Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

DE LA HIPOCRESÍA A LA DIGNIDAD

No sólo es contradictorio y absurdo, sino perturbador el que cuando los derechos humanos de las mujeres indígenas son violentados por una larga fila de empleados municipales (de Amealco y Querétaro), se presuma a la nueva embajadora mundial queretana, la muñeca hñähñu Lele. El gobierno de Francisco Domínguez promueve en Europa a la hermosa muñeca otomí y aquí a sus creadoras las golpean, detienen, encarcelan, amenazan, persiguen y roban; sin que hasta la fecha nadie haya sido responsabilizado de estos ultrajes y violaciones. Por su parte la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro ha re victimizado a las indígenas, mostrando una actitud servil y permisiva a este agravio. Esto es debido a que la base del gobierno de Domínguez Servién es clasista y discriminadora, por ello no responde a la demanda de justicia, y no tiene empacho en apropiarse de la muñeca original otomí. Cabe señalar que la población indígena de Querétaro está integrada en su mayor parte por otomíes o hñähñu, que representan el 86% de los hablantes de alguna lengua indígena en el estado y que se localizan principalmente en los municipios de Amealco y Tolimán, y en menor medida en Cadereyta, Ezequiel Montes, Colón y Peñamiller, lo que ha colocado a Querétaro como la tercera entidad con mayor número de hablantes de lengua Otomí o hñähñu en el contexto nacional. Y es de éste pueblo donde nace la ahora internacional Lele, que no por nada es una mujer, una mujer indígena, y el serlo en México, es una de las peores condiciones.  El estudio “Panorama socioeconómico de la Población Indígena de Querétaro”, señala la grave situación de desventaja en la que viven las mujeres indígenas del estado con respecto al resto de la población. Esta situación se muestra de manera reiterada con las indígenas comerciantes que son objeto de operativos, patrullajes, decomisos, desalojos, violencia, rondines y acoso, como prácticas en contra del sector poblacional más vulnerable. Otro lamentable ejemplo son las medidas de protección emitidas por la Fiscalía General del Estado de Querétaro a favor de Verónica Sánchez Gutiérrez, delegada municipal que discriminó y amenazó a Jacinta Francisco Marcial debido a su intervención en un conflicto por aumento en el cobro en el tianguis en Santiago Mexquititlán, municipio de Amealco de Bonfil. Otra vez el mundo del revés, la autoridad protege con toda su fuerza a uno de los suyos y deja en el desamparo a quién debe salvaguardar.   Como vemos la norma y regla es la violencia institucional, a través de actos u omisiones de servidores públicos que discriminan, dilatan, obstaculizan e impiden el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres indígenas, que a pesar de ello siguen dándonos ejemplo de nobleza. Recordemos el discurso de Estela Hernández, hija de Jacinta Francisco Marcial, quién pasó tres años en prisión, cuyas palabras cimbraron a México durante el acto de disculpa oficial del Gobierno federal a las tres indígenas del pueblo de Santiago Mexquititlán, por acusarlas y encarcelarlas de un secuestro que nunca cometieron. Resuena su frase que hace referencia a los derechos de los pueblos indígenas y taladra la dura piel del gobierno queretano: “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

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