Francisco Javier Meré Alcocer, PH. D.

Francisco Javier Meré Alcocer

TEMPORAL

QUERÉTARO AL TEPEYAC

El pasado domingo 2 de julio el obispo de la Diócesis de Querétaro, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, celebró en la Santa iglesia Catedral la Misa de Envío de los peregrinos guadalupanos de la Diócesis de Querétaro, en vísperas de iniciar su caminar rumbo a la Basílica de la Santísima Virgen María de Guadalupe, lugar a donde acuden cada año desde hace 131 años los peregrinos guadalupanos pertenecientes a la Diócesis de Querétaro, que comprende todo el estado de Querétaro y de parte del estado de Guanajuato, partiendo las hermanas peregrinas el pasado viernes 8 de julio de Neblinas de Guadalupe, Landa de Matamoros, y partiendo un día después del mismo lugar los hermanos peregrinos, habiendo iniciado las dos columnas peregrinas con la presencia del Nuncio Apostólico Franco Coppola, quien en compañía de Mons. Armendáriz, dieron testimonio de la fe mariana y guadalupana de los peregrinos de la Diócesis de Querétaro.

La Peregrinación Guadalupana inició en 1886 a iniciativa del tercer obispo de la Diócesis de Querétaro, Excmo. Sr. D. Rafael Sabás Camacho, quien sabedor del amor de los queretanos a su patrona la Virgen Santa María de Guadalupe, hizo un llamado al pueblo católico de la Diócesis de Querétaro a realizar una peregrinación al Tepeyácac para darle gracias a Nuestra Madre Santísima por todos los favores recibidos por su intersección ante su Divino Hijo y para solicitar su intervención ante Él por los males que les aquejaban. La primera peregrinación de la Diócesis de Querétaro partió el 8 de septiembre de 1886, de la que señala el cronista P. Juan González que: “No faltaron muchas personas que emprendieran el camino a pie, por encontrarse escasos de recursos, pero ricas en cambio de afecto y devoción a la excelsa Madre de Dios”. Desde ese año de 1886, la peregrinación se realiza año con año sin interrupción, a pesar de no ser convocados los peregrinos, por lo que la peregrinación de este año 2017 es la número 132, siendo oficialmente la número 127, por los cinco años de 1914, 1915, 1916, 1927 y 1928 que la peregrinación no fue convocada por la Diócesis, pero que tampoco fue prohibida y que no son reconocidas aún por la Diócesis, a pesar de haber autorizado a una comisión de peregrinos para realizarla en esos años de efervescencia política, peregrinando guiados por el maternal cariño de la Virgen María. Ojalá algún día la Diócesis las reconozca.

Mons. Camacho conocía el gran afecto filial de los queretanos a la Virgen de Guadalupe, jurada patrona de Querétaro por el Alferés Real José de Urtiga el 7 de diciembre de 1737, recibiendo el juramento el Vicario y Juez eclesiástico de Querétaro Juan de Izaguirre, confirmando el juramento como patrona de Querétaro el Papa Benedicto XIV en 1754, por lo que su llamado tuvo eco iniciando la costumbre de peregrinar al cerro del Tepeyac, partiendo del Santuario de la Congregación, segundo santuario guadalupano del mundo construido antes de la Colegiata de Guadalupe, para encontrarse con la excelsa Madre de Dios en la casita que solicitó se le construyera en el Tepeyácac por intersección de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin para dar cobijo a sus hijos.

Nuestra Madre del cielo, la mañana del sábado 9 de diciembre de 1531, le habló a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, natural de Cuautitlán, quien al caminar al amanecer de ese día por el cerrillo llamado Tepeyácac, oyó cantar arriba del cerrillo, cantos semejantes al de varios pájaros preciosos, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del Coyoltototl y del Tzinizcan y de otros pájaros lindos que cantan, él se paró a ver y se dijo para sí: “¿Por ventura soy digno de lo que oigo? ¿Quizás sueño? ¿Me levanto de dormir? ¿Dónde estoy? ¿Acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? ¿Acaso en el Cielo?”, según relata el Nican Mopohua, – aquí se narra- libro escrito en náhuatl atribuido a Antonio Valeriano (1520?-1605?), que refiere a “la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyácac” y a las apariciones de la Virgen Santa María de Guadalupe. Cuauhtlatoatzin vivió de 1474 al 30 de mayo de 1548, es el nombre náhuatl de San Juan Diego que significa «el águila que habla», beatificado en 1990 y canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II.

Diez años después de la primera peregrinación de la Diócesis de Querétaro el Tepeyac, el 12 de octubre de 1895, La Virgen Santa María de Guadalupe fue coronada Reina de México por siempre por el Excmo. Sr. D. Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, Arzobispo de México, en nombre y con la autoridad del Romano Pontífice, ayudado por D. José Ignacio Árciga y Ruiz de Chávez, Arzobispo de Michoacán, aclamándola todos los obispos presentes; momentos después de la coronación el Excmo. Sr. Obispo D. Rafael Sabás Camacho, al igual que todos los obispos presentes en la Basílica del Tepeyac, depositaron su báculo a los pies de la Imagen Verdadera de la Virgen Santa María de Guadalupe, autoimpresa por Ella misma en la Tilma de San Juan Diego, posteriormente Mons. Sabás Camacho propuso a los obispos presentes que cada diócesis mexicana acudiera en peregrinación anual al Tepeyac para visitar a la Reina, siendo aceptada su propuesta por todos los obispos presentes. En cumplimiento con la promesa del Excmo. Sr. Obispo D. Rafael Sabás Camacho, los peregrinos queretanos desde 1886 nunca han dejado de asistir a su cita anual al Tepeyac a pesar de no ser convocados, sin importarles los peligros del camino., habiendo peregrinado los años de 1914, 1915, 1916, 1927 y 1928 sin ser convocados por la Diócesis por el peligro que representaba la inseguridad de los caminos, como resultado de los disturbios políticos y sociales en esas épocas en el país con la guerra civil posterior a la revolución y con la guerra cristera.

La peregrinación de Querétaro al Tepeyac es un retiro espiritual de los peregrinos, un reconocimiento al Dios por quien se vive, una forma de agradecerle por los favores recibidos durante el año, un homenaje a su Santísima madre la Virgen Santa María de Guadalupe, quienes le agradecen y/o le solicitan interceda por ellos, sus familiares y amigos ante Dios Nuestro Señor, peregrinación que la Diócesis motivó en 1888 para que fuera un acto de reparación por los pecados personales, familiares y sociales. Julio es el mes más esperado por los peregrinos de todos los niveles sociales, para acudir con devoción a la Basílica de Guadalupe; sin embargo, no todos los peregrinos tienen la oportunidad de acudir año con año a su cita anual a la Basílica del Tepeyac, por una serie de circunstancia tales como compromisos de trabajo, enfermedades, falta de recursos económicos, etc.

La peregrinación es una piadosa costumbre del pueblo de Querétaro y Guanajuato que peregrina a la Insigne Basílica Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, cumpliendo la promesa hecha por el obispo Sabas Camacho a la Virgen María el 12 de octubre de 1895. Sólo viviendo un día la Peregrinación, la que perdurará a través de los siglos aún sin ser convocada, como sucedió en los años no convocada, se comprende con claridad su magnitud, aunque no se llegue al Tepeyac.

Un día de peregrinar es una experiencia inolvidable que convierte a la persona en peregrino de por vida. Para los peregrinos de la Diócesis de Querétaro, Dios se deja encontrar en el camino al Tepeyac, la luz de Dios se hace camino guiados por el esplendor de la Virgen Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización. Quien ha peregrinado al Tepeyac una vez, se convierte en peregrino guadalupano de por vida y el no acudir a su cita anual al Tepeyac le provoca mayor pesadez que el caminar.

En la actualidad la peregrinación inicia con dos pequeñas columnas peregrinas, la de mujeres y la de los hombres, que salen de la sierra queretana de Neblinas de Guadalupe de la Ermita del Peregrino, hermosa construcción de mármol hecha por iniciativa de Don Reinaldo Chaparro quien consiguió fondos para costear la obra, continuando los peregrinos por el “Camino de Juan Diego”, las columnas serranas peregrinan 10 días para cubrir el tramo Neblinas-San Juan del Río donde se unen con las columnas peregrinas que saldrán los próximos días 15 y 16 de julio de Santiago de Querétaro, para recorrer juntos los días que los separan del Tepeyac, siendo 7 días para las mujeres y 6 días para los hombres.

Durante el trayecto por la sierra gorda gracias a la generosidad de sus habitantes los peregrinos reciben alimentos gratuitos. Las columnas peregrinas serranas pernoctaban en El Lobo y a partir de 1999 a solicitud del padre Francisco Miracle de feliz recuerdo, cambió de lugar para pernoctar en Tilaco. La columna femenil sale un día anterior a la columna varonil, llegando tres horas antes el mismo día que arriba la columna varonil al Tepeyac, por lo cual las peregrinas que inician en Neblinas de Guadalupe peregrinan 17 días y las que salen de Santiago de Querétaro peregrinan 9 días, la columna varonil que sale de neblinas de Guadalupe camina 16 días y la de Querétaro 8 días.

Los peregrinos que salen de Querétaro parten del Santuario de la Congregación pasando por la Ermita en las afueras de la ciudad rumbo a la Basílica del Tepeyac, hasta donde llegan sus familiares a despedirlos, muchos peregrinos comienzan en la Ermita y caminan con sus familiares hasta La Noria, donde es costumbre que celebre la Misa de Buen Viaje el Sr. Obispo.

La peregrinación queretana es la segunda en tamaño, después de la del Estado de México, y está considerada como la peregrinación más ordenada y organizada del país, lo que la coloca tal vez en la más organizada del planeta al ser la Basílica de la Virgen Santa María de Guadalupe el templo católico más visitado del mundo, según lo señala el Wall Street Journal, peregrinación dignamente representada por uno o varios miembros de la mayoría de los hogares católicos de la Diócesis de Querétaro, quienes acuden a la Villa de Guadalupe para dar gracias por los favores recibidos durante el año y/o para solicitarle a la Santísima Virgen María de Guadalupe interceda por ellos y sus familias ante Dios Nuestro Señor.

Algunos peregrinos se preparan caminando a alguno de los Santuarios de la Diócesis, como el acudir al Santuario de Nuestra Señora del Pueblito o a la Basílica de Soriano. La gran mayoría de los peregrinos días antes hacen su maleta, guardan su Rosario, la ofrenda más preciosa a Nuestra Madre Santísima, un impermeable en lugar del shirgo que servía para la lluvia y para la cama, un sombrero o chamaquit, un paliacate para el cuello como símbolo principal del peregrino. Hay quienes llevan una bolsa de tela o una mochila en recuerdo de la catahuila, bolsa de cuero que no podía faltar en la columna guadalupana y su bordón como signo de apoyo de nuestra debilidad de nuestro caminar. Un día antes de iniciar la Peregrinación, la mayoría de los peregrinos lleva su maleta a los vehículos de transporte peregrino; quienes no la depositaron parten el día de la salida cargándola hasta encontrar un vehículo que se encargue de llevarla.

Cuando el peregrino sale de su casa para iniciar la Peregrinación está emocionado, feliz, contento, lleno de vida, su rostro está iluminado, refleja felicidad, tiene un sentimiento muy especial. El peregrino se amarra su paliacate al cuello, se coloca el sombrero, amarra su impermeable al cinturón, se despide de su familia y sale feliz rumbo al punto de salida, donde se reúne con su grupo, con sus parientes, con amigos y conocidos. Inicia el camino al Tepeyac y poco a poco se aleja de su morada. En su cabeza lleva muchas cosas. Su pensamiento está disperso, piensa en las cosas cotidianas, mundanas, en su trabajo, en su familia, en sus compromisos, en sus malestares, etc. Poco a poco con su caminar despeja sus pensamientos y se adentra en la Peregrinación, la que congrega todas las clases sociales sin distingos.

Los actos litúrgicos, la Eucaristía, la Hora Santa, el rezo del Rosario y el cansancio de la primera jornada lo trasforma. El retiro espiritual en que está inmerso lo hace pensar diferente, reflexiona en silencio durante su caminar sobre su ser y su forma de vida. Al día siguiente su pensamiento es otro al que tenía cuando salió de su casa. No tiene preocupaciones, está feliz de peregrinar, presenta una serenidad. Su única obligación es caminar y participar de los actos litúrgicos de la Peregrinación. El peregrino disfruta el maravilloso mundo de la Peregrinación. El gran amor hacia la Santísima Virgen María que profesan los peregrinos, los motiva a peregrinar a su basílica  en el Tepeyac.

24 horas después que el peregrino salió de su casa es otra persona. El cansancio no le importa, camina a pesar de estar cansado o con ampollas, no le preocupa si llueve o hace calor. Si por alguna razón tiene que regresar a su casa y a su vida cotidiana, ya sea por su trabajo o alguna otra causa, está incómodo, molesto, irritado, sólo piensa en el día que regresará a continuar con los peregrinos. Quien regresa a su vida cotidiana y no continúa en la columna peregrina sólo piensa en regresar el próximo fin de semana para llegar al Tepeyac. El Pbro. José Morales Flores (de feliz recuerdo), quien fuera Director Espiritual de la columna varonil decía: “El peregrino que no camina está más triste que el que camina, todos los años cuentan aunque sólo se camine un día”

El Presbítero Melesio Domínguez R. señala en su artículo “La Virgen de Guadalupe, Primera Misionera de México” (octubre de 2013) “Todos los peregrinos queretanos nos sentimos como hermanos en-el ámbito de la casa común, venimos a ofrecer nuestras vidas, nuestras familias, toda la Diócesis con sus alegrías, esperanzas; y temores venimos a la casa de nuestra Madre a encontramos en la casa de la familia donde todos nos sentimos corno hermanos, a reafirmar nuestra fe Mariana y a fortalecer nuestra esperanza, venimos a contarle nuestras preocupaciones porque sabemos que seremos escuchados, tendremos la oportunidad de pasar ante la prodigiosa imagen, imán de todas las miradas y súplicas de los Mexicanos. La Virgen de Guadalupe vino a anunciar un Dios por quien se vive, donde no hay vencedores ni vencidos y en todo caso con especial predilección a favor de los más pobres y de los más pequeños.”

“Vino a predicar a Cristo, que nos invites a la reconciliación, a desterrar el odio; vino a predicar la salvación en Jesús aceptado por la fe y el amor, en Él se crea la fraternidad, se superan las fricciones. María corno evangelizadora en su persona, fue la síntesis de este Pueblo mestizo, de su presencia morena. Ella hizo nacer un nuevo pueblo. México surgió como nación con el poder de la palabra anunciada por María, la obra de Evangelización es inacabable, nuestra Señora de Guadalupe la inició entre nosotros pero luego nos confío que la continuáramos.”,

“Venimos al Santuario de Guadalupe a poner en su regazo materno a este país. En particular venimos a poner nuestra Diócesis venimos a pedirle que se intensifique la Evangelización de nuestra patria. Venimos a pedirle que se apiade de la cultura de la vida como el anuncio de Cristo, que es una vida verdadera. Venimos a rogarle que continúe su misión, que nos ayude para hacer de esta Iglesia ese México vigilante, alerta, eficaz para que se cumpla la misión que le corresponde en esta hora crucial” (sic). Comentarios al correo electrónico  [email protected]

 

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