Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

La organización estudiantil

Hace unos días llegó a mis manos el libro “La organización estudiantil en la Universidad Autónoma de Querétaro (1958-2016)”, por medio de su autor, el joven historiador Kevin Simon  Delgado, realizado conjuntamente con Daniel Guzmán.  El texto es una importante contribución a los estudios de éste dinámico sector juvenil y no podía ser más oportuno leerlo y reflexionarlo que en el marco del 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968.   La obra revela los avatares de la conformación, estructura y acción del estudiantado queretano en nuestra máxima casa de estudios.   Como es sabido, los movimientos estudiantiles en México han tenido gran relevancia en la vida política del país en los últimos cincuenta años.   Este sector por su peculiar sentido de clase, se ha caracterizado por su crítica a toda forma de opresión, control y dominio por parte del Estado, la cuál ha sido una lucha constante y directa con el aparato gubernamental y sus políticas sociales. Por su peculiar sentido cuestionador de la realidad nacional, ha podido trascender más allá de su ámbito de acción restringido sobre todo a demandas de carácter doméstico, a un buen número de movimientos que han logrado incidir en las estructuras del sistema de dominación económica y política.

Podemos aventurar que es al inicio de la década de los años 60´cuando arranca lo que sería una gran oleada de movimientos estudiantiles con un mismo eje: la democratización y una mayor participación de los estudiantes en sus escuelas y de ahí transciende en lo civil y lo social que es propiamente una participación en la vida política en los estados y en el país. 

Un primer balance de los distintos movimientos estudiantiles registrados a partir de la década de 1950, nos permite identificar dos grandes corrientes político organizativas, coincidentes en su rechazo a las formas corporativas tradicionales e independientes del Estado, pero diferentes en su manera de entender el movimiento, en su definición de los objetivos y los medios. La primera corriente, denominada democrática, pensaba que se debía constituir con la participación de todos los estudiantes, independientemente de sus creencias políticas, religiosas, etc. El sujeto político eran las masas, que deberían ser informadas y formadas para actuar no solo en el plano de las demandas inmediatas y particulares de los estudiantes, sino también en un plano político general (reforma universitaria, democracia sindical y política, etc.). Se proponía la creación de organizaciones de masas auténticamente representativas del conjunto estudiantil y establecer dentro de ellas reglas de funcionamiento democrático que aseguraran la coexistencia de las distintas corrientes y permitieran una competencia entre ellas para lograr el acceso a los puestos de dirección del movimiento.  La otra corriente, efecto de una radicalización profunda y fundada en un dogmatismo severo, fue la revolucionaria.

Así los movimientos universitarios apuntan fundamentalmente al problema de la relación compleja entre la universidad y su contexto social, entre la universidad y el Estado, ya que la universidad como institución no es un ente aislado, sino que responde a determinados acontecimientos en la sociedad.  Esta estrecha relación entre universidad, sociedad y política convierte a los gremios estudiantiles y a sus luchas en campos de entrenamiento para futuros políticos a nivel nacional o internacional.  Muchos “hombres públicos” en México comenzaron sus carreras en un gremio estudiantil o como líderes estudiantiles, como el caso de Querétaro.

El análisis de estos actores y de sus organizaciones es de suma importancia, dados los abusos y deficiencias del Estado, que han marcado la pauta de las movilizaciones del presente, como lo hicieron con las del pasado.

En este libro queda manifiesta la importancia de la organización de los jóvenes en los movimientos estudiantiles en nuestro estado. Un movimiento estudiantil se basa en todo tipo de organización previa, de corte formal o de índole cultural o social, y los convierte en estructuras capaces de mantener vivo por algún tiempo un movimiento, hasta lograr sus objetivos o llegar a un arreglo con las autoridades. El análisis de las formas de organización de los estudiantes es de gran importancia para entender las movilizaciones estudiantiles en su justa dimensión. Desde esta perspectiva, sería esencial que las autoridades no perdieran de vista, en su quehacer diario, el diálogo con los estudiantes y la atención a sus actividades y necesidades, ya que ellos son la parte medular de la Universidad y de la sociedad.

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