Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

La infamia, 50 años

“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”

Milan Kundera

El 2 de octubre no se olvida.  Aun así hay lagunas en la historiografía mexicana sobre éste hecho monstruoso.  Pero no es caso único, ya que desde los años 20’s del siglo pasado, hasta nuestros días, una serie de movimientos sociales fueron escapando de la historia, de la historia oficial, de los archivos, buscando ser ocultados, escondidos, pero vigilados, esperando sean olvidados.  Pero la terca memoria se resiste, busca y muestra la otra verdad, la de las víctimas, la verdad que no es “histórica”.  Con un claro propósito de esconder la realidad, se ha condenado al olvido a quienes se han atrevido enfrentar al estado.   Tendrían que pasar decenios antes de poder hablar y conocer no solamente de las dos guerras cristeras; de las diversas resistencias armadas campesinas en los años 40s y 50s; de la resistencia y lucha de Rubén Jaramillo; del asalto al cuartel Madera en Chihuahua, de las guerrillas de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, de las guerrillas urbanas en las décadas de los años 70 y 80´s con la guerra sucia que le acompañó, hasta la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.  Pero nuevamente la desmemoria nos amenaza, ya que no están lejanas las matanzas de Aguas Blancas en Guerrero y las de Acteal, El Charco y El Bosque en Chiapas, y más cercanas aún la represión en Lázaro Cárdenas, San Salvador Atenco, Apatzingán, Tlatlaya, Ayotzinapa y Ecuandureo, la continua provocación a los municipios autónomos zapatistas, los más de 250 mil muertos en doce años de guerra contra el narco, las más de mil trescientas fosas clandestinas y los más de 30 mil desaparecidos. Sobre éstos hechos se tiende un velo que llama al olvido.

Hemos conocido las luchas por la democracia en nuestro país a través de los caídos, de las víctimas, evidenciando una de las formas más dramáticas del ejercicio del poder, la represión.   El movimiento popular estudiantil de 1968, aparte de ser el origen moderno de la democracia en México, sirvió como campo de cultivo de ideales y sueños que fueron llevados a la peor de las pesadillas la tarde del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas. No había salida, si se demandaban libertades, justicia y democracia, se respondía con represión. En el marco de la guerra fría los gobiernos emanados de la revolución se desarrollaron con una vocación represiva a todo lo que pareciera o se manifestara como disidencia. Estas acciones han sido la respuesta de un gobierno que ha renunciado a la justicia más elemental y a la democracia, y se ha instalado en el autoritarismo despótico. Hace 50 años profesionistas y jóvenes estudiantes reclamaban dentro de los cauces legales la apertura del régimen, en el reconocimiento de los visibles rezagos del proyecto económico y político. Aún nos seguimos preguntando qué razones hubo para asesinar al pueblo en Tlatelolco. Muchas veces la mente de los asesinos son inescrutables, pero podemos tener algunas luces si recordamos cuáles eran las demandas de los estudiantes, que el régimen consideraba innegociables y que lo orillaron a cometer un crimen de lesa humanidad.  El denominado Pliego Petitorio, encarnado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), del movimiento pro libertades democráticas, reclamaba la libertad de los presos políticos; destitución de los responsables de la policía y el cuerpo de granaderos, así como la extinción de ese grupo; indemnización a las familias de los muertos y heridos, así como que el Estado asumiera la responsabilidad de lo que había ocurrido.

Como puede observarse estas demandas iban al centro del sistema político, autoritario, vertical, paternalista y violento por naturaleza.  El movimiento pro-libertades democráticas sucumbió ante testigos, cómplices y culpables que no han sido juzgados. La historia de este crimen todavía no termina. La conmemoración del movimiento estudiantil-popular de 1968 es la lucha de la memoria contra el olvido.   No olvidemos. No olvidamos.

Comentarios en Facebook Fernando Corzantes y en [email protected]

Comentarios

Comentarios