Eugenio García Romero

CIENCIA FORENSE

DAÑOS PSÍQUICOS EN ABUSO SEXUAL

Estamos continuando con el compromiso social adquirido en el sentido de informar sobre el daño que causa la perversión de un menor a través de la agresión sexual infantil (ASI). En esta ocasión tratando de contextualizar y actualizar a los operadores sociales y al público en general, el presente artículo versará sobre las consecuencias y resultados psíquicos por abuso sexual infantil.

Efectos psíquicos del niño abusado sexualmente.- La psicóloga Bettina Calvi en su tesis doctoral titulada “Efectos Psíquicos del Abuso Sexual en la Infancia”, escribiendo sobre el abuso como problemática, señalando que “Mi práctica clínica como analista me llevó a enfrentarme, tempranamente, en la institución donde trabajaba, con niñas-os que habían sufrido abuso sexual infantil. A esto se suman los encuentros con pacientes adultos que en sus análisis reconstruyeron episodios de abuso. Estas experiencias fueron generando una serie de interrogantes que abordé a partir del trabajo sobre cuestiones fundamentales del psicoanálisis, terreno en el que sitúo mi investigación. El abuso sexual infantil comenzó a perfilarse como una grave problemática que exigía su conocimiento y reflexión dentro del campo de análisis y tratamiento de la infancia en situación de riesgo. La bibliografía existente acerca del tema proviene de campos diversos y es fundamentalmente interdisciplinaria” (sic).

Problemática más jurídica que multifactorial.- Calvo continúa señalando que se trata de una problemática que no es exclusiva del campo del psicoanálisis, sino que se manifiesta en el campo social y que, por lo mismo, ha tenido diferentes inscripciones en los diversos momentos históricos. Así, sobre el abuso sexual en la infancia se entrecruzan diferentes discursividades, siendo el discurso jurídico el que cobra mayor relieve dentro de los abordajes existentes, a la par del discurso psicológico que da cuenta de los aspectos subjetivos presentes en esta problemática.

Subjetividad del niño a víctima.- La complejidad de la problemática hace que se entrecrucen sobre ella múltiples discursos, uno de los riesgos que presenta esta multiplicidad está en la posibilidad de que el niño que padece el abuso se desubjetivice, dejando de ser un niño para pasar a ser sólo “una víctima”. De este modo, la categoría “víctima” –proveniente del discurso jurídico– borra tanto la subjetividad infantil como lo establecido por la Declaración de los Derechos del Niño que explicita claramente que el niño no es una víctima sino un sujeto de derechos en desarrollo.

Cataclismo en la vida del niño(a).- El abuso sexual representa un cataclismo en la vida del niño, que arrasa y destituye las legalidades existentes, ocasionando una devastación de la vida psíquica con su correlato en los distintos espacios de la vida del niño. El trabajo clínico con niñas, niños, mujeres y hombres que han sido abusados(as) sexualmente, permite sostener que en todos los casos analizados, el abuso sexual en la infancia revistió carácter traumático, ocasionando marcas singulares en la subjetividad.

Abuso e incesto.- El silencio, estructurado en forma de defensas psicológicas llamadas negación o desmentida, rodea la práctica del incesto más que la del abuso. Ambos mecanismos, en un complejo interjuego, funcionan entre los miembros de la familia dejando a la víctima en un estado de soledad e impotencia absoluta. Esos mecanismos también operan en el imaginario social provocando reservas en la mención del abuso, que se acentúan en el caso del incesto.

Vínculo sexual con amenazas.- Al respecto, resultan de suma importancia los aportes realizados por Eva Giberti quién se encargó de resituar y definir el incesto paterno filial como un delito con entidad propia que resulta más invisibilizado aún que el abuso, en su libro “Incesto paterno filial. Una visión multidisciplinaria”, señala que: “El incesto se caracteriza porque el padre que viola a su hija instala un vínculo sexual con ella que persiste en el tiempo y porque le exige a la niña guardar silencio acerca de dicha relación, circunstancias que tipifican un hecho con características propias” (sic).

El adulto es siempre un adulto perverso.- Según el doble sentido planteado en Tres ensayos de teoría sexual, es decir, desviante en cuanto al objeto y desviante en cuanto a la meta. Desviante en cuanto al objeto porque justamente es paidófilo y aún incestuoso, y desviante en cuanto a la meta dado que “no se puede esperar de personas que no tienen ningún escrúpulo en satisfacer sus necesidades sexuales con niños que se preocupen por matices en la manera de obtener esa satisfacción”. En estos casos, Sigmund Freud en las Obras Completas hace referencia a varios acontecimientos o escenas que se suceden en el tiempo y que se simbolizan unos a otros.

Padre violador depredador que destruye el Yo de su hija.- La tesis de Giberti  afirma que el incesto constituye un precedente de la violencia contra el género mujer cuya característica reside en que el violador es el padre de la víctima. Giberti cuestiona la nomenclatura que engloba, bajo el rubro “maltrato al menor”, diversas formas de violencia contra niños y niñas. Esta clasificación facilita la creación de la categoría “abuso sexual” que esta autora cuestiona en tanto y en cuanto abarque también al incesto. Si bien el incesto es una forma de maltrato, posee características propias que es necesario recortar teniendo en cuenta los protagonismos de los diferentes miembros de la familia, los roles que cada uno juega en ella y las consecuencias sobre la niña que lo padece. Si en el abuso se produce una desinvestidura del Yo de la niña, en el incesto deviene desubjetivación, es decir, pérdida de libidinización del Yo, descripta como un “dar de baja al Yo”, producido por efecto del daño psíquico en la niña; luego, esta dimensión no es comparable con otras modalidades de maltrato.

Organización Mundial de la Salud.- Para la OMS “el abuso sexual en niños implica que éste es víctima de un adulto o de una persona sensiblemente mayor de edad, con el fin de la satisfacción sexual del agresor”. El delito puede asumir diferentes formas: llamadas telefónicas obscenas, imágenes pornográficas, ofensa al pudor, contactos sexuales o tentativas de los mismos, violación, incesto, o prostitución del menor.

Abuso a niños y niñas.- Aun cuando el abuso tiene lugar con mayor frecuencia en mujeres, los varones también se ven afectados por esta problemática. Recientemente, numerosas denuncias sobre abuso sexual en varones muestran la frecuencia con que el mismo ocurre en instituciones religiosas. David Finkelhor, en su trabajo “Abuso sexual: análisis de los conocimientos actuales. Actas del II Congreso sobre Infancia Maltratada, Vitoria”,  lo llevó a establecer una serie de conclusiones que pueden sintetizarse en los siguientes puntos:

– una de cada 5 niñas y uno de cada 11 niños sostienen haber tenido una experiencia sexual en la infancia con una persona mayor.

– las experiencias de los niños presentan ciertas diferencias con las de las niñas, son primordialmente homosexuales, y con menor frecuencia involucran miembros de la familia.

– tanto los niños como las niñas reportan que en más de la mitad de los incidentes se utilizó algún tipo de coerción. Los niños preadolescentes son los más vulnerables (las razones señaladas son la independencia de los preadolescentes y la inexperiencia sexual, causantes de la vulnerabilidad de estos grupos).

– las experiencias son vistas como negativas en la mayoría de los casos.

– pocos niños y niñas manifestaron sus experiencias debido al temor de ser castigados por sus padres.

– los abusadores son en su mayoría hombres y, en general, amigos o parientes del niño que victimizan.

– casi un 75 % de las víctimas femeninas conoce al ofensor y casi la mitad son miembros familiares.

– en una muy reducida cantidad de casos las relaciones tienen lugar con mujeres.

Abuso y traumatismo.- Un concepto imprescindible, al momento de abordar la problemática del abuso, es el de traumatismo. Una definición general lo presentaría como todo acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, por la incapacidad del sujeto de responder al él adecuadamente y, por el trastorno y los efectos patógenos que provoca en la organización psíquica.

Sufrimiento neurótico.- El sufrimiento neurótico resulta del modo en que lo real se inscribe con singularidad en cada sujeto. Es decir, que el sufrimiento neurótico excede los hechos mismos, sin embargo, no los ignora. Por lo tanto, no es lo mismo un hecho realmente acontecido que un suceso fantaseado.

En el caso del abuso sexual en la infancia, el traumatismo producido reviste un status singular que lo distingue de otros traumatismos que pueden padecer los seres humanos, como lo es en el caso de un accidente, un duelo, etcétera. El cuerpo del niño(a) que no tiene la misma capacidad de decisión, de pensamiento, de defensa ni de evacuación de las excitaciones sexuales es utilizado por el adulto para su propio goce.

Traición.-El abuso es una forma potente de traición que agrega un componente de explotación. Cuando un individuo abusa, otro es abusado, y esto tiene lugar en el marco de una relación de poder tendiente a la satisfacción de las necesidades propias del abusador, sin consideración de las que pueda tener la persona abusada. El abuso puede cobrar muchas formas: físicas, emocionales y económicas, pudiendo adoptar cualquiera de ellas características igualmente drásticas y horrorosas en sus resultados. Sin embargo, el enfoque primario de este trabajo es el abuso sexual en la niñez y sus efectos en su vida adulta.

Uso del poder.- El abuso consiste en una conducta sexual por la que el abusador hace uso del poder que posee con una persona a cargo o una víctima vulnerable, para satisfacer sus propias necesidades. Estas necesidades adoptan una forma sexual, aunque la sexualidad no sea a menudo la motivación subyacente primaria. Los motivos de los abusadores pueden provenir de la inseguridad, con una necesidad consecuente de poder; de una incapacidad para aliviarse de otro modo que no involucre la agresión sexual; e incluso de una urgencia interna por tener contacto interpersonal, aun en una forma distorsionada.

Secuelas negativas.- los actos sexuales entre niños y aquellas personas que tienen poder sobre ellos son sexualmente abusivos. Esto es cierto si el poder deriva de la estructura real de la relación, por ejemplo, como en el caso de un niño abusado por su niñera, maestro, o padre. “Queriendo” o no, el niño es abusado padeciendo el desdoblamiento del desarrollo natural de su sexualidad violada. Su niñez se viola. Son muchos los casos en los que las personas manifiestan su convencimiento de haber sufrido daños por mantener experiencias sexuales prematuras con adultos; la mayoría presentan secuelas negativas debido a esta experiencia, sean obvias o sutiles.

Incesto como catástrofe sexual.- El incesto es psicológicamente la forma catastrófica del abuso sexual. Tiene consecuencias de largo alcance –más notables que las provenientes de casos de abuso sexual extra familiar– debido a que se produce crónicamente, en el contexto de un sistema familiar que de algún modo lo apoya. Cuando el abusador es un padre estas consecuencias se ven evidenciadas debido a que el niño se encuentra involucrado crónicamente en una torcida relación primaria. El incesto constituye un caso de traición a un nivel más profundo.

Efectos traumáticos.- Los síntomas comunes de trauma psicológico aparecen regularmente en mujeres y hombres con historias de abusos sexuales. Estos efectos se han documentado ampliamente. Ellos incluyen aislamiento interpersonal severo, dificultades correlativas complejas, y desorden nervioso del stress post traumático (PTSD).

Memoria y fantasía en el ASI.- Una cuestión fundamental que requiere ser formulada es la noción de verdad que subyace a estas discursividades. Silvia Bleichmar en su texto “La construcción de la verdad en análisis“, plantea que tradicionalmente se supuso que ciertas verdades se dan en el sujeto psíquico previa y definitivamente y que la función analítica consiste en el ejercicio de la revelación de estas verdades. Esa posición no fue exclusiva del Psicoanálisis y se apoya en la idea de un sujeto trascendental que debe ser develado.

Conflicto de identidad.- Cuando un hombre acepta haber sido víctima de abuso ingresa en un conflicto importante desde la perspectiva de su identidad de género. Estereotipadamente, por no decir estúpidamente, en nuestra sociedad las víctimas se ven como femeninas y es probable que los hombres sientan que, por haber sufrido abuso sexual infantil, ellos realmente no son hombres. Las críticas feministas nos han mostrado que tendemos a considerar el concepto binario de masculinidad / feminidad como un equivalente próximo al binario de victimario / víctima; es decir, tendemos a ver a los victimarios como masculinos y a las víctimas como femeninas. Por consiguiente, el hombre que ha sido abusado sexualmente puede considerarse afeminado porque él se ha hecho víctima.

Suicidio.- un individuo que ha sido abusado, sobre todo cuando el abuso ha sido crónico, pierde justamente la capacidad de experimentarse a sí mismo como agente de sus propias acciones y sentimientos. Los intentos de suicidio crónicos parecen ser una manera paradójica que estas personas encuentran de mantener su sentido de ser agentes de su propia vida. Un paciente víctima de incesto crónico manifestaba que le resultaba tranquilizador y consolador saber que podía matarse y acabar su miseria si él lo quería.

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