Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

Participación ciudadana ¿hacia donde?

Al parecer los intereses de la ciudadanía y los de las institucionales públicas y su clase política, se muestran en constante contradicción y confrontación en definir y perfilar qué es lo importante en éste momento.  La masa social tiende a demandar por su seguridad y calidad de vida.  Mientras que las instituciones públicas y los consorcios privados se empeñan en la aplicación del recetario económico de los organismos internacionales y de la apropiación de todo tipo de recursos y espacios públicos, sin importar el costo social, ambiental, cultural e incluso político.   La revelación la podemos observar en todos los frentes de la actual crisis.  Si se presentan huracanes y terremotos (llamados desastres naturales) para la clase política, responsable de la instrumentación y organización de la ayuda y apoyo a los damnificados, sólo se trata de un capítulo más del apretón de turcas al engranaje del saqueo y expoliación de los recursos nacionales.   Por el otro lado la ciudadanía tiene la opción inalienable de la participación, acción e injerencia en todo asunto público. 

La investigadora de la UNAM Azucena Serrano considera que existen cuatro condiciones básicas para que la participación ciudadana exista en un régimen democrático, a saber: el respeto de las garantías individuales, los canales institucionales y marcos jurídicos, la información y la confianza por parte de los ciudadanos hacia las instituciones democráticas.  Por otra parte hoy día, uno de los términos que con mayor frecuencia invocan los políticos mexicanos al pronunciar sus discursos, es el de participación ciudadana; hablan de su importancia y de su necesidad para la profundización de la democracia en nuestro país. Sin embargo, este pensamiento no siempre ha imperado; de hecho, es una palabra novedosa, pues si nos remontamos a unas décadas atrás, se podrá observar que la participación ciudadana nunca les fue importante.

La participación de los ciudadanos es sustancial porque modera y controla el poder de los políticos y porque la sociedad se hace escuchar en la toma de decisiones.

Para comprender lo anterior, debemos señalar que la participación no se limita en el voto, el sufragio se encontraría dentro de la participación política, pero existen múltiples formas de tomar parte en los asuntos públicos. La participación se distingue entre participación social, comunitaria, política y ciudadana. La participación social es aquella en la cual los individuos pertenecen a asociaciones u organizaciones para defender los intereses de sus integrantes, pero el Estado no es el principal interlocutor, sino otras instituciones sociales. En la participación comunitaria, los individuos se organizan para hacer frente a las adversidades, o simplemente con el objetivo de lograr un mayor bienestar procurando el desarrollo comunitario. Este tipo de participación corresponde más a las acciones organizadas de autoayuda social. Aquí lo único que se espera del Estado es un apoyo asistencial.  La participación política tiene que ver con el involucramiento de los ciudadanos en las organizaciones de representación social y en las instituciones del sistema político, como son los partidos políticos, las Cámaras de representantes, las elecciones, los ayuntamientos, etcétera. Integrando a este tipo de participación a las manifestaciones, los paros y las huelgas.  La participación ciudadana es aquella donde la sociedad posee una injerencia directa con el Estado; asimismo, tiene una visión más amplia de lo público. Esta participación está muy relacionada con el involucramiento de los ciudadanos en la administración pública. Los mecanismos de democracia directa (iniciativa de ley, referéndum, plebiscito y consultas ciudadanas), la revocación de mandato y la cooperación de los ciudadanos en la prestación de servicios o en la elaboración de políticas públicas, son formas de participación ciudadana.   Pero en la realidad los ciudadanos han mostrado baja participación y poco interés en los asuntos públicos.  Esto se puede confirmar con los datos que arrojó la última Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que registró en 2012 y encuestas anteriores, que el 84% de la población dijo estar poco o nada interesado en la política, o un 62% que contestó estar poco interesado en los problemas de sus comunidad; el 71% dijo que nunca ha asistido a reuniones que tienen por objeto resolver los problemas del barrio, la colonia o la comunidad. Y parece ser que las manifestaciones ya no son una opción para los ciudadanos, pues la misma encuesta arrojó que el 79% nunca ha participado en manifestaciones ya sea a favor o en contra del gobierno.

En este sexenio no aumentó la satisfacción con la democracia, pero si la desconfianza hacia nuestras leyes e instituciones, cabría preguntar: si la democracia seguirá siendo viable, y en caso de que la respuesta sea negativa, entonces ¿qué régimen será el que se consolidará después de 2018?

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Hasta el próximo “Encuentro ciudadano”.

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