FERNANDO CORZANTES / EL SACRIFICIO

ENCUENTRO CIUDADANO

“Ahora los beneficiarios de la represión gubernamental nos hablan de moral”

Pedro Salmerón abrió una de las muchas cajas de Pandora de la historia reciente del país.  Y aunque el hecho por él recordado haya ocurrido hace 46 años, todavía abre heridas y provoca desgarramiento de vestiduras.  El dolor está todavía presente y no sólo entre los miembros de la clase empresarial neoleonesa, sino en los cientos y miles de muertos y deudos de una de las luchas más incruentas, despiadadas y desiguales de la historia del país.  Grupos de jóvenes no sólo valientes, sino convencidos y empeñados en combatir a un sistema, lo hicieron con armas de fuego, pero también con publicaciones, volantes, libros, pasquines y su publicación ícono “Madera”.   Tal vez por ello su persecución y brutal represión era por el miedo a los libros.  Era común que cuando los policías y militares incautaban una casa de seguridad encontraran más libros que armas, los cuales eran presentados como pruebas acusatorias.

Durante los años setentas del siglo pasado, movimientos guerrilleros trataron de cambiar el sistema económico y político de nuestro país. Uno de los grupos que intentaron el cambio fue la Liga Comunista 23 de Septiembre.  Los militantes de esta guerrilla urbana hacían un estudio constante de los clásicos del marxismo y del socialismo, así como de la injusticia en México.

Ante el fatídico intento de secuestro del empresario Eugenio Garza Sada, la respuesta del Estado y los grupos empresariales, fue la venganza a través del proceso 211/73, mediante el cual, el Estado mexicano comenzaría una autentica cacería en contra de los miembros de la Liga.  Mediante torturas, el Estado interrogaría a dirigentes que ya estaban presos y que de hecho no tuvieron participación en la planeación y ejecución del secuestro, imputándoseles el delito de homicidio y tentativa de secuestro.

Los familiares de dos miembros del comando que morirían en la balacera, fueron detenidos de manera arbitraria y torturados. Mientras tanto, la ciudad de Monterrey fue completamente militarizada la noche del incidente, desencadenándose múltiples violaciones a las garantías individuales de la población.

Tiempo después la Dirección Federal de Seguridad detiene a Salvador Corral García e Ignacio Olivares Torres, ambos, son brutalmente torturados y asesinados durante ese proceso. No existió nunca la intención de hacer justicia, se trató de unos asesinatos realizados con el fin de demostrar a las clases empresariales que el Estado mexicano no escatimaría esfuerzos para erradicar al movimiento armado.  A similitud de las ejecuciones del crimen organizado, los agentes de la DFS tiran el 11 y 14 de febrero de 1974 los cadáveres de Salvador Corral García y de Ignacio Olivares Torres en las calles de Monterrey, cerca de la casa de la familia Garza Sada.  No contenta con esto, la burguesía consentiría la genocida campaña de extermino contra las organizaciones armadas, apoyando a los escuadrones de la muerte del Estado mexicano como la Brigada Blanca y la Brigada Jaguar.

Y sí, la Liga Comunista 23 de Septiembre estuvo conformada por mujeres y hombres valientes, que al parecer se les tiene miedo a su recuerdo.

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