Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

19/S 1985-2017

“Y nuestra es también la furia para apartar a los que desde ahora trabajan ya,

para que olvidemos”.

-Sabina Berman

1985 fue marcado por el terremoto que causó graves estragos en la Ciudad de México, pero también lo fue por la irrupción y sobrada capacidad de la sociedad civil para organizarse y auxiliar a su gente.   2017 no ha sido diferente.   En el ‘85 las diferentes autoridades quedaron pasmadas y rebasadas, haciendo reiterados llamados a regresar a la normalidad e inhibiendo la participación de la ciudadanía, todo ello con el fin de no se viera lo que era innegable, el derrumbe de un sistema político incapaz e insensible.  Por ello aprovecharon la energía y capacidad social para crear discursos enaltecedores, con palabras como solidaridad y fuerza; palabras que años después el PRI siguió retomando para incidir en la decisión de la ciudadanía. La campaña presidencial de Carlos Salinas comenzó con los bonos políticos que se cosecharon de la tragedia nacional, basada en valores comunes, a través del ardid de la unión y solidaridad nacional.  Salinas de Gortari, asistido del pensamiento económico neoliberal y las cúpulas de poder, sin contar con apoyos políticos ni empatía entre la ciudadanía, realizó una campaña encuadrada en los estándares partidistas.  Pero en 1988 México ya no era el mismo, la gente salió primero con la decisión firme de votar en contra del candidato del PRI, y después reclamando que esa supuesta victoria, fue gracias a la votación de muertos, robo y embarazo de urnas, compra de votos, centenares de incidentes que mostraban una de las elecciones más sucias en la historia del país.  La caída del sistema declaró ganador a Carlos Salinas en medio de un descontento social que se percibió en todos los rincones del país, y su llegada a la Presidencia involucró un rechazo latente que nunca disminuyó. El desdén de la ciudadanía no tuvo punto de retorno.   Actualmente, Peña Nieto tiene cerca del 10% de aprobación ciudadana, no cuenta ni con el respaldo de aquellos que lo hicieron llegar a Los Pinos. ¿Qué va a suceder en 2018? Lo mismo que en 1988: la población saldrá a dar un voto de odio al PRI y sus secuaces, como una señal de enojo, de hartazgo con un sexenio que engloba la frivolidad y corrupción de la familia que habita Los Pinos.   La actual tragedia juega un papel dual: por un lado exhibe solidaridad y mueven corazones, pero por el otro muestran la fuerza real de una sociedad unida y la desazón de vivir en medio de condiciones que no garantizan ninguna seguridad ni en catástrofes, ni en la vida diaria como lo percibimos todos al ver la atrocidad de muertes por feminicidios, violencia por y desde el narco, secuestros, desapariciones, etc.   Hemos salido a lamentar las condiciones en que se encuentra la población afectada por los huracanes y sismos, pero nunca hay que olvidar que el rezago social y económico fue fomentado por años de mal gobierno que no generó viviendas, ni condiciones dignas de vida, y en cambio regaló láminas y gorras para sus campañas electorales. Podemos ver al banal Manuel Velasco junto a su impresentable esposa, abrazando gente y llorando con gran sensibilidad social, pero no lo hemos visto trabajar por mejorar esas condiciones. El ahora gobernador recorre las zonas del desastre con promesas de campaña que no ha cumplido, pero podemos ver lo inflado de sus gastos de publicidad como tantos otros gobernadores mediáticos. Y ahí están para el escarnio, burla social, vilipendio y odio Graco Ramírez y su conyugue, la incapacidad de Mancera, la frivolidad y aristocrático trato de Alfredo del Mazo, la corrupción generacional de Alejandro Murat, el espanto mudo de Antonio Gali Fayad, etc., etc.   Hay cientos de publicaciones lamentando los hechos con banderas mexicanas, muchas de políticos que después de reunir toneladas de ayuda, a través de voluntarios y manos ciudadanas, esperan cómodamente a que el poder del voto les restituya con creces su aportación desinteresada.   México permanece tan inseguro como en 1985, sólo que ahora tenemos la ventaja de tener medios digitales que nos permiten contabilizar el número de víctimas por tipo de delito, hacer virales los eventos que arrinconan en la nota roja y son crímenes de Estado, exhibir la corrupción de todo tipo en el poder, que antes ni siquiera era imaginable (la exhibición), ya que ahora existe mayor información, sólo para recordar el estado de censura que se vivía en aquellos años.  El mal gobierno no ha cambiado, ni es nueva la inseguridad.   La hemos vivido así durante décadas enteras; en 1988 se hablaba de protestas y disidencias contra un candidato fraudulento, cuestión no superada hasta hoy día.   La tragedia mexicana muestra la fuerza de una ciudadanía que con justa razón rechaza a su clase política.  Y que ahora exige que se vayan todos, para comenzar de nuevo.  Hay que reconstruirlo todo.   2017, al igual que 1985, sirve para que los damnificados, la gente trabajadora, los estudiantes, las amas de casa, los comerciantes, los voluntarios, los periodistas, los motociclistas, los adultos mayores, los maestros, los transportistas, los rescatistas, los médicos, los niños, las madres y padres de 43 desaparecidos, y todos aquellos que están en las calles ayudando, demandemos y exijamos un cambio radical en 2018.   Como no se hizo hace 30 años.

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