Francisco Javier Meré Alcocer, PH. D.

Francisco Javier Meré Alcocer

TEMPORAL

12 de Diciembre de 2017, 486 Aniversario de la Virgen de Guadalupe

Es este mes de Diciembre, mes de fiestas por el año que termina, los mexicanos celebramos el 486 aniversario del hecho histórico más importante del siglo XVI, La aparición de la Virgen María de Guadalupe en el cerro del Tepeyac al indígena San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, a quien se le apareció cuatro veces entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531. La Virgen María se le apareció también a Juan Bernardino, tío de San Juan Diego, a quien curó de una enfermedad que lo tenía postrado y a quien le dijo que era la Virgen María de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1531, y se apareció ese mismo día y permanece impresa milagrosamente hasta nuestros días en la burda tilma de San Juan Diego, cuando el santo entregó el Obispo Juan de Zumárraga las flores por ella enviadas, que portaba y resguardaba celosamente con su tilma, como prueba de su aparición para que le creyera al santo la voluntad de la Santísima Virgen María de que le construyera una casita en el Tepeyac.
Según relata el Nican Mopohua, – aquí se narra- libro escrito en náhuatl atribuido a Antonio Valeriano (1520?-1605?), publicado por Luis Lasso de la Vega, diecisiete años después de las apariciones de la Virgen, que refiere a “la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyácac” y a las apariciones de la Virgen Santa María de Guadalupe. a quien le descubrió su santa voluntad diciéndole: “Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive, del Creador cabe bien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del Obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que aquí en el llano me edifique un templo; le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has oído. Ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo”
En 1669, un grupo de sacerdotes diocesanos se congregaron con la finalidad de promover la adoración de la Virgen de Guadalupe en Querétaro, promoviendo la construcción de la Iglesia de la Congregación, aprobado por Cédula Real de la Reina Doña Mariana de Austria, Gobernadora de la Monarquía Española, quien señala: “La Reina Gobernadora: Por cuanto D. Fr. Payo de Rivera Enríquez, Arzobispo de la Iglesia Metropolitana de la Ciudad de México, en la Nueva España, en carta de cuatro de mayo pasado de este año, me ha presentado, que en la ciudad de Querétaro (que es de aquella Diócesis) hay una Congregación de todos clérigos, y muchos vecinos de ella, dedicada al culto y veneración de Nuestra Señora de Guadalupe (consuelo y devoción universal de aquellas provincias) la cual desea fabricar una iglesia, capilla o hermita donde colocar esta Santa Imagen con la decencia que se requiere, a costa suya y de muchos ciudadanos, teniendo uno de ellos hecha donación de sitio competente para dicha fábrica, por tener la Imagen al presente en el Hospital de San Hipólito, en altar prestado, y por no reconocer inconveniente en ello, y por ser la Ciudad de Querétaro la tercera de aquel Reino en lo populoso, sin que haya ninguna en que no tenga capilla especial Nuestra Señora de Guadalupe, me ha suplicado el Arzobispo fuese servida conceder licencia para que se fabrique para el mayor culto y veneración de esta Imagen de María Santísima, y habiéndose visto en el Consejo de Indias, y consultándose sobre ello; atendiendo a los motivos de piedad y devoción que el Arzobispo representa, he tenido por bien conceder licencia, como por la presente la doy y concedo a la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe, sita en la Ciudad de Querétaro, para que pueda fabricar una Capilla en que colocar su Santa Imagen, y mando al Virrey y Audiencia Real de México, y a otros cualquier justicias y jueces de aquel Reino, que dejen fabricar esta capilla, sin poner en ello impedimento alguno a la dicha Congregación, siendo como ha de ser, sin perjuicio del Real Patronato y de cualquier otro tercero; y con que en ningún tiempo se pueda fundar convento en ella, ni encargar su administración a religiosos, sino que precisamente haya de estar a cargo de clérigos de entera satisfacción; para cuyo efecto prevendrán lo conveniente al despacho o despachos, que en cumplimiento de esta orden se diera a la Congregación, para la fábrica de dicha capilla, que así es mi voluntad, fecha en Madrid, a diez de Septiembre de mil seiscientos y setenta y uno. Yo la Reina. Por mandato de su Majestad D. Pedro Fernández del Campo.” (sic).
El jueves primero de febrero de 1674 se comenzaron los cimientos de la capilla donde la Venerable Congregación de María Santísima de Guadalupe puso la Imagen traída a Querétaro por el Bachiller Lucas Guerrero, y el sábado primero de junio de 1675 puso la primera piedra de los cimientos de la suntuosa Iglesia de la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe, segundo santuario construido a la Santísima Virgen Santa María de Guadalupe después del Santuario del cerro del Tepeyac, por lo que es, después de la Basílica de Guadalupe, el más importante históricamente, reconocido por el Papa San Inocencio XII en 1691, inaugurada y bendecida 34 años antes de la antigua Basílica del Tepeyac, el 11 de mayo de 1680, por el Licenciado y presbítero D. Juan Caballero y Ocio, teniendo como parte de las festividades de bendición un Octavario que se regocijó con Sermones de gran profundidad, Comedias, Certamen poético y corridas de toros, fabricándose el circo en la Plazuela de San Francisco.
El 7 de diciembre de 1737 se juró Patrona de Querétaro a la santísima Virgen María de Guadalupe por el Alferés Real José de Urtiga y recibió el juramento el Vicario y Juez eclesiástico de Querétaro Juan de Izaguirre. En 1754 se recibió la confirmación del juramento como patrona de Querétaro por el Papa Benedicto XIV. En 1737, la Virgen Santa María de Guadalupe fue llevada en procesión por las calles de la ciudad de México y fue proclamada Patrona de la ciudad de México. En 1746, fue proclamada Reina de toda la Nueva España. En 1754, el papa Benedicto XIV aprobó el patronato, autorizó la traslación de su fiesta al doce de diciembre y le concedió misa y oficios propios. En 1757, la Virgen Santa María de Guadalupe fue proclamada Emperatriz de la América y Patrona de la ciudad de Ponce.
El 12 de octubre de 1895, La Virgen Santa María de Guadalupe fue coronada Reina de México por siempre por el Excmo. Sr. D. Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, Arzobispo de México, en nombre y con la autoridad del Romano Pontífice, ayudado por D. José Ignacio Árciga y Ruiz de Chávez, Arzobispo de Michoacán, aclamándola todos los obispos presentes; momentos después de la coronación el Excmo. Sr. Obispo D. Rafael Sabás Camacho, al igual que todos los obispos presentes en la Basílica del Tepeyac, depositaron su báculo a los pies de la Imagen Verdadera de la Virgen Santa María de Guadalupe, autoimpresa por Ella misma en la Tilma de San Juan Diego; posteriormente, Mons. Camacho propuso a los obispos que cada diócesis mexicana acudiera en Peregrinación anual al Tepeyac a visitar a la Reina, siendo aceptada su propuesta por todos los obispos presentes.
La imagen de la Santísima Virgen nos envía un mensaje al mundo entero y al compararla con los códices indígenas podemos leerla mostrándonos lo siguiente: “Guadalupe” significa en el idioma indígena: “aplasta la cabeza a la serpiente”, hecho que se señala en el Evangelio en Génesis 3:15: María, vencedora del maligno. La Virgen representa a una joven con edad aproximada de 18 a 20 años, su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza, lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señal de virginidad, tiene un cinto arriba del vientre que cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era, lo que marca el embarazo de la Virgen, está “encinta, embarazada”, su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa, es Virgen y Madre, bajo el cinto se observa una flor de cuatro pétalos “Nahui Ollin”, es el símbolo principal en la imagen de la Virgen, es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del especio y del tiempo.
En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo en su vientre, y nos indica que Dios quiso que Jesús naciera en América, en el corazón de cada americano. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo. Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas. La Virgen está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” (México significa ombligo de la luna) para que allí nazca, alumbre y dé vida. Los pueblos mesoamericanos desde tiempos remotos ya veneraban en el cerro del tepeyác a una deidad llamada Tonantzin (que quiere decir Nuestra Madrecita), por ésta razón, fue más fácil para los indígenas asimilar el mensaje traído por la Virgen María de Guadalupe como verdadera Madre de Dios y Madre nuestra. (fuente: https://www.aciprensa.com/Maria/Guadalupe/estudio.htm)
El Pbro Dr. Eduardo Chávez postulador de la causa de canonización de San Juan Diego y canónigo honorario de la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe señala que lo primero que ve Juan Diego es una doncella, una noble emperatriz por el manto azul como el agua que significa el cielo y también con verde que significa la vida, como lo usaba Moctezuma el emperador azteca, y observa que el sol, la luna y las estrellas significan la unidad que para ellos es asombroso ver, ya que desde su incultura siempre estaban en batalla para hacer el día y la noche y poder subsistir el ser humano. En el vientre observa que es una mujer en cinta, no está amarrando sus manos sino que arriba de su cintura está un moño que parece negro pero es un color que le llamaban camote obscuro lo que muestra que está embarazada, en adviento, esperando a Jesús, debajo de la cinta se muestra una flor de 4 pétalos que significa para los indígenas los cuatro puntos cardinales, el universo entero, flor que está en una posición en “X” que significa siempre en movimiento, “Nahui Ollin”, algunos dicen “el jazmín mexicano”, al mismo tiempo la flor tiene un circulo en el centro que significa para los indígenas el Dios de todo, el omnipotente, el Dios dueño del cielo y de la tierra, el único Dios vivo y verdadero, algo así como para san Patricio para mostrar la Santísima Trinidad mostraba un trébol de tres hojas y nosotros la mostramos en forma de triángulo.
La imagen presenta varias flores extrañas que tienen su raíz en el cielo, lleno de estrellas, lo que significa para el indígena que están bien arraigadas, para el indígena lo verdadero es lo que está bien arraigado, lo que tiene historia; la Santísima Virgen envía un mensaje a los indígenas y las encausa en su hijo Jesucristo, dándole la verdad, al observar una flor que está en punta, vemos que tiene otras pequeñas flores en su entorno, al compararlo con sus códices se observa que así los indígenas dibujaban un cerro que significaban los pueblos, con las flores alrededor la Virgen les dice que este cerro está lleno de la verdad, la punta significa el Tepeyac, los indígenas llamaban al Tepeyac cerro punta o cerro nariz, el tallo de la flor representa un río, para los indígenas cerro y agua significa civilización, la Virgen nos muestra la civilización enrraizada en el cielo llena de la verdad de Dios, la señal son las flores del cerro pedregoso el que se convierten en un cerro lleno de vida, es una civilización llena de vida, llena de la verdad, llena de Dios, si giramos la flor y la vemos, se observa que la flor se convierte en corazón y el río se convierte en arterias, lo que significa que la vida está en el corazón y la sangre y le pertenecen solamente a Dios, por eso hacían los sacrificios humanos los aztecas, para extraerles el corazón y ofrecérselo a Dios; la Santísima Virgen les envía el mensaje que la civilización y la vida le pertenecen a Dios que está en el cielo, una civilización de la vida que tiene su raíz. Al interior de la flor se observan ojos, nariz y boca, es un rostro; para los indígenas un sabio es el que puede poner un rostro humano en el corazón ajeno.
La flor nos representa que ésta civilización llena de la verdad y del amor de Dios, enraizada en el cielo, es plena de la sabiduría divina, todas las flores rodean el centro de la imagen, la flor de cuatro pétalos, lo que nos muestra qué lo más importante para la Virgen es su hijo Jesucristo que está fundamentando una nueva civilización del amor de Dios, llena de la verdad de Dios, llena de la sabiduría de Dios, este es el mensaje de la Virgen. Se observan flores de 8 pétalos que descienden significan ls verdad, Nuestra Señora de Guadalupe es la Gran Flor de Dios, es decir la Gran Verdad de Dios que entra en nuestro mundo, en nuestra tierra, en nuestro cerro, en nuestra civilización para hacer de ella una civilización del amor de Dios.
Acotaciones al margen: hoy 12 de diciembre el autor felicita a tres de sus hermanas por el día de su santo. A María Concepción Guadalupe, conchita, a María Guadalupe Loreto, lorepina, y a María Guadalupe, lupina. Comentarios al correo electrónico [email protected]

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