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España y el balón

Juego Profundo

por Salvador González
21 julio, 2026
en Editoriales
El juego profundo  de la Navidad
10
VISTAS


Hay victorias que se celebran.

Y hay victorias que también se contemplan.

La de España pertenece a las segundas.

No fue una conquista nacida del miedo. No fue un ejercicio de supervivencia. No hubo trincheras ni plegarias interminables. Hubo una pelota. Y una convicción casi obstinada de que el fútbol sigue siendo el lugar donde el balón merece gobernar.

Qué lindo ganó España.

Tan clase.

Tan limpio.

Tan incontestable.

No ganó resistiendo.

Ganó jugando.

El balón sobre el músculo.

El balón sobre el “aguante”.

Porque hay equipos que entienden que la pelota no se esconde. No se la quitan de encima. No la traicionan cuando el partido aprieta. La piden. La cuidan. La comparten. Incluso cuando quema.

Y si, el balón tiene memoria.

Siempre termina agradeciendo a quien lo trata bien. Ayer paso con España.

Dieciséis años después volvió a escribir una historia parecida. Otra final del mundo decidida en la prórroga. Si en Johannesburgo fue el sufrimiento quien sostuvo el relato hasta que apareció Iniesta, esta vez fue la autoridad. Menos angustia. Más dominio. Con Ferran sonriendo. Como si aquella selección hubiera escrito el prólogo y esta hubiera decidido continuar el mismo libro.

Antes había pasado por encima de Francia.

Después hizo lo mismo frente a la Argentina de Messi.

Por eso resulta inevitable mirar hacia atrás y sonreír con cierta ironía.

Durante semanas se dijo que el Mundial estaba escrito. Que estaba regalado para Argentina. Que había manos invisibles moviendo los hilos. Teorías, sospechas, conspiraciones diseñadas para explicar cualquier desenlace antes de que rodara la pelota. En el fondo, no buscaban entender el fútbol; buscaban justificar una realidad que les incomodaba y evidenciaba.

Era parte del folclor.

Siempre lo ha sido.

El fútbol también fabrica mitologías para quienes no soportan que la realidad sea tan sencilla.

Lo verdaderamente preocupante habría sido que aquella semilla hubiera germinado. Que la sospecha sobreviviera incluso después de que el balón dictara sentencia.

Pero el balón suele ser el juez más paciente.

Escucha a todos.

Y al final habla él.

Sin micrófonos.

Sin comunicados.

Sin hilos secretos.

Y cuando habla, dicta sentencias. Contundente.

España respondió donde únicamente importa responder: sobre el césped. Superó con claridad a Francia. Superó con autoridad a Argentina. No dejó espacio para interpretaciones alternativas. Porque la realidad suele tener menos imaginación que las conspiraciones, pero mucha más autoridad.

Y, sin embargo, incluso en la derrota apareció él.

Messi.

Siempre Messi.

Hay futbolistas que necesitan ganar para permanecer.

Messi ya no.

Hace tiempo dejó de jugar contra los rivales. Jugaba contra el tiempo.

Contra esa ley silenciosa que un día alcanza a todos y que, con él, pareció llegar siempre unos metros tarde.

Verlo caminar después del silbatazo final era contemplar algo más que una derrota. Era entender que incluso los gigantes terminan cerrando capítulos. Quizá hoy vimos el último partido de Lionel Messi en una Copa del Mundo. Quizá no. Con él, hasta el tiempo aprendió a desconfiar de las despedidas.

Lo extraordinario no fue perder una final. Lo extraordinario fue haber llegado hasta ella cuando el fútbol ya empezaba a escribir su relevo.

Y qué relevo. El mismo dorsal. La nueva estrella de su club. Sin parecerse, comienzan a significar lo mismo para generaciones distintas.

Al terminar el partido se abrazaron. La leyenda y el heredero. No hacía falta decir nada. El balón entendía perfectamente aquella conversación silenciosa.

España levantó la Copa del Mundo.

Messi volvió a recordarnos por qué algunas derrotas también engrandecen una carrera.

Y el fútbol, ese viejo escritor que rara vez improvisa, encontró un final digno de una novela.

El fútbol, al final, casi siempre encuentra la manera de ser justo. Y cuando además decide ser bello, ocurren tardes como esta.

España, campeón del mundo.

Y Messi…

Siempre Messi.

Sempiterno.

Etiquetas: ArgentinaEspañaMUNDIAL

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