Eugenio García Romero

LOS HIJOS DE LUCIFER IV

Cuando se revisa de la problemática del abuso sexual infantil, lo primero que es notorio es que estas investigaciones, generalmente, se encuentran asociadas a otras formas de maltrato infantil, por lo que resulta pertinente contextualizar y ubicar el abuso sexual infantil dentro del contexto macro en que se encuentra. Es decir, la primera labor es realizar la diferenciación de éste, de otras formas diversas de abuso y maltrato infantil.

Maldad expandida.- B. K. Takyi, en su artículo “Child abuse: A global view” publicado en el. Journal of Comparative Family Studies, menciona que entre los varios casos de abuso de niños se encuentra el maltrato, el abuso físico, el abuso sexual y la negligencia. Sin embargo, pocos de estos estudios examinan a profundidad el tema del abuso de niños, aunque existen datos de agencias gubernamentales y no gubernamentales que indican que el acoso sexual, la explotación sexual, el maltrato y el uso de niños para el trabajo están expandido de forma universal.

Factores de riesgo.- V. Vitriol  y sus colaboradores, en el artículo “Diagnóstico y abordaje de secuelas por abuso sexual infantil, en tres mujeres consultantes a un servicio de mental de hospital general”, señala que de manera general se puede afirmar que la agresión sexual infantil (ASI) es un problema frecuente cuyo impacto físico y emocional puede ocasionar secuelas graves a corto, mediano y a largo plazo. Aproximadamente el 80% de las víctimas sufre consecuencias emocionales negativas; esto depende de quién fue el agresor, el grado de culpa del niño ejercido por sus padres, así como de las estrategias de afrontamiento del problema de que disponga la víctima.

Familias desentendidas.- Altman en su libro “The effects of childhood sexual abuse on adult male attachments in close relationships”, comenta que existen familias que proveen de poco apoyo a sus miembros representan un riesgo en el marco de la ASI. En esta misma línea, Lee y Lathrop en su artículo “Child abuse-related homicides in New Mexico: A 6-year retrospective review” publicado en el Journal of Forensic Sciences, plantean que en un alto porcentaje los parientes y familiares de las víctimas de ASI son sus abusadores. G. Western en su publicación “The relationship of psychotic disorders, childhood sexual abuse and psychosocial phenomena”  cita que las relaciones distantes o rotas entre padres e hijos constituyen también un factor de riesgo asociado al ASI.

Negligencia y consumo de drogas.- Por su parte D. Hien y sus colaboradores en el artículo “Depression and anger as risk factors underlying the relationship between maternal substance involvement and child abuse potential”, publicado en el Journal Child Abuse & Neglect, señala que en familias donde hay consumo de drogas existe un potencial riesgo asociado al abuso sexual A conclusiones similares llega Romero en su trabajo “Parental substance abuse and child neglect: A controlled trial of a developed treatment manual”, al considerar que hay una alta correlación entre el maltrato, la negligencia infantil y el abuso en el consumo de sustancias por parte de los padres. N. Vogeltanz y sus colaborados en su trabajo “Prevalence and risk factors for childhood sexual abuse in women: national survey findings” señalan que otros factores de riesgo de abuso sexual están asociados con el rechazo del padre, con el consumo excesivo de alcohol por parte de la madre y no así del padre.

Familias en riesgo.- C. Ramírez en su tesis doctoral titulada “Consecuencias del abuso sexual en el desarrollo psicológico en la infancia y la adolescencia” menciona que el abuso sexual y la estructura familiar guardan una relación importante y debe ser tenida en consideración en la detección de familias en riesgo y en la evaluación de casos de abuso.

Familias infelices.-  Para Finkelhor y sus colaboradores, en su artículo “Sexually abuse in a national survey of adult men and woman: Prevalence characteristics and risk factors” publicado en el Journal Child Abuse & Neglect, señalan que hay mayores porcentajes de abuso entre hombres que crecieron en familias infelices, que vivieron durante un período tan solo con su madre; por otra parte, es mayor entre las mujeres que crecieron en familias infelices, que vivieron por un período sin uno de sus padres naturales y que recibieron educación sexual inadecuada.

Padrastro y madre ausente.- Estos resultados son consistentes por los presentados por el mismo Finkelhor cuando afirma que el ASI está asociado a factores de riesgo, como el hecho de que el niño víctima haya vivido sin uno de sus padres biológicos; cuando hay incapacidad de la madre por cuidar de su hijo sea por discapacidad o por ausencia del hogar; cuando el niño vive en un matrimonio infeliz o conflictivo; cuando la relación entre padres e hijos es pobre y cuando se convive con un padrastro.

Asistencia de un tercero.- J. Fleming, en su artículo “A study of potential risk factors for sexual abuse in childhood” señala que el abuso sexual se relaciona con situaciones que representan factores de riesgo, como el aislamiento social, la falta de apoyo familiar y la asistencia de un confidente o persona de confianza. Por su parte Boney-McCoy y Finkelhor en su trabajo “Prior victimization: A risk factor for child sexual abuse and for PTSD-related symptomatology among sexually abused youth” señalan que la experiencia de una previa victimización, sexual o no sexual, aumentaba el riesgo del niño de experimentar un posterior abuso sexual infantil.

Familias disfuncionales.- Analizando el trabajo de Finkelhor, éste sugiere que si bien algunas características están asociadas con mayor riesgo: niñas más que niños, preadolescentes y adolescentes de pocos años, el hecho de tener un padrastro, de no vivir con los padres biológicos, de tener una madre psicológicamente dañada, una crianza inadecuada o el presenciar conflictos familiares, estos no son factores confirmatorios ni invalidantes en la identificación de casos actuales de ASI. En consonancia con Finkelhor, R. Onostre  en su artículo “Abuso sexual en niñas y niños, consideraciones clínicas” publicado en la Revista de la Sociedad Bolivariana de Pediatría, cita que en un estudio realizado para identificar antecedentes y conductas de riesgos en un grupo de niños abusados sexualmente, encontró un elevado número de familias disfuncionales, 74.4% y alcohólicas, 35% asociadas a casos de ASI, lo que nos señala la importancia que tienen estas manifestaciones en la génesis de este problema.

Bajo estatus socio-económico.- Además de estos factores familiares emocionales o afectivos, o del vínculo, factores económicos también representan riesgos.  Zielinski en su artículo “Child maltreatment and adult socioeconomic well-being: Support for a mediational model”, considera que el bajo estatus socio económico representa un factor de riesgo. Del mismo modo, J. Usta y J. Farver en su artículo “Child sexual abuse in Lebanon during war and peace”, hay diferencias geográficas en los reportes de abuso que pueden estar asociadas con la pobreza y los estándares de vida. Por otra parte, P. Kalra en su trabajo “The prevalence, characteristics, and predictors of child sexual abuse and adult sexual assault among Latina, East Asian, South Asian, and Middle Eastern women”, asocia el ASI con los bajos niveles educativos de las madres”.

Discapacidad física. – De acuerdo con L. F. Beverly y sus colaboradores, en su trabajo “Accessibility of Pennsylvania’s Victim Assistance Programs. Journal of Disability Policy Studies”, es mayor el número de casos de abuso reportado en personas con alguna limitación física que de personas sin limitación alguna. Por otra parte, para R. AS. Bowman y sus colaboradores, en su trabajo “Sexual abuse prevention: A training program for developmental disabilities service providers”, publicado en el Journal of Child Sexual Abuse: Research, Treatment, & Program Innovations for Victims, Survivors, & Offenders, las personas con problemas de desarrollo tienen mayor riesgo de ser víctimas de abuso sexual. La enfermedad mental de la madre es para Fleming y sus colaboradores otro factor de riesgo asociado al ASI. Además, se ha encontrado que esta problemática se encuentra entre un 34% y 53% de los pacientes que consultan por problemas de salud mental, asociado a los trastornos afectivos, ansiosos, alimentarios, consumo de sustancias, desórdenes de personalidad y mayor morbilidad médica asociada a policonsulta.

Un familiar como hijo de Lucifer.- Un estudio sobre las características forenses de casos de abuso sexual, referidos a evaluación psiquiátrica realizado por Perdahli, Arman, Kalaca y Berkeml titulado Psychiatric evaluation of sexual abuse cases: A clinical representative sample from Turkey. Children and Youth Services Review”, señaló que de un total de 83 casos, el 69% eran niñas, la edad media era 11.01 ± 3.9 años. El 73.5% de los perpetradores eran familiares. El tipo de abuso más común, 44.6%, fue contacto genital sin penetración.

Cuidado.- Mebarak y sus colaboradores en su artículo “Una revisión acerca de la sintomatología del abuso sexual infantil” advierte que cuando nos referimos a los factores de riesgo hay que tener en cuenta las características particulares del niño, que pueden atraer en mayor o menor grado al posible agresor. En términos de Bolen, C. Ramírez & A. Fernández, en su tesis doctoral “Consecuencias del abuso sexual en el desarrollo psicológico en la infancia y la adolescencia”, citan que la disponibilidad del niño para el agresor, la capacidad de atraer por sus condiciones físicas y psicológicas, y el nivel de vulnerabilidad son elementos importantes que hay que considerar.

Comentarios

Comentarios