Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

 

Infancia es destino

Una de las frases empleadas por Sigmund Freud, sentenciaba que “La infancia es Destino”, refiriéndose a que los adultos se encuentran predestinados por las circunstancias que enmarcaron su infancia. ¿Freud nos condenó? ¿No se puede tener más futuro de lo ya vivido?   Las cifras presentadas hace unos días en el informe del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) parecen darle la razón.   

En ese informe se revela que 7 de cada 10 mexicanos que nacen pobres, se quedan y quedarán pobres toda su vida.  Ya que el país no genera suficientes medios de movilidad social, tampoco de mejoría en el ingreso. En los últimos 30 años el ingreso promedio de los hogares disminuyó en términos reales, es decir, perdió capacidad de poder de compra. En 20 años, el ingreso de los hogares pobres cayó 20% y el de estratos medios y altos 18.   El actual comportamiento de agentes económicos que priorizan la máxima ganancia y esquilman todo derecho al trabajador (como salario justo y remunerador), hacen que el futuro se visualice perjudicial y adverso para la mayoría de la población nacional.   Con el ritmo de crecimiento de la economía de las dos décadas recientes, el ingreso promedio de la población tardará 70 años o más en duplicarse, según el documento del CEEY.   Al alto empresarido y al gobierno les encanta señalar los grandes avances en la economía, sin ruborizarse de los bajos salarios de la masa laboral, así como del que en Estados Unidos, 4 de cada 10 personas que nacen en la parte más baja del ingreso se quedan ahí.  Y qué en países como Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, que se caracterizan por la construcción de estados de bienestar con sistemas universales, la relación es de 3 de cada 10.  Así, en la dinámica de muy baja movilidad social, México sobresale a escala internacional.

Gabriela Ramos, directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), expuso hace unos días que los niveles de desigualdad en México se cuentan entre los más altos entre los países que pertenecen a ese grupo.  Ya que en la actualidad 53 millones de personas, que representan 43% de la población mexicana viven en pobreza, cifra calificada como muy elevada.

Sexenio tras sexenio hemos sido testigos de que la movilidad social no ha sido prioridad de gobierno alguno, ya que no ha sido incorporada como eje rector de las políticas públicas.  Esto obligaría a pensar en políticas que generen un país más justo y armonioso.   Por el contrario, la brecha entre los que más tienen y los que carecen de casi todo, se ha hecho abismal, por lo que es necesario realizar cambios esenciales y urgentes a las políticas públicas en México.   No cabe duda que México se ha transformado en las últimas tres décadas. Se abrió la economía, se estabilizó la macroeconomía, se fortaleció a algunas instituciones democráticas, aumentó la esperanza de vida y se incrementó la cobertura educativa. Sin embargo, la desigualdad, la pobreza y, en particular, la baja movilidad social intergeneracional, permanecen en el olvido dentro de la agenda pública.  Ahora, concentrarse en combatir la pobreza y la desigualdad sin tomar en cuenta la movilidad social supone un grave error. Es indispensable que cualquier política de combate a la pobreza que se pretenda implantar, reconozca que una de las causas de que la pobreza se perpetúe en México, es la baja movilidad social.   Ésta persistencia en los extremos de la estructura social,  revela una profunda desigualdad en las oportunidades de acceso a los medios que permiten superar las condiciones socioeconómicas de origen. Ya que la posición social se transmite de padres a hijos con una frecuencia alarmante entre quienes se encuentran tanto en la base, como en la parte más alta de la pirámide socioeconómica.  Los pobres seguirán en pobreza y los ricos en la riqueza.

Es indispensable pensar y ejercer una política de Estado no patrimonialista que ofrezca justicia en todas sus formas, incluyendo la económica que permita rebasar las condiciones de pobreza, enfilando a crear un país armonioso, porque cuando el acceso a las oportunidades se limita a ciertos grupos sociales, se deteriora la cohesión social.

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