Fernando Corzantes

ENCUENTRO CIUDADANO

Los indígenas, del sometimiento a la explotación

En el marco de la conmemoración del Día Mundial de los Pueblos Indígenas, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer datos concisos e indignantes sobre la situación que enfrenta este sector social, señalando que de los 11.3 millones de integrantes de los pueblos originarios en México, alrededor de 72% (8.2 millones) se encuentra en pobreza. Por su parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), citando datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, señaló que sólo 57% de los indígenas tiene acceso a instituciones de salud, 22.6% sigue viviendo en casas con piso de tierra y 27.3% es analfabeta.  Ahora, dadas las condiciones de exclusión y desventaja en que se desenvuelve, la gran mayoría de la población indígena vive en condiciones de extrema pobreza, como lo describen los distintos indicadores referidos al empleo, ingresos, consumo, vivienda, alimentación, salud y educación de este sector de la población.  Querétaro no es la excepción, y muestra de lo anterior es que en las 82 localidades del estado el 49% de la población indígena, presenta condiciones de muy alta marginación y el otro 48% alta marginación. 

La precaria realidad socioeconómica que enfrentan los pueblos indios se suma al historial de atropellos sistemáticos a sus derechos individuales y colectivos.  Un nuevo embate hacia las comunidades originarias es que ahora tienen que padecer una nueva guerra de despojo de sus territorios y sus recursos naturales a manos de empresas extranjeras y grupos de poder de todo tipo, como las compañías mineras nacionales y extranjeras, compañías energéticas e inmobiliarias, talamontes, los paramilitares, los cárteles del narcotráfico, etc., y en muchos de estos casos es con la abierta complicidad de las autoridades, de todos los niveles de gobierno.

Los pueblos indígenas han vivido siempre una historia de sometimiento y explotación que ha marcado, no sólo su diferencia con respecto a otros grupos más privilegiados en nuestra sociedad, sino la construcción de una cultura de inferioridad.   Por ello es necesaria una nueva relación entre los pueblos indios del país y el resto de la sociedad, y para ello se requiere de una profunda reforma del Estado, un nuevo pacto social en el que se respete la autonomía de los pueblos indios.   Para que haya este respeto, toda acción, programa o proyecto de desarrollo que el Estado impulse debe garantizar la participación activa de los pueblos indios, y como tal debe basarse en la libre determinación y autonomía, principio en el que el Estado no podrá realizar acciones unilaterales y deberá respetar los planteamientos y revisiones de los pueblos, las comunidades y organizaciones indígenas.   El Pluralismo, principio que busca el respeto de la diversidad de todos los indígenas del país; demandando que no exista más discriminación contra nadie.   Otro principio rector es la integralidad, que quiere decir que los programas y acciones del gobierno tienen que abarcar los problemas completos y no intentar resolver sólo parte de ellos.   La sustentabilidad ya que es importante que los proyectos y programas no dañen el medio ambiente ni los recursos de los pueblos indios. Se busca con esto que se respete la naturaleza y la cultura de estos pueblos.   Así, los cambios institucionales implicados en estos principios suponen una profunda reforma en el aparato burocrático gubernamental, en las políticas públicas que surgen de éstas y en la relación con pueblos y comunidades, y en su germen es la verdadera independencia y autonomía nacional, en defensa de su territorio y recursos.   En comparación con el resto de la población, los indígenas encaran mayores carencias y retos en su vivir cotidiano, ya que en ellos se ha enraizado la pobreza, empujado al rezago educativo, a padecer precariedad alimenticia, contar con una vivienda escasa y de mala calidad, dificultad para acceder a la justicia, salud inaccesible, y además sufrir discriminación.

Lo nuevo, lo esperanzador y lo retador en sus reivindicaciones actuales por el respeto a la diferencia, por la igualdad de oportunidades con respeto a las diferencias culturales, es que no existen en estas propuestas reclamos de superioridad sobre ningún otro grupo social.   Hoy las expresiones de simpatía y solidaridad hacia los pueblos indios, y las manifestaciones de preocupación gubernamental por su situación resultan del todo insuficientes. Se necesitan hechos.

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