Eugenio García Romero

INGENIERÍA HUMANA

INSOMNIO

El término insomnio significa literalmente falta total de sueño, pero en la práctica se refiere a un sueño escaso y/o de mala calidad y a la sensación de que no es reparador. De acuerdo con la segunda edición de la Clasificación Internacional de Trastornos de Sueño (ICSD-2; American Academy of Sleep Medicine [AASM], 005), el insomnio puede definirse tanto como un síntoma, como un trastorno, es decir un conjunto consistente en síntomas y signos que causa malestar o deterioro, pero sin etiología precisa identificada.

El insomnio como trastorno.- La American Academy of Sleep Medicine en el año 2005 publicó la segunda edición de “International classification of sleep disorders. Diagnostic and coding manual”, por su parte J. D. Edinger y A. D. Krystal, publican “Subtyping primary insomnia: is sleep state misperception a distinct clinical entity?”  y D. E. Moul y sus colaboradores realizaron la investigación titulada “Symptom reports in severe chronic insomnia”, en sus trabajos coinciden en que el insomnio como trastorno es la queja de una marcada dificultad para iniciar y/o mantener el sueño, que se acompaña de consecuencias adversas diurnas, por ejemplo alteración del humor, disfunción cognitiva y excesiva fatiga o somnolencia.

Cada quien.- La Dra. Christina Illoldi en su tesis doctoral “Insomnio crónico y funciones ejecutivas: Un estudio neuropsicológico”, señala que para aclarar lo anterior, la necesidad de sueño nocturno varía en función de la persona; mientras un individuo puede tener un funcionamiento diurno adecuado, a pesar de las cinco horas que ha dormido, otro puede necesitar nueve horas o incluso más para mantener un funcionamiento intacto. Por lo tanto, el requerimiento de consecuencias diurnas es lo que en realidad diferencia la duración corta de sueño individual de la queja de insomnio. Una condición adicional para diagnosticar el trastorno es la existencia de una oportunidad adecuada para dormir, de tal manera que se asegura que el Sueño No Reparador (SNR) no se debe a la posible privación de sueño impuesta por el propio sujeto o a un desajuste de horarios entre la oportunidad y la necesidad basal (homeostática) de dormir.

Síntomas.- En función del momento de la noche en el que se produce el síntoma, se definen tres distintos tipos de insomnio: a)  De conciliación: dificultad para conciliar el sueño, con latencia de sueño superior a 30 minutos; b) De mantenimiento: caracterizado por despertares a lo largo de la noche de duración superior a 30 minutos; y c) Despertar precoz: el último despertar se produce como mínimo 30 minutos antes del despertar habitual de cada individuo.

Duración.- El National Institutes of Health, ha distinguido varios tipos de insomnio dependiendo de su duración, aunque ha variado de modo significativo. Entre las categorías más utilizadas están las siguientes:

Insomnio de tipo transitorio, con duración inferior a una semana. Es el tipo de insomnio más frecuente en la población general. Aparece en relación con situaciones de estrés transitorio, o por factores tales como los cambios bruscos de horarios, suele resolverse solo, no hay motivo de alarma.

Insomnio de corta duración o agudo, con duración de hasta γ semanas. Este tipo de insomnio es habitualmente consecuencia de situaciones estresantes como la pérdida de seres queridos, pérdidas profesionales o económicas; cambios en la vida de los individuos, cambios ambientales, por ejemplo  excesivo ruido o iluminación, temperaturas extremas; enfermedades somáticas como el dolor o psicopatológicas como la depresión o ansiedad, o por la acción de fármacos, cuando se administran o cuando se suprimen, o sustancias de uso no terapéutico. Aunque se puede resolver solo, es posible que sea necesaria la atención especializada para evitar la encronización del problema.

Insomnio crónico. Su duración según las definiciones oscila entre cuatro semanas y varios meses. Se caracteriza como una situación debilitante, frustrante, que tiende a autoperpetuarse, y en la que los individuos se quejan de SNR casi todas las noches. Puede ser el resultado de causas intrínsecas del organismo (p.ej. una enfermedad de larga duración), o no tener causa aparente. El insomnio grave y crónico afecta la vida del individuo de tal manera, que ya no lo percibe como un síntoma, sino como una enfermedad, y termina convirtiéndose en el nuevo foco de angustia, a pesar de que los factores causales desaparezcan.

Etiología.- D. P. Moore y J. W. Jefferson en su  “Manual de Psiquiatría Médica”, señalan que desde una perspectiva etiológica, el insomnio se divide en primario y comórbido. El primero constituye un diagnóstico por exclusión, al que se llega una vez descartadas todas las posibles causas de insomnio, por ejemplo los trastornos del ritmo circadiano y otros trastornos del sueño, los trastornos psiquiátricos, el consumo de sustancias que afectan al sueño, o las enfermedades que cursan con dolor entre otras.

Frecuencia.- C. M. Morin en su trabajo “Insomnia: Psychological Assessment and Management” cita que ninguno de los sistemas de clasificación establece criterios específicos de la frecuencia de síntomas para diagnosticar el insomnio, por lo que existe mucha variabilidad en los diferentes estudios. Morin (1993) propone que los síntomas deben presentarse tres o más veces por semana durante más de un mes para tener relevancia clínica. Sin embargo W. R. Pigeon, en su trabajo “Insomnia as a Risk Factor in Disease” señala que se debe destacar que muchos individuos refieren que la alteración de su sueño puede variar bastante de una semana a otra, de manera que el criterio de frecuencia no se utiliza habitualmente en la práctica clínica.

Factores de riesgo.- De acuerdo con el National Institutes of Health se han reconocido distintos factores de riesgo sociodemográficos y económicos de vulnerabilidad al desarrollo y/o mantenimiento del insomnio. Un factor de riesgo se define como todas las circunstancias o situaciones que aumentan la probabilidad de contraer una enfermedad. Por tanto, cuando una persona presenta más de un factor de riesgo las probabilidades de desarrollar la afección aumentan aún más.

El sexo.- En lo que se refiere al sexo, B. Mander y sus colaboradores, de acuerdo a su investigación titulada “Short sleep: a risk factor for insulin resistance and obesity”, la mayoría de los estudios demuestran una prevalencia más alta en las mujeres que en los varones, que aumenta después de los 45 años de edad. Dichas diferencias por sexo podrían explicarse por las características fundamentales que distinguen las mujeres de los hombres, ya que el 15% de las mujeres experimentan dificultades de sueño en los días menstruales.

Embarazo.- De acuerdo con el estudio realizado por Brugge y sus colaboradores, titulado “Sleep in women from adulthood through menopause”, además, el sueño se deteriora de forma progresiva en el 13-60% de los casos durante el primer trimestre, y el 66-97% durante el tercer trimestre del embarazo. Finalmente, E. S. Mitchell y N. F.  Woods, en su trabajo “Symptom experiences of midlife women: observations from the Seattle Midlife Women’s Health Study” señalan que las estimaciones del insomnio llegan al 36-50% en mujeres durante el climaterio y después de la menopausia, aunque las enfermedades crónicas asociadas explican mejor los síntomas del insomnio que los cambios climatéricos per se.

Estado civil.- Al respecto los investigadores Bixler y colaboradores en su trabajo “Insomnia with low sleep efficiency is associated with high salivary cortisol levels in children” y por otro lado el psiquiatra Ohayon y sus colaboradores en su trabajo “Prevalence of DSM-IV diagnostic criteria of insomnia: distinguishing between insomnia related to mental disorders from sleep disorders”, señalan que el insomnio depende también del estado civil, siendo más común en la población divorciada, viuda o separada, aunque esta asociación es más probable en las mujeres. Si bien algunos estudios han demostrado una asociación entre el insomnio y un nivel educativo bajo, y/o ingresos bajos, otros psiquiatras no han encontrado dicha asociación.

Trabajo nocturno.- Los individuos que trabajan de noche o por turnos y los desempleados tienen más probabilidades de referir síntomas de insomnio, a pesar de que no se puede generalizar esta relación a todas las clases socioeconómicas. Los jubilados y las amas de casa tienen más riesgo de presentar sintomatología de insomnio que los estudiantes. Un factor de riesgo adicional es la presencia de conflictos intragrupales en el ambiente de trabajo, o cuando la persona se siente insatisfecha con su empleo.

Edad avanzada.- Al respecto existen muchos estudios como los de Foley y colaboradores quienes realizaron la investigación “Sleep disturbances and chronic disease in older adults”, señalan que además, la edad avanzada, mayor a los 65 años de edad, se considera un factor de riesgo importante para el desarrollo del insomnio, con la prevalencia llegando a estimaciones de 19-38% por distintas razones, como la jubilación, la pérdida de un ser querido, las enfermedades médicas, y los efectos secundarios de la plurimedicación.  Al respecto el Dr. T. Roth en su trabajo “Insomnia: Definition, Prevalence, Etiology and Consequences” nos indica que estos factores y otros como el dolor, la alta prevalencia de otros trastornos de sueño y el debilitamiento de los mecanismos que regulan el sueño, son los responsables de la aparición frecuente del insomnio en la tercera edad.

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