FERNANDO CORZANTES / EL MALESTAR EN LA CULTURA

ENCUENTRO CIUDADANO

De la serie matutina “Yo tengo otros datos”, que se transmite de lunes a viernes por todos los medios posibles, somos testigos de las afirmaciones de que lo que observamos, puede estar peor. Uno de los síntomas es el malestar que hay en la cultura, pero no me refiero a la obra de Sigmund Freud, sino al profundo malestar de un sector y comunidad que está seriamente dolida y agraviada con la política y recortes de la cuarta transformación al sector cultural.

Es preocupante y grave la aplicación de recortes presupuestales para ciencia, educación, cultura y salud, son un gasto social que no se debería amputar su futuro y desarrollo. Un indicio es el presupuesto total que México destina a la cultura, el cual representa menos de una cuarta parte del 1% de los egresos federales, es decir, no llega al 0.25%. Es poco lo que se ahorra y muchísimo lo que se pierde del presupuesto de la Secretaría de Cultura, incluyendo el INBAL y el INAH. El 18 de junio pasado, el presidente López Obrador al referirse al apoyo de su gobierno a la cultura (que él de manera reductiva define como lo que tiene que ver con los pueblos) sostuvo que: “nunca los pueblos originarios, los integrantes de nuestras culturas habían sido atendidos como ahora, pues el objetivo preferente de los programas sociales son los pueblos indígenas”. Esa concepción es justo la que rechazaron integrantes de 20 pueblos indígenas: maya, chuj, yaqui, zapoteco, ñuu savi, tseltal, ch’ol, mam, rarámuri, ikoot, ikojt, ñahñu, ñuhú, nahua, chatino, ayuuk, totonaco, lacandón, me`phaa y zoque, reunidos en la Ciudad de México el mes pasado para analizar la situación en que se encuentra la defensa de sus territorios ante el nuevo gobierno. Reivindicaron con orgullo ser pueblos originarios, sujetos colectivos, con una cultura e identidad propia y se opusieron a ser tratados por Presidencia como pobres individuales, necesitados de asistencia. Por eso cuestionaron que los programas de bienestar están dirigidos exclusivamente a individuos, mientras no hay apoyos que fortalezcan las comunidades agrarias o indígenas, ni los ejidos, ni otras formas de organización que han sido la base agraria sobre la que los habitantes originarios han mantenido sus identidades, sus sistemas normativos, sus instituciones, en fin su cultura.

De acuerdo con datos de la Plataforma Nacional de Transparencia, tan sólo en el primer trimestre, en el sector cultura dejaron de trabajar más de mil personas. Los motivos van de la ‘‘renuncia voluntaria” y ‘‘asuntos personales” a la terminación de contratos, sobre todo entre trabajadores eventuales o bajo los esquemas de contratación por honorarios. Así surgieron movimientos como #YaPagameINAH y #YaPagameINBA, a través de los cuales investigadores en ciencias sociales, humanidades y artes de los institutos nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes hicieron públicas sus condiciones laborales y el retraso en sus pagos. Se esperaba que el nuevo gobierno diera fin a su incertidumbre, pero la respuesta fue el recorte de personal y presupuestario.
Con el pretexto de la austeridad republicana y del combate a la corrupción, se están eliminando programas e instituciones para monetizarlas y distribuir el recurso en entregas directas, sin padrones de operación y con padrones levantados por miembros partidarios de Morena. Estas acciones no son políticas públicas, sino caprichos presidenciales, donde desaparecen fondos como el minero, el fondo de promoción turística, el de los pueblos mágicos, Prospera (programa integral de educación, salud y alimentación) sustituido por el reparto de dinero en forma directa, las estancias infantiles, el Inadem, etc., etc. Esto es la destrucción y devastación del capital institucional logrado en décadas, cuyos efectos no serán visibles por el momento ya que son de un impacto diferido. Más grave que los recortes es que los programas sustitutos o complementarios de entrega de dinero clientelar sean con miras al 2021. Alejandro Jodorowsky, señala que “Cuando los países se desmoronan y se caen lo único que queda de ellos es la cultura, por eso es tan importante. Un país sin cultura va a la desaparición. Hay que dedicar un capital a la cultura”.

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