Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

El día después

La democracia no sólo es electoral, pero la elección de éste 1° de julio se ha convertido en la oportunidad de cobrar a Enrique Peña Nieto, todo lo que ha sido su terrorífico mal gobierno.  Caben más, pero sólo pensemos y aquilatemos los innumerables casos de corrupción e impunidad; visualicemos la violencia fuera de control, la creciente inseguridad, la opacidad; acompañadas de dolorosas mentiras históricas.  Ya ni hablar del privilegios a unos cuantos, así como la protección a los poderes fácticos que le dieron a Peña Nieto cobijo y apoyo. Las mayorías recibieron a cambio una pésima economía donde las reformas estructurales derivaron en gasolinazos, desempleo o empleo en miserables condiciones, crecimiento de la pobreza, entregando a extranjeros minas, agua, aire y petróleo, acompañado del saqueo impune de toda riqueza nacional, regresándonos en un tris al porfiriato.  Todo esto acompañado de la censura y muerte a voces y plumas críticas, llevan a pensar que el voto será numeroso y severo contra esta lacra.   Y al parecer por todo tipo de encuestas, el ganador será Andrés Manuel López Obrador.

Las encuestas electorales de carácter científico, tal y como hoy las conocemos, surgieron en los Estados Unidos debido a la labor de George Gallup a comienzos de los años treinta y en poco tiempo se convirtieron en uno de los elementos informativos de mayor relevancia durante los procesos electorales. Su acceso masivo a los medios de comunicación tuvo lugar muy poco después, en los Estados Unidos a partir de 1940, en el Reino Unido de 1950 y en el resto de los países democráticos (Francia, Alemania, etc.) en los años sesenta.  En México fue en las elecciones de 1988 cuando las encuestas de opinión definitivamente hicieron su arribo y adquirieron mayor importancia en nuestra historia política electoral contemporánea.  Es común advertir que los candidatos basan muchas veces sus actos proselitistas en función de las encuestas electorales, constituyendo el preludio de los resultados de la jornada electoral. Por ello, el número y la intensidad de las encuestas aumentan conforme se acerca la jornada electoral, lo cual provoca la presencia de múltiples empresas encuestadoras y criterios diversos en los medios de comunicación que las dan a conocer. Esta situación no tendría nada de extraordinaria a no ser que los datos estadísticos que se manejan en unas y otras difieran e incluso el énfasis en los resultados varía dependiendo el interés que se busque.  Pero gracias a éste ejercicio se perfiló un ganador, que matemáticamente es inalcanzable, por ello el que resultase ganador otro adversario sería con un tufo de pestilente fraude.   Y aún el ganar la elección, López Obrador tendrá que vencer tres grandes enigmas y obstáculos, que separan el 2 de julio del 1° de diciembre.  El primero es el lograr una victoria contundente y clara que avale finalmente el TRIFE, al calificar la elección.  El Tribunal Electoral, encabezado por Janine Otálora, ya marcó las fechas clave para la definición del proceso electoral. Será a partir del 14 de julio cuando ese organismo inicie los trabajos para la calificación de la elección, toda vez que el 8 de julio el INE, dará el resultado del conteo de actas. El plazo para que el Tribunal emita su fallo es el 6 de septiembre. Y se prevén muchas, pero muchas impugnaciones. En éste período se deberá trabajar intensamente en cerrar la heridas electorales, generando la comunión y acuerdo de un gobierno incluyente y tolerante.

El segundo escollo está en los meses de julio y agosto, en los que López Obrador deberá mantener la unidad de su coalición, fortalecer los mecanismos de control de las fuerzas integrantes.  Esto para arribar a la instalación y marcha de los trabajos en el Congreso de la Unión el 1° de septiembre y llevar a cabo las medidas que permitan la toma de posesión con un amplio reconocimiento y fuerza.  Ahí el partido licuadora que es Morena, desparramará la mezcla de ideas, prácticas, fuerzas, personajes, alianzas, etc., en un proyecto que deberá cuajar a pesar del previsible desencuentro entre grupos, corrientes, tribus, detrás de las cuales hay un clan que puede inmovilizar el proyecto de cambio de López Obrador.  Aquí se abre un interregno entre el presidente en funciones y el presidente electo. Un ejemplo del delicado hilo de separación, es la elaboración y acuerdo en la confección del presupuesto del próximo año.  Así como de un previsible jaloneo y desencuentro en el proceso de la entrega-recepción. Y el tercer escollo es el llegar a la toma de posesión el 1° de diciembre (cinco meses después de la elección) con la suficiente fuerza para darse el espacio de la luna de miel de los cien días del primer mandatario con el pueblo que lo ha electo.  Y como dicen en Plaza de Armas, así de fácil, así de difícil.

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