Eugenio García Romero

CIENCIA FORENSE

Psicopatía y su repercusión criminológica

El trastorno psicopático de personalidad o psicopatía ha resultado de enorme interés en el ámbito de la psicopatología criminal y forense al mostrarse tras la evidencia científica acumulada como un factor predictor de primera magnitud de la conducta trasgresora de la normativa social y legal. El constructo “psicopatía” hace referencia a un síndrome clínico, aunque a día de hoy no esté recogido en las clasificaciones internacionales de los desórdenes mentales, de acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales y la Organización Mundial de la Salud.

Psicología Criminal.- De acuerdo con Monaghan, en el Handboock of Psychopathy de 2006, señala que la Psicología Criminal o Psicología de la Delincuencia es un subárea  disciplinar dentro del ámbito de la Psicología Jurídica. La Psicología Criminal, a partir de los métodos y los conocimientos generales de la Psicología, desarrolla investigaciones y genera conocimientos específicos en relación a la explicación de la conducta criminal. Su interés investigador ha versado especialmente: 1) Explicación de la conducta delictiva; 2) estudios sobre carreras delictivas; 3) prevención y tratamiento; y 4) predicción del riesgo de violencia y/o reincidencia delictiva.

Actividades rutinarias.- Cohen y Felson en su artículo “Social change and crime rate trends: a routine activity approach”, consideran que se necesitan tres elementos para que se produzca un acto delictivo: un individuo motivado a cometerlo; una víctima (objeto o persona) que le atrae y que se encuentra a su alcance, y una percepción de vulnerabilidad de la misma (alta probabilidad de éxito y baja probabilidad de ser  capturado. En definitiva, la comisión de un hecho ilícito es función de la interacción entre una personalidad vulnerable al delito y una situación propicia como oportunidad delictiva.

Psicopatología.- El recurso a la psicopatología como motivación de la conducta delincuencial ha estado ligado principalmente a la explicación de delitos con alto contenido violento, provocando históricamente la estigmatización del enfermo mental. La sociedad atribuye a estos sujetos una elevada peligrosidad (delitos imprevisibles, con elevado contenido violento y bizarro en su comisión y que provocan una enorme alarma social). La investigación empírica al respecto ha demostrado sin embargo, que la enfermedad mental grave (referida principalmente a trastornos de corte psicótico) explica un pequeño porcentaje de la criminalidad violenta.

Tratamientos suspendidos.- Esbec en su trabajo titulado “Violencia y trastorno mental” señala que las descompensaciones criminales de estos enfermos suelen ir ligadas a una falta de adherencia al tratamiento, ya sea por ausencia de conciencia de enfermedad, efectos secundarios de los psicofármacos y síntomas negativos de los casos residuales; el consumo de tóxicos, como estrategia de enfrentamiento ante el malestar experimentado por su sintomatología y el escaso apoyo social.

Trastornos de personalidad.- Parece lógico pensar que si interpretamos la conducta delictiva reiterada como un signo de dificultad para adaptarse al entorno se puede aventurar que las personas con esta patología por su propia dinámica psicopatológica puedan verse sobre representadas entre la población delincuencial. De acuerdo con Coid  en su trabajo titulado “Poblaciones penitenciarias: Trayectoria criminal y reincidencia” quien señala que así parece corroborarlo la prevalencia de sujetos afectos de estos trastornos entre la población reclusa.

No es asesino nato lambrosiano.- Babiac en su artículo “Psychopatic Manipulation at Work” señala que si bien, aunque el psicópata no es el nuevo asesino nato lombrosiano, si es cierto que su estilo depredador de interacción interpersonal coloca al entorno del psicópata en una elevada situación de riesgo para sufrir algún tipo de daño (emocional, físico o económico). A este respecto, no parecen existir muchas discrepancias entre psicópatas criminales y no criminales respecto a su inclinación hacia el comportamiento no ético.

Esfera cognitiva del psicópata.- La esfera cognitiva hace referencia a los esquemas mentales (creencias básicas que utiliza el individuo para percibir e interpretar a los demás, a sí mismo y los acontecimientos vitales). Sería el área de la personalidad que se va formando a lo largo del proceso de socialización (carácter). La personalidad psicopática presentaría desajustes en esta área caracterizados por:

a) Visión egocéntrica del mundo que se plasmará principalmente en una búsqueda activa de la propia satisfacción, minusvalorando a los demás y mostrando desprecio y desconsideración por las motivaciones ajenas y sociales.

Esta característica de personalidad predispone al psicópata a la violación de los derechos y libertades de sus congéneres.

b) Sensación grandiosa de autovalía con planteamientos de metas ilimitadas de éxito, demanda y percepción de admiración irreal por parte de los otros y autopercepción de inmunidad (sensación de omnipotencia). Las ideas de grandiosidad impiden una retroalimentación adecuada de la valoración que de su conducta realizan los demás (provocan la retroalimentación positiva y responden de manera hostil a las críticas), configurando un locus de control externo. Este rasgo de personalidad predispone a estos sujetos a realizar un erróneo análisis de la realidad (ponderación de factores de riesgo) lo que aumenta la probabilidad de fracaso conductual.

• Dificulta la adquisición de nuevas habilidades y comportamientos, especialmente en el ámbito de las relaciones sociales: perjudica el desarrollo del individuo.

• Hace al individuo frágil y vulnerable ante situaciones nuevas que requieren cambios.

• No se ajusta a lo que cabría esperar para ese individuo, teniendo en cuenta su contexto sociocultural.

• Produce malestar y sufrimiento al individuo, o a quienes le rodean: provoca interferencias en diversos ámbitos (social, familiar, laboral, etc.).

• Sin embargo, a diferencia de otros trastornos mentales, el malestar es más bien una consecuencia de la no aceptación por parte de los demás del modo de ser del individuo que una característica intrínseca del trastorno: en general suelen ser egosintónicos, a diferencia de la egodistonía que caracteriza a la mayoría de los trastornos mentales.

• Por lo que la conciencia de enfermedad o anomalía es escasa o inexistente.

La psicobiografía de estos sujetos está repleta de problemas económicos, accidentes de tráfico, problemas de salud, infracciones legales, inestabilidad en las relaciones interpersonales, etc. De igual forma, mostrarán proyectos de futuro poco realistas atendiendo a sus condiciones actuales y a su historia de vida.

c) Percepción hostil y amenazante del medio. El psicópata suele presentar un patrón de desconfianza y suspicacia hacia los demás, realizando interpretaciones maliciosas de las conductas y actitudes de los otros. Para estos sujetos la confianza es sinónimo de ingenuidad. Este rasgo de personalidad explicaría reacciones interpersonales desajustadas de corte hostil sin justificación, que aparecen con frecuencia en la historia psicoevolutiva de estos sujetos.

Estrategia de justificación.- Desde un punto de vista psicopatológico queda la duda de si estamos ante un verdadero rasgo de su personalidad, ante una estrategia justificadora de su conducta antisocial o ante ambas posibilidades.

La esfera afectiva alude a la parte heredo-biológica de la personalidad (temperamento), primer núcleo de ésta, encargada de regular la respuesta emocional ante los estímulos del medio. Los datos empíricos apuntan a dos grandes áreas de desajustes a este respecto en las personalidades psicopáticas: por un lado, disfunciones en el procesamiento de la información emocional y por otro, limitaciones severas para ser condicionados con el castigo.

Baja capacidad emocional.- Distintas investigaciones han puesto de manifiesto la estrecha relación entre la disposición temperamental de baja temeridad y la adquisición de emociones morales (vergüenza, culpa y empatía). Se ha comprobado que los niños más miedosos tienden a sentir mayores remordimientos después de haber obrado mal y se sienten más consternados por los efectos que puedan tener sus conductas trasgresoras

Neuropsicología.- La investigación neuropsicológica acumulada durante estos años de experimentación evidencia disfunciones en la estructura y funciones cerebrales (afectación en el córtex frontal, ventromedial y mecanismos límbicos) que nos hace poner el énfasis en los factores biológicos frente a la incidencia del proceso de socialización en la etiología del trastorno psicopático de personalidad, en contraposición a otras personalidades antisociales (sociópatas o delincuentes subculturales) donde el acento en su explicación se coloca en la vivencia de un proceso socializador deficitario.

Expresiones conductuales.- Estas disfunciones afectivas tendrán las siguientes expresiones conductuales:

a) Inadecuado manejo de la ira. En el psicópata pueden darse dos tipos de manifestaciones de ira.

a) Una ira “sincera” (visceral) que será provocada ante la percepción de ataques a su persona o autoridad (hipersensibilidad a la crítica) o por impedimentos para la consecución de sus deseos (baja tolerancia a la frustración). Este tipo de respuestas descontroladas de violencia en el psicópata son de aparición súbita (imperceptible escalada de la ira) y de una intensidad desproporcionada (alto riesgo para el otro).

b) Una ira “fingida” (instrumental) como táctica de control, intimidación y sometimiento del otro. En ese supuesto, el psicópata representa el estado emocional de hostilidad (signos externos del mismo) pero su nivel de activación psicofisiológico real es normalizado.

Violencia contra las mujeres.- Jabson y Gottman en su investigación titulada “Hombres que agreden a sus mujeres. Cómo poner fin a las relaciones Abusivas”, ejemplifican muy bien este tipo de conductas: “nos sorprendió descubrir que las pulsaciones de alguien pudieran disminuir al pasar de una situación normal a una discusión (…) Los cobra parecen excitados, actúan con excitación, se les oye excitados: sin embargo interiormente cada vez están más calmados”.

Falta de empatía.- Para una adecuada comprensión de esta característica dentro de la dinámica de personalidad psicopática debemos aludir a los modelos multidimensionales de la empatía que establecen tres componentes en la respuesta empática: dos de ellos cognitivos, 1) la habilidad para identificar el estado emocional de otra persona, y 2) la capacidad para asumir la perspectiva y el rol del otro; 3) y uno afectivo, la capacidad de experimentar la misma emoción que el otro está sintiendo (reactividad emocional).

c) Falta de remordimiento por su conducta. La tendencia a la reiteración en la violación de los derechos de los otros y las distorsiones cognitivas conducentes a racionalizar dichos actos contrastan con sus verbalizaciones de arrepentimiento.

Robert Hare en su trabajo “Sin Conciencia. El Inquietante Mundo de los Psicópatas que nos Rodean”, avisaba de esta condición a los evaluadores forenses: “los criminales en la cárcel aprenden muy pronto que remordimiento es una palabra muy importante”

Choque con la Norma Jurídica.- Por otro lado Patrick en su investigación titulada “Emociones y Psicopatía”, nos señala que la conformación de rasgos de personalidad desajustados que constituyen el trastorno psicopático de personalidad predisponen al sujeto que lo padece a la colisión con el ordenamiento jurídico y la normativa social, por esa inclinación a la consecución de sus propios intereses despreciando los derechos y libertades de los demás. Por tanto, la psicopatía tiene un enorme interés para la Psicología Criminal y Forense, en tanto que se presenta, atendiendo a la evidencia empírica, como un factor de vulnerabilidad de primer orden para la colisión con el Sistema de Justicia (frente al 1% de prevalencia de este trastorno en la población normal encontramos una representación del 2530% en población penitenciaria. 

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