Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

Violencia contra las mujeres en tiempos electorales

Ante los aterradores datos del crecimiento de las muertes violentas en el país, la clase política y los partidos se han instalado en un autismo político, del “no pasa nada”. No sólo el gobierno de Peña Nieto, que en una actitud casi infantil, cree que si él no ve el problema, nadie lo ve, y que si él no habla del asunto, entonces no existe.  Y las coaliciones que pretenden gobernar el país, al dar a conocer sus plataformas políticas, vemos que en ninguna se presenta un proyecto mínimamente viable sobre el tema. Peor aún, ni siquiera un diagnóstico claro de qué es lo que está sucediendo en el país. Los precandidatos se centran en ideas generales y promesas del tipo de “recuperaremos la paz” o “restableceremos el Estado de derecho y la moralidad de los cuerpos policiacos”, pero ninguno llega al fondo del problema; ninguno habla del crimen organizado y de sus vínculos con la clase política; ninguno es capaz de presentar un mínimo plan de acciones para recuperar la paz.   Mucho menos de la violencia que se ha ensañado contra las mujeres.  La violencia se está montando irremediablemente sobre el proceso electoral y se llegará a las elecciones en la cresta de la ola violenta que sigue rompiendo récord de asesinatos mes a mes e invadiendo hasta el último rincón del país.   La expresión más condenable de la desigualdad de género es, sin duda, la violencia contra las mujeres. Este tipo de violencia es un hecho estructural e histórico en nuestro país que está presente prácticamente en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, ya sea como hijas, hermanas, novias, esposas, trabajadoras, o jubiladas.  A la desigualdad y discriminación que enfrentan las mujeres en la sociedad, en la política y en el mercado de trabajo, se suman las violencias de tipo físico, sexual o psicológico. En México, 41.2% de las mujeres de 15 años y más, casadas o con pareja, han sufrido algún tipo de violencia de su pareja y, en el caso de las mujeres divorciadas o separadas, este porcentaje llega a 72%.  Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 (presentadas en agosto pasado), de la que derivan los datos anteriores, la violencia más frecuente en el hogar es la emocional (40%) la cual consiste en insultos, amenazas, humillaciones y otras ofensas de tipo psicológico. Le sigue la violencia económica (28.8%); la violencia física (21.4%) –empujones, jalones, golpes, agresión con armas, entre otras– y la violencia sexual (8.7%).  De acuerdo con el Inegi, la ENDIREH proporciona información por tipo de violencia (emocional, económica, física, patrimonial y sexual), en la relación de pareja y en los ámbitos escolar, laboral, comunitario y familiar; señalando que las mujeres divorciadas, separadas o viudas refieren una mayor violencia emocional por parte de su última pareja (62%) y la violencia que más prevalece es la emocional (59%) y la económica (45%).  La violencia doméstica contra las mujeres es, lamentablemente, un hecho muy extendido en nuestra sociedad. Ese tipo de violencia se incrementó de manera inusitada en nuestro país en la última década. El número de mujeres atendidas en los servicios especializados por violencia familiar y de género se multiplicó por 6 al pasar de 24,375 en 2005 a 152,875 en 2011. Con datos más actuales, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), mide las experiencias de violencia que han enfrentado las mujeres de 15 años y más que residen en el territorio nacional, el Inegi revela el panorama al que se enfrentan las mujeres en México: El 49% de las mujeres sufrió violencia emocional; el 41.3% ha sido víctima de agresiones sexuales: el 29% violencia económica, patrimonial o discriminación; en tanto que el 34%, manifestó haber experimentado agresiones físicas a lo largo de su vida, en al menos un ámbito y ejercida por cualquier agresor. Las entidades que presentan los niveles más altos son la Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro.  Según el Inegi, la prevalencia nacional de violencia escolar es de 25.3% y las entidades con las prevalencias más altas son: Querétaro, Jalisco, Ciudad de México, Aguascalientes y Oaxaca.  Del total de agresiones ocurridas en la escuela en los últimos 12 meses, el 38.3% fueron de índole sexual; 34.1% psico-emocionales y el 27.7% físicas.   Ahora, la prevalencia nacional de violencia en el ámbito laboral es de 26.6% y las entidades con las cifras más altas son: Chihuahua, Coahuila, Querétaro, Baja California y Quintana Roo, en ese orden.  El 10.3% de las mujeres señala que, en los últimos 12 meses, tuvieron menos oportunidades que un hombre para ascender en su trabajo y un 9.2% menor salario que un hombre que hace el mismo trabajo o tiene el mismo puesto que ellas. En el trabajo los principales agresores al género femenino son los compañeros de trabajo y el patrón.   La violencia comunitaria contra las mujeres es de 38.7% y las entidades con las prevalencias más altas son: Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y nuevamente Querétaro.  La violencia contra las mujeres en los espacios públicos o comunitarios es sobre todo de índole sexual, que va desde frases ofensivas de tipo sexual, acecho (la han seguido en la calle) y abuso sexual (manoseo, exhibicionismo obsceno).   Finalmente, en Querétaro el Consejo Temático Ciudadano de las Mujeres indicó que de acuerdo con estadísticas de organizaciones civiles, entre el 2015 y el 2016, se contabilizaron un total de 44 feminicidios y 447 desapariciones de niñas y mujeres.  El país se está desangrando, y los políticos, autistas y soberbios sólo quieren hablar de elecciones y regañan a la ciudadanía por su mala percepción de la realidad.

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