? ¿Acaso en el Cielo?”, según relata el Nican Mopohua, – aquí se narra-, libro escrito en náhuatl atribuido a Antonio Valeriano (1520?-1605?), que refiere a “la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyácac” y a las apariciones de la Virgen Santa María de Guadalupe.

El pasado domingo 1 de julio, celebró en la Santa Iglesia Catedral el Señor Obispo de la Diócesis de Querétaro, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, la Misa de Envío de los Peregrinos Guadalupanos de la Diócesis de Querétaro, en vísperas de iniciar su peregrinar a la Basílica de la Santísima Virgen María de Guadalupe, jurada Patrona de los queretanos por el Alferés Real José de Urtiga, el 7 de diciembre de 1737, recibiendo el juramento el Vicario y Juez eclesiástico de Querétaro Juan de Izaguirre, confirmando el juramento como Patrona de Querétaro el Papa Benedicto XIV en 1754, proclamada Reina de toda la Nueva España en 1746, jurada Patrona por todos los Ayuntamientos de la Nueva España en el Palacio Episcopal de la ciudad de México el 4 de diciembre de 1748 en presencia del Arzobispo Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, confirmado el patronazgo nacional guadalupano el papa Benedicto XIV el 25 de mayo de 1754, autorizando la traslación de su fiesta al doce de diciembre, quien le concedió misa y oficios propios.

Los queretanos se caracterizan por su religiosidad mariana y guadalupana, quienes veneran a la Virgen Santa María de Guadalupe desde 1659, año en que el Bachiller Lucas Guerrero Rodea, Presbítero, vecino de la ciudad de Santiago de Querétaro, trajo una imagen de la Virgen Santa María de Guadalupe que colocó para su devoción en el Hospital de Nuestra Señora, fundándose posteriormente la Venerable Congregación Eclesiástica de María Santísima de Guadalupe, la que en mayo de 1680 terminó de construir, con el apoyo del ilustre caballero benefactor de Querétaro Don Juan Caballero y Ocio, el Santuario a la Virgen Santa María de Guadalupe en la esquina de Pasteur y 16 de Septiembre, conocido como Santuario de la Congregación, segundo santuario construido a la Reina del Cielo, después de la Capilla-Santuario del cerro del Tepeyac, construido éste atendiendo la solicitud del indígena San Juan Diego, anterior a la Colegiata de Guadalupe.

La Diócesis de Querétaro, proclamada por Bula Pontificia del Papa Pío IX el 26 de enero de 1863, y confirmada por el Papa en el Consistorio del 16 de marzo de 1863, comprende todo el estado de Querétaro y parte del estado de Guanajuato.

Los peregrinos partirán de Neblinas de Guadalupe, Landa de Matamoros, el próximo viernes 6 de julio las hermanas y el próximo sábado 7 de julio los hermanos, dando testimonio de la Fe mariana y guadalupana, y partirán de la ciudad Episcopal de Santiago de Querétaro el próximo sábado 14 de julio las hermanas, el domingo 15 de julio los hermanos y el 20 de julio los peregrinos ciclistas, para llegar el domingo 22 de julio todos los peregrinos en sus respectivas columnas a la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe. Los hermanos peregrinos tendrán el miércoles 18 de julio, la Celebración Eucarística en el Campo S.S. Juan Pablo II, donde se les impondrán medallas a quienes hayan cumplido 25, 50 y 75 años de peregrinar; y tendrán el jueves 19 de julio en la comunidad de Canalejas la Celebración Eucarística de las Primeras Comuniones.

La peregrinación de Querétaro al Tepeyac es parte de la queretaneidad con una importante trascendencia religiosa y cultural, cuya identidad propia debe ser conservada por propios y por las autoridades públicas del estado, conforme a lo señalado en el artículo 4° de la Constitución Política del Estado de Querétaro, que señala en su tercer párrafo que: “La cultura de los queretanos constituye un bien irrenunciable y un derecho fundamental. Las Leyes protegerán el patrimonio y las manifestaciones culturales; las autoridades, con la participación responsable de la sociedad, promoverán el rescate, la preservación, el fortalecimiento, la protección, la restauración y la difusión del patrimonio cultural que define al pueblo queretano, mismo que es inalienable e imprescriptible”; y conforme a lo señalado en la Ley Para la Cultura y las Artes del Estado de Querétaro, que señala en el artículo 43° que: “se declara de interés público la preservación de las tradiciones, costumbres, festividades y certámenes populares” y en el artículo 49° que: “son patrimonio cultural los testimonios históricos y objetos de conocimiento que continúen la tradición histórica, social, política, urbana, arquitectónica, tecnológica y de carácter económico de la sociedad que los ha producido”,

Con base en lo señalado en la Constitución Política del Estado de Querétaro y en la Ley Para la Cultura y las Artes del Estado de Querétaro, los peregrinos deberán salir apoyados por las autoridades públicas estatales y municipales para evitarse accidentes, como el lamentable accidente sucedido el 17 de julio de 2017, durante la realización de la peregrinación de 2017, accidente suscitado cuando el grupo de peregrinos del poblado de San Rafael, municipio del Marqués, peregrinaban por la mañana rumbo a La Noria, para unirse con los peregrinos que salieron de Querétaro rumbo al Tepeyac, quienes fueron envestidos por un vehículo que ocasionó el lamentable fallecimiento de seis peregrinos, más una docena de heridos, muchos de gravedad, por falta de abanderamiento de Protección Civil y de Tránsito estatal y/o municipal, a pesar de que el Presidente del Decanato de la Cañada envió los oficios correspondientes como se hace todos los años previo a la salida de los peregrinos, a la Presidencia Municipal del Márquez, a Protección Civil y a Tránsito, oficios recibidos según lo muestran los sellos correspondientes, y como de costumbre en años anteriores no se les envió ninguna patrulla para resguardar la seguridad de los peregrinos de San Rafael, lo que hubiera administrado el riesgo del accidente. ¿Será que no se les envió protección por ser peregrinos de escasos recursos económicos y ser considerados ciudadanos de segunda?, Muchos de los grupos de peregrinos que salieron de poblados de los municipios de Querétaro salieron resguardados por vehículos públicos para evitar estos lamentables accidentes.

Este lamentable accidente obligaba a los servidores públicos del estado y del municipio del Márquez a realizar un Análisis Causa Raíz del Accidente para encontrar las causas humanas, causas de sistema y causas físicas del lamentable accidente para evitar que se vuelva a repetir, análisis que lamentablemente no se hizo, comprometiéndose quien escribe a participar conjuntamente con los servidores públicos designados para elaborar el Análisis Causa Raíz del Accidente, lo que administrará el riesgo de accidentes los próximos años.

La Peregrinación Guadalupana inició por iniciativa del tercer obispo de la Diócesis de Querétaro, Excmo. Sr. D. Rafael Sabás Camacho, en 1886, quien sabedor del amor de los queretanos a su Patrona la Virgen Santa María de Guadalupe, hizo un llamado al pueblo católico de la Diócesis de Querétaro a acudir al Tepeyácac para darle gracias a Nuestra Madre Santísima por todos los favores recibidos por su intersección ante su Divino Hijo y para solicitar su intervención ante Él por los males que les aquejaban, iniciando la costumbre de acudir al Tepeyac, partiendo del Santuario de la Congregación, segundo santuario guadalupano del mundo construido antes de la Colegiata de Guadalupe, para encontrarse con la excelsa Madre de Dios en la casita que solicitó se le construyera.

Mons. Camacho convocó el 7 de agosto de 1886 al V. Cabildo Ecco, mediante un oficio invitación, que a la letra dice: “M.I. y V.S. Arcediano y Cabildo. El día ocho del próximo Septiembre celebra la Sagrada Mitra de Querétaro, en la insigne Colegiata de la Santísima Virgen María de Guadalupe, nuestra Patrona Nacional, la función anual que le corresponde. Con el objeto de dar mayor lustre é importancia a esta función, he determinado ir personalmente con una comisión de nuestro Seminario Conciliar, á cumplir tan grado deber, y a celebra de pontifical en dicha solemnidad; pero deseando que el M.I. y V. Cabildo tome en esta función el lugar que le corresponde, invito por el presente á V. S. I. para que, nombrando una comisión de su seno, se haga representar en esta ocasión. Como sé la escasez de recursos de nuestra Iglesia Catedral, he preparado con anticipación el fondo que hemos menester para sufragar los gastos de viaje de las comisiones del M. I. y V. Cabildo y del Seminario, así como para la función, sin aumentar en nada la cantidad que anualmente ha gastado nuestra Iglesia en dicha solemnidad. Dios N. S. &., &., Querétaro, Agosto de 1886   † Rafael, Obispo de Querétaro.” (sic)

Mons. Camacho dirigió a las principales personas de la capital la invitación que a la letra dice: “El día ocho del próximo Septiembre, celebrará la Sagrada Mitra de Querétaro la función que le corresponde anualmente en honor de nuestra Patrona Nacional la SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE en la insigne Colegiata, cerca de México. El Obispo diocesano, con una comisión del muy Ilustre y Venerable Cabildo, y otra, del Seminario Conciliar, irá personalmente á cumplir tan grato deber, celebrando la función  á las 9 de la mañana. Con tal motivo, invita á V. para que concurra á esta Solemnidad el mencionado día y hora, pidiendo por el remedio de todas las necesidades. Querétaro, Agosto de 1886. † Rafael, Obispo de Querétaro” (sic)

El 7 de agosto de 1886 el Presbítero Manuel Rivera hizo una invitación a los queretanos que a la letra dice: “El día ocho del próximo Septiembre, celebrará la Sagrada Mitra de Querétaro, la función que le corresponde anualmente en honor de nuestra Patrona Nacional, la Santísima Virgen María de Guadalupe, en la insigne colegiata cerca de México. El Hmo. y Rmo. Sr. Obispo diocesano, con una comisión de M.I. y V. Cabildo y otra del Seminario Conciliar, irá personalmente, Dios mediante, á cumplir tan grato deber y de orden de S.S.I. y R. se pone esto en conocimiento del público, invitando a los fieles de uno y otro sexo, que tengan posibilidad de hacer sus gastos, á ir á dicha función y presentarse a las seis de la mañana del mencionado día, en el átrio de la Insigne Colegiata, á fin de organizar allí la peregrinación, entrando al templo procesionalmente, para celebrar la función á las nueve de la mañana; concediendo á sus diocesanos que estuvieren allí presentes, cuarenta días de indulgencia por cada Ave María ó Salve que rezaren delante de la maravillosa Imagen de Nuestra Señora la Santísima Virgen María de Guadalupe” (sic)

La primera peregrinación se realizó el 8 de septiembre de 1886, año en que la mayoría de los peregrinos se trasladaron en tren al Tepeyac, caminando 12 peregrinos a partir del 1 de septiembre de 1886 del templo de la Congregación de Querétaro con el P. Florencio Rosas, realizándose la Función de la Diócesis de Querétaro en la Colegiata de Guadalupe el 8 de septiembre de 1886, de la que señala el cronista P. Juan González que: “No faltaron muchas personas que emprendieran el camino a pie, por encontrarse escasos de recursos, pero ricas en cambio de afecto y devoción a la excelsa Madre de Dios”.

Diez años después de la primera peregrinación de Querétaro el Tepeyac, el 12 de octubre de 1895, Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, arzobispo de México, en nombre y con la autoridad del Romano Pontífice el Papa León XIII, ayudado por José Ignacio Árciga y Ruiz de Chávez, arzobispo de Michoacán, consumó la coronación de la Virgen de Guadalupe, Reina de México por siempre, celebrándose el acontecimiento en todas las ciudades de la República, aclamándola todos los obispos presentes. A iniciativa del Obispo de Querétaro, D. Rafael Sabás Camacho, los obispos presentes depositaron sus báculos a los pies de la Imagen de la Virgen y propuso y fue aceptado que cada diócesis mexicana acudiera en peregrinación anual al Tepeyac.

En cumplimiento con la promesa del Obispo Sabás Camacho, los peregrinos queretanos nunca han dejado de acudir al Tepeyac desde 1886, a pesar de no ser convocados, y han peregrinado año con año sin interrupción, por lo que la peregrinación de este año 2018 es la número 133, siendo oficialmente la número 128, por los cinco años de 1914, 1915, 1916, 1927 y 1928 que la peregrinación no fue convocada, ni prohibida. Esos años no se convocó a los peregrinos por el peligro que representaba la inseguridad de los caminos, y los disturbios políticos y sociales en esas épocas en el país con la guerra civil posterior a la revolución y con la guerra cristera. La Diócesis de Querétaro no convocó ni prohibió la peregrinación, autorizando el Sr. Cango D. Florencio Rosas Arce a una Comisión de peregrinos para asistir al Tepeyac en 1914, 1915 y 1916 para conservar tan bella muestra de cariño a la Virgen de Guadalupe, cumpliendo con la promesa hecha a la Virgen de Guadalupe por el Obispo Sabás Camacho, llegando los peregrinos sin contratiempos guiados por el maternal cariño de la Virgen María al Tepeyac, llegando algunos en tren a la ciudad de México para acudir al Tepeyac. Estas peregrinaciones muestran que la peregrinación no puede suspenderse a pesar de la falta de convocatoria. Ojalá algún día la Diócesis reconozca estos años de peregrinar.

La peregrinación es un retiro espiritual, un acto de Fe de los peregrinos quienes le agradecen y/o le solicitan interceda por ellos, sus familiares y amigos ante Dios Nuestro Señor, un reconocimiento al Dios por quien se vive, una forma de agradecerle por los favores recibidos durante el año, un homenaje a su Santísima madre la Virgen María, peregrinación que la Diócesis motivó en 1888 para que fuera un acto de reparación por los pecados personales, familiares y sociales. Los peregrinos de todos los niveles sociales acuden con Fe y devoción a la Basílica de Guadalupe para dar gracias por los favores recibidos durante el año y/o para solicitarle interceda por ellos y sus familias ante su Divino Hijo Dios Nuestro Señor; sin embargo, no todos los peregrinos tienen la oportunidad de acudir año con año a su cita anual al Tepeyac, por una serie de circunstancia tales como compromisos de trabajo, enfermedades, falta de recursos económicos, etc. Sólo viviendo un día la Peregrinación, la que perdurará a través de los siglos aún sin ser convocada, como sucedió en los años no convocada, se comprende con claridad su magnitud, aunque no se llegue al Tepeyac.

Un día de peregrinar es una experiencia inolvidable que convierte a la persona en peregrino de por vida. Dios se deja encontrar en el camino al Tepeyac, la luz de Dios se hace camino guiados por el esplendor de la Virgen Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización. Quien ha peregrinado al Tepeyac una vez, se convierte en peregrino guadalupano de por vida y el no acudir a su cita anual al Tepeyac le provoca mayor pesadez que el caminar.

La gran mayoría de los peregrinos días antes hacen su maleta, guardan su Rosario, la ofrenda más preciosa a Nuestra Madre Santísima, un impermeable en lugar del shirgo que servía para la lluvia y para la cama, un sombrero o chamaquit, un paliacate para el cuello como símbolo principal del peregrino. Hay quienes llevan una bolsa de tela o una mochila en recuerdo de la catahuila, bolsa de cuero que no podía faltar en la columna guadalupana y su bordón como signo de apoyo de nuestra debilidad de nuestro caminar. Un día antes de iniciar la Peregrinación, la mayoría de los peregrinos lleva su maleta a los vehículos de transporte peregrino; quienes no la depositaron parten el día de la salida cargándola hasta encontrar un vehículo que se encargue de llevarla.

Cuando el peregrino sale de su casa para iniciar la Peregrinación está emocionado, feliz, contento, lleno de vida, su rostro está iluminado, refleja felicidad, tiene un sentimiento muy especial. El peregrino se amarra su paliacate al cuello, se coloca el sombrero, amarra su impermeable al cinturón, se despide de su familia y sale feliz rumbo al punto de salida, donde se reúne con su grupo, con sus parientes, con amigos y conocidos. Inicia el camino al Tepeyac y poco a poco se aleja de su morada. En su cabeza lleva muchas cosas. Su pensamiento está disperso, piensa en las cosas cotidianas, mundanas, en su trabajo, en su familia, en sus compromisos, en sus malestares, etc. Poco a poco con su caminar despeja sus pensamientos y se adentra en la Peregrinación, la que congrega todas las clases sociales sin distingos.

Los actos litúrgicos, la Eucaristía, la Hora Santa, el rezo del Rosario y el cansancio de la primera jornada lo trasforma. El retiro espiritual en que está inmerso lo hace pensar diferente, reflexiona en silencio durante su caminar sobre su ser y su forma de vida. Al día siguiente su pensamiento es otro al que tenía cuando salió de su casa. No tiene preocupaciones, está feliz de peregrinar, presenta una serenidad. Su única obligación es caminar y participar de los actos litúrgicos de la Peregrinación. El peregrino disfruta el maravilloso mundo de la Peregrinación. El gran amor hacia la Santísima Virgen María que profesan los peregrinos, los motiva a peregrinar a su basílica  en el Tepeyac.

Veinticuatro horas después que el peregrino salió de su casa es otra persona. El cansancio no le importa, camina a pesar de estar cansado o con ampollas, no le preocupa si llueve o hace calor. Si por alguna razón tiene que regresar a su casa y a su vida cotidiana, ya sea por su trabajo o alguna otra causa, está incómodo, molesto, irritado, sólo piensa en el día que regresará a continuar con los peregrinos. Quien regresa a su vida cotidiana y no continúa en la columna peregrina sólo piensa en regresar el próximo fin de semana para llegar al Tepeyac. El Pbro. José Morales Flores (de feliz recuerdo), decía: “El peregrino que no camina está más triste que el que camina, todos los años cuentan aunque sólo se camine un día”. Comentarios al correo electrónico   [email protected]

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