Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

Racismo

Contemplaréis afligidos que casi toda la tierra ha sido y aún es, víctima de sus gobiernos.”

Simón Bolívar

Hay algo más profundo y terrible en el desalojo del pasado 24 de diciembre de indígenas artesanos y comerciantes en la Plaza de Armas de nuestra ciudad: el racismo.   En nuestro estado y país, esto no es nuevo.  Veamos.

En México el color de la piel influye en el nivel de estudios y en las oportunidades laborales que tiene la gente. Entre más oscura es la piel, resulta más difícil escalar profesionalmente. Así lo estableció un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a mediados de 2017, con lo que se mantiene el debate sobre el nivel de racismo o discriminación que hay en México.  No sólo este estudio del INEGI concluyó que el color de la piel puede ser determinante en el futuro de los mexicanos, estudios previos demostraron el nivel de discriminación que existe hacia las personas por el color de piel o cultura. La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, elaborada por la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), mostró que 20% de las personas en México no se sienten a gusto con su tono de piel.  Uno de cuatro mexicanos dijo sentirse discriminado por su apariencia física, y un 5.5% consideró negativo que la sociedad está formada por gente de fenotipos distintos.  Un 23% de los encuestados, habitantes de México, dijo no estar dispuesto a vivir con alguien de otra “raza” o con una cultura distinta.  Y el 55% reconoció que en el país se insulta a los demás por su color de piel.   En otro estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el año 2016, al cuestionar si el color de la piel influye o no en el trato que reciben las personas, el 51% dijo que sí.   Un 47% señaló que los indígenas no tienen las mismas oportunidades para obtener un trabajo en México. Por lo que el 72% consideró que sí hay racismo en México.   El racismo se expresa con actitudes e ideas erróneas en el sentido de que algunos grupos sociales son superiores a otros, y que esa superioridad es “natural” y se expresa en el color de la piel, los rasgos de la cara o el tipo de pelo.   En la vida diaria, el racismo se expresa sobre todo en chistes, comentarios y frases que ridiculizan, minusvaloran o desprecian a las personas por su tono de piel, su historia, su cultura, sus tradiciones o su condición social.  Y en la vida pública se muestra en franco desprecio y violencia.   No es nuevo, desde hace mucho tiempo, militantes y funcionarios emanados del Partido Acción Nacional (PAN) han sido denunciados por expresiones racistas e incluso por llamar a la ciudadanía a unirse en torno a organizaciones pro nazis. Es una realidad que ese instituto político está infiltrado por personas que han fomentado las expresiones de odio contra minorías indígenas y afroamericanas, contra homosexuales y contra personas que practican una religión distinta a la católica, entre otros. Desde la cúspide partidaria y de los gobiernos que encabezan, no ha habido pronunciamientos claros y tajantes para impedir que ese tipo de expresiones de odio sigan permeando.

Y la realidad se impone ante el más reciente capítulo de esta serie de incidentes para un gobierno y partido que dicen defender el humanismo y el respeto a los derechos humanos, como fue el violento desalojo de artesanos indígenas, integrado fundamentalmente por mujeres, adultos mayores, niñas y niños.

Ante este escandaloso acto de la autoridad, el Frente Queretano por el Derecho a la No Discriminación y el Estado Laico lanzó una alerta por el desalojo, considerando que fue un grave hecho de discriminación y violencia.  Los integrantes del Frente recordaron que la Agenda Ciudadana Incluyente, que firmó el presidente municipal de Querétaro, Luis Bernardo Nava, contiene el compromiso de proteger los derechos humanos de las poblaciones indígenas.  El Frente indicó que las comunidades indígenas son originarias de esta tierra a pesar de la colonización permanente desde hace más de 500 años, que ha venido despojándolos no sólo de sus tierras, sino de los más elementales derechos humanos como es el derecho al trabajo digno.  Y que fue clara la forma unilateral de actuar del gobierno, que violento a las artesanas indígenas, sin dar oportunidad a la participación ciudadana de ser escuchada, recordando que el actual gobierno debe “mandar obedeciendo”.  El gobierno queretano parece olvidar que la justicia es el fin del gobierno.

Triste realidad de nuestro estado y del país.

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