Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADNO

LOS CONTRAPESOS

En el colmo del cinismo, doce gobernadores del PAN señalan en carta enviada al Presidente electo que “El País se construye de abajo hacia arriba… en camino trazado en la Constitución, en el federalismo, en la división de poderes, en el respeto a los derechos y libertades”, esto entre otros señalamientos en los que se desgarran las vestiduras (o investiduras).  Habría que exponer que la mayoría de los firmantes actúan y han actuado como dueños políticos de su territorio.  Esta constelación de hombres fuertes se han movido sin tener como referencia fundamental al presidente en turno, ni estar sometidos a su gobierno. A escala local, sus hábitos han sonado más a hegemonía que a democracia, sin contrapesos.   En nuestro país los políticos y grupos de interés abusan, y lo hacen porque pueden, ya que si hubiera contrapesos efectivos no podrían.  Los contrapesos son la esencia de un sistema democrático de división de poderes. Su existencia implica que cada uno de los poderes públicos y niveles de gobierno tiene atribuciones limitadas y depende de los otros para poder funcionar.  Ninguno es eficaz por sí mismo, pero todos funcionan en conjunto.  Cuando todas las partes, es decir el Congreso, la Presidencia, el Poder Judicial, los estados y sus municipios, reconocen sus limitaciones y dependencia mutua, el sistema logra una ideal capacidad de operación.  En México tenemos muchos poderes con capacidad de obstrucción, pero casi ninguno con verdaderos equilibrios, y eso debe articular la llamada cuarta transformación.

La principal garantía del funcionamiento de un sistema político y de su estabilidad son los pesos y contrapesos con los que se integre.  El sistema político priista nunca se caracterizó por la balanza política. El concepto era ininteligible para una estructura fundamentada en la centralización del poder y en la capacidad de control y de la imposición.  Pero a partir de la “alternancia” entramos en otra etapa nacional, en la cual acabamos en el peor de los mundos: sin controles, sin equilibrios y sin contrapesos. Ello permitió la guerra de Calderón y la descomposición Peñista.  Estea ciclo se muestra como una era en la que una combinación de ánimo federalista, ingenuidad e ineficacia gubernativa, profundizaron de tal suerte la fragmentación del poder que el presidente acabó por no ser ya un mandatario genuinamente nacional, sino una especie de jefe de gobierno, lo cual generó cierto vacío que fue llenado por otros actores.  Esa tendencia benefició directamente a gobernadores y alcaldes que, ante la evaporación del peso presidencial, convirtieron sus territorios en pequeños principados donde ellos mandan casi de cabo a rabo. Administran la educación y la salud públicas; deciden sobre buena parte de las regulaciones que afectan la vida económica; pactan alianzas con las elites del poder nacional sin intermediación federal; manejan sus policías; ordenan casi íntegramente el desarrollo urbano y tripulan las principales fibras del tejido político local.  A pesar de que el pasado primero de julio se mostró la reprobación a la administración municipal de la capital (que gano el PAN por menos de un punto).  A pesar de mostrarse que la calificación al gobierno no es aprobatoria.  De que Ricardo Anaya no gano ni en su propio estado.  A pesar del rotundo fracaso del Frente Nacional por todo el país, los panistas de Querétaro, en particular su clase política, no leen ni toman con seriedad este hecho y continúan trabajando con las mismas estructuras y prácticas.  Hasta ahora gobiernos van y gobiernos vienen y las estructuras sociales y políticas son las mismas, no cambia nada.  La ausencia de pesos y contrapesos protege al statu quo y paraliza al país.  Por lo que se requiere articular una estructura que permita gobernar y nulifique la proliferación de poderes fácticos.

Un inicio son la figura de los llamados superdelegados y la creación de comisiones presidenciales con facultades de investigación y fiscalización. Es una bomba y será también una reforma política. La creación de los superdelegados quitará poder a los gobernadores, en favor del presidente y su equipo.  No será difícil la decisión porque la población está cansada de los abusos de los gobernadores y de la falta de contrapesos locales.  También de la indiferencia o complicidad de quienes mandan desde la capital.

Independientemente de la forma que pudiera cobrar un eventual acuerdo político, su elemento fundacional tendrá que residir en la construcción de un sistema eficaz de pesos y contrapesos. El 1° de julio creó la oportunidad, pero sólo el acuerdo político puede construir un sistema perdurable.

Comentarios en Facebook Fernando Corzantes y en  HYPERLINK “mailto:[email protected][email protected]

Comentarios

Comentarios